Nuestros Mártires, Noticias de Prensa  

    Año 2009 



Descanse en paz

Una esquela en el Diario de Navarra comunica el fallecimiento del benedictino Padre Plácido-Miguel Gil Imirizaldu. No le conocí personalmente, pero hace tres años tuve la suerte de leer su hermoso libro Un adolescente en la retaguardia (Ediciones Encuentro). En él, narra las peripecias que tuvo que vivir desde que estalló la Guerra Civil hasta que, en enero de 1939, regresó a su casa de Lumbier (Navarra), donde le habían dado por muerto.

El padre Plácido cursaba estudios en el monasterio benedictino de El Pueyo (Barbastro), donde fue testigo del martirio salvaje de 18 monjes, acusados absurdamente de custodiar un arsenal en el monasterio.

 No fueron los únicos religiosos asesinados; Barbastro fue la diócesis más masacrada de España, donde sucumbió el 87,8% del clero: el obispo, 114 de los 140 sacerdotes, 5 de los 10 seminaristas, 51 claretianos, 9 escolapios… Apesar de ello, el padre Plácido no hace una narración truculenta porque, como indica, no pretende «emitir un juicio político de los acontecimientos sufridos en España durante la contienda», y añade: «Me sentiría totalmente incapaz. Cuando estalló la Guerra, contaba 15 años recién cumplidos y vivía ajeno a toda política. Mis ideales eran cristianos, aunque no ignoraba que en nuestra sociedad se daban dos bloques enfrentados.

 Todo lo que me tocó vivir sobrepasaba mi propia experiencia». Desde hace años era monje de San Salvador de Leyre (Navarra), donde acaba de fallecer con la discreción con que siempre vivió. ¡Descanse en Paz!

José Ignacio Palacios Zuasti, Senador por Navarra - Alfa y Omega 657, jueves 1 de octubre 2009



La "Isla" de Castro y la sociedad civil española - Libertad Digital - 16.7.09
Agapito Maestre

El régimen de Castro mata cada día la idea de isla como "promesa" de la imaginación. El castrismo es la antitesis de la concepción popular de una isla: un tiempo al margen del tiempo, un tiempo real fuera del tiempo, que nos hace soportable las fatigas de la vida. El régimen comunista ha terminado con todo aquello que la imaginación popular asociaba a la palabra isla: un regalo hecho al mundo para días de gozo y paz. La huella de un mundo feliz, la sede de algo incorruptible, en fin, el prodigio de una vida dichosa, que todos esperamos de una isla, han sido borrados por el régimen criminal de Castro.

El papel de la isla de Cuba en la cultura humana, especialmente en la hispánica, siempre fue de nostalgia y anhelo de un "Mundo Mejor". Por desgracia, esa contribución histórica ha sido arrollada definitivamente por el comunismo castrista. Así, al menos, lo he sentido yo, cuando he leído que han matado en La Habana al sacerdote español, Mariano Arroyo Merino, cinco meses después de haber asesinado en circunstancias parecidas a otro cura español, Eduardo de la Fuente Serrano. Eran amigos y estaban empeñados en que no desapareciese de Cuba la idea popular de isla. Eran, sí, otros dos católicos, otros dos sacerdotes españoles, muertos en labores humanitarias.

¿Cuántos curas y monjas, religiosos y religiosas, de origen español han muerto por ese "Mundo Mejor" fuera de España? Es importante saberlo, pues que son lo mejor de nuestra sociedad civil. ¿O es que acaso alguien que está dispuesto a entregar su vida por una buena causa, por la consecución de bienes comunes, no puede ser considerado un referente fundamental de la sociedad civil? Es obvio, y así lo demuestra una vez más el asesinato de estos dos religiosos españoles, que una parte sustancial de la llamada sociedad civil española es de confesión católica.

He ahí la principal razón de una elemental verdad: España es, según una extendida opinión, la mayor productora de santos del siglo XX. Las milicias comunistas, sin duda alguna, han contribuido a elevar a los altares a miles de mártires. Fueron ejecutados sólo por ser cristianos. Tengo la sensación de que los criminales que acabaron con la vida de los dos sacerdotes españoles, dicho sea a la espera de que el Ministerio de Asuntos Exteriores de España nos ofrezca otra explicación, obedecen a los mismos motivos que las milicias marxistas del siglo veinte utilizaron contra los cristianos en España y la Unión Soviética: odio y resentimiento a quienes entregan su vida por labores humanitarias. Y políticas, en el mejor sentido de la expresión, o sea, por un "Mundo Mejor".

En fin, el régimen de Castro ha convertido una promesa, que eso es toda isla en la imaginación de los ciudadanos responsables, en un infierno, al que gusta acercarse de vacaciones la otra cara de las sociedad española, esa cara horrible y desencajada, que conocemos por gentío o chusma a la búsqueda de "hedonismo" prostituido.
 


Otros seis sacerdotes asesinados en Guerra Civil 1936-39 serán beatificados

  • Ciudad del Vaticano sábado 4 de julio de 2009
Otros seis sacerdotes españoles asesinados durante la Guerra Civil de 1936-39 serán beatificados, después de que el papa Benedicto XVI aprobara hoy los decretos sobre sus martirios, paso que permitirá su elevación a la gloria de los altares, informó el Vaticano.

Los futuros beatos son José Samsó i Elias, párroco de Santa María, en Mataró (Barcelona), nacido en Castellbisbal el 17 de enero de 1887 y asesinado el 1 de septiembre de 1936, y Teófilo Fernández de Legaria Goñi y otros cuatro compañeros sacerdotes miembros de la Congregación de los Sagrados Corazones PICPUS, muertos también en 1936.

Los seis fueron asesinados, según el decreto aprobado por el Papa, "por odio a la fe durante las persecuciones religiosas en España".

El papa Benedicto XVI también aprobó hoy las "virtudes heroicas", primer paso hacia la santidad, de la monja española Ana María Janer Anglarill, fundadora del Instituto de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell.

Janer Anglarill nació en Cervera el 18 de diciembre de 1800 y falleció en Talarm el 11 de enero de 1885.

Las beatificaciones de los seis sacerdotes "mártires del siglo XX, como llama la Iglesia española a los religiosos asesinados durante la II República española y la Guerra Civil de 1936-39, se anunciarán en fechas próximas.

El 28 de octubre de 2007 fueron beatificados en el Vaticano otros 498 religiosos asesinados en 1934 y entre 1936-39, en la ceremonia de este tipo más multitudinaria de la historia de la Iglesia.

Según datos de la Iglesia española, los mártires de los años 1934 y 1936-39 pueden ser unos diez mil.

Ya han sido beatificados 977 y proclamados santos once.

 


Los mártires del Cerro de los Ángeles, Juan Fco. Guijarro
(Tomado del libro del sacerdote madrileño José Francisco Guijarro, “Persecución religiosa y guerra civil, La Iglesia en Madrid”, Madrid, 2006, pp. 412-415)


Los primeros religiosos caídos en la República - Nueva España, Asturias, 23.05.09

La Revolución de Asturias de Octubre de 1934 causa la muerte de 33 sacerdotes o miembros de congregaciones religiosas
Pese a los asesinatos de hombres consagrados, los milicianos mineros dieron muestras de respeto a monjas y religiosas

LA NUEVA ESPAÑA entregará mañana domingo, gratuitamente, el segundo fascículo del coleccionable dedicado a la exposición y análisis de la Revolución de 1934 en Asturias, un hito que marcó el camino de la II República española y que supuso las primeras muertes de sacerdotes y religiosos desde el establecimiento del régimen del 14 de abril.

Gijón, J. MORÁN

Pese a las fortísimas tensiones de la II República en torno a la «cuestión religiosa», el régimen nacido el 14 de abril de 1931 se había mantenido sin derramamiento de sangre de sacerdotes y religiosos. Sin embargo, la fuerza de la Revolución de Asturias de 1934 rompió un dique hasta entonces tensamente contenido y 33 sacerdotes o religiosos fueron asesinados. Con todo, en los días de la Revolución, del 5 al 18 de octubre, se vivieron contrastes: a la vez que 17 iglesias y hasta 40 edificios religiosos eran destruidos -incluida la Cámara Santa de la Catedral-, y hombres consagrados morían, los milicianos mineros dieron atestiguadas muestras de respeto a monjas y religiosas.

En el grupo de consagrados fallecidos en octubre de 1934 destacan los denominados santos mártires de Turón, ocho hermanos de las Escuelas Cristianas -de la congregación de La Salle- y un sacerdote pasionista. Su relieve estriba en que fueron beatificados en 1990 y canonizados en 1999. Los ocho hermanos de La Salle -siete españoles y un argentino- dirigían el Colegio Nuestra Señora de Covadonga, en Turón.

Curiosamente, justo cien años antes de 1934, en julio de 1834, alrededor de cien religiosos -jesuitas, dominicos, franciscanos y mercedarios- eran asesinados en Madrid acusados del envenenamiento de las fuentes públicas, en medio de una epidemia de fiebres tifoideas y en el marco de la I Guerra Carlista. Es decir, el anticlericalismo español ya venía de antiguo, según los historiadores, e incluso desde la Edad Media, cuando el pueblo ya hace sarcasmo de curas y religiosos.

No obstante, será el siglo XIX el que registre 371 víctimas eclesiásticas, según la obra de Francisco Muns y Castellet, «Los mártires del siglo XIX». De esos fallecidos, 57 fueron asesinados por los franceses a comienzos de siglo, y 88 mueren entre 1822 y 1823.

En suma, el influjo anticlerical francés, o las tres guerras carlistas o las etapas liberales aportaron los mayores sobresaltos y mortandades. Ya con la II República, «lo que hasta 1933 son incendios, algaradas y atentados sueltos, van a ser checas y asesinatos masivos, primero en la Revolución de Asturias y luego en todo el mapa de la zona roja durante la Guerra Civil», planteaba el obispo Antonio Montero en su «Historia de la persecución religiosa en España. 1936-1939».

No obstante, respecto al octubre asturiano, «no fueron ciertas las aberraciones que la prensa de aquellos días atribuyó a los revolucionarios», advierte en su obra sobre los mártires de Turón Pedro Chico, también miembro de La Salle y director durante años del centro educativo de esta congregación en Cimadevilla (Gijón). Pedro Chico cita a Arrarás y su «Historia de la II República» para anotar que «en contraste con el odio manifestado contra sacerdotes y religiosos, sorprendía el respeto con que, en general, trataron los milicianos a las monjas». Arrarás habla del momento en el que «las monjas de la Caridad abandonan su convento en Oviedo, amenazado de incendio, para trasladarse al Hospicio, en unión de sus alumnas». Y cita el testimonio de una religiosa: «Los hombres, cargados con fusiles en actitud de disparar, nos miraban y, al verlos, las niñas comenzaron a llorar. La Virgen pareció conmover el corazón de algunos, que al pasar bajaron los fusiles y nos dijeron: "Pasad pronto y no lloréis, que a vosotras no os haremos nada, ni tampoco a las monjas, que de ellas no tenemos quejas"». Pedro Chico habla de «una mezcla de comportamiento antagónico: la rudeza de algunos protagonistas contrastó con la elegancia de sentimientos en otros dirigentes».

Sobre los consagrados muertos en el octubre asturiano, un escrito pío de 1935 dirá: «Mirad sus biografías. Todos pertenecen al pueblo. Ningún aristócrata, ningún potentado, ninguno de encumbrado linaje». Sin embargo, el mismo pueblo del que procedían les consideraba más próximos a las clases dirigentes y a la patronal que a los obreros, como lamentaría después el canónigo ovetense Maximiliano Arboleya, gran exponente del catolicismo social.

En cuanto a los mártires de Turón, fueron detenidos y recluidos el día 5 de octubre en la Casa del Pueblo de esa localidad. Al atardecer del día 8, se abrió una zanja en el cementerio y los religiosos fueron tiroteados por un piquete. Además de ellos, siete seminaristas fueron abatidos en San Lázaro, Oviedo, a la vez que el Seminario de Santo Domingo era incendiado. También murieron tres padres paúles que regentaban dicho centro. Dos jesuitas en viaje ferroviario hacia Gijón cayeron en Ujo, más otros dos hermanos pasionistas y el prior de los carmelitas descalzos de Oviedo. En el clero secular murieron el provisor del Obispado, el secretario de cámara y un canónigo del cabildo, junto a los párrocos de Olloniego, La Rebollada, Sama, Moreda, Valdecuna, San Esteban de las Cruces y Santa María La Real de la Corte.

Y durante el 10 de octubre, la torre de la Catedral de Oviedo era lugar de defensa ocupado por fuerzas resistentes de la República. Los revolucionarios intensificaron los ataques con dinamita y en una de las explosiones fue destruida la Cámara Santa.
 

Murió asesinado a las puertas de la cárcel modelo de Madrid
en los comienzos de la guerra civil

El presidente del Congreso de los diputados presenta la biografía de José Gafo,
diputado beatificado

José Bono presentará la obra, en Madrid, el próximo 15 de junio a las 19,30 en el Círculo de Bellas Artes (Sala María Zambrano). La editorial San Esteban de Salamanca acaba de publicar la biografía de José Gafo, fraile dominico muy popular en su tiempo por su actividad en favor de los derechos de los trabajadores. Su compromiso le condujo a presentarse a las elecciones, siendo elegido diputado por Navarra en 1933. - Cope digital - Alvaro Real. - 21-05-09

Fue beatificado junto con los otros mártires de la guerra civil en octubre de 2007.
El fraile diputado centró sus intervenciones parlamentarias en torno a la cuestión social. Murió asesinado a las puertas de la cárcel modelo de Madrid en los comienzos de la guerra civil, y fue beatificado junto con los otros mártires de la guerra civil en octubre de 2007. Su programa de vida se resume en la aspiración a la concordia entre todos los españoles. Su pensamiento avanzaba vías de diálogo y encuentro entre la Iglesia y los trabajadores, entre el cristianismo y el socialismo.

Fraile dominico y diputado de la II República, José Gafo Muñiz merecía una biografía que diera cuenta de su infatigable acción social. Consagró su vida a la defensa de los derechos de los trabajadores. Publicista, animador de sindicatos y parlamentario. Su pensamiento avanzaba vías de diálogo y encuentro entre la Iglesia y los trabajadores; entre el cristianismo y el socialismo. Suscitó admiración en amplios sectores de la sociedad, que tal vez esperaban de él lo que no podía dar. Murió víctima de la enmarañada turbulencia de un Madrid envuelto en el descontrol inicial de la guerra civil. El afán de concordia define la obra de esta personalidad singular.

La obra recorre las diferentes etapas de la vida del P. Gafo: su infancia en Asturias, su formación en la Orden de Predicadores, los inicios de su compromiso, y finalmente, toda la etapa de su actividad plena que culmina en su elección como diputado.

Etelvino González López, doctor en Filosofía y licenciado en Teología, ha basado esta minuciosa investigación en documentos, muchos de ellos inéditos y de difícil acceso. El resultado es una biografía rigurosa y una exposición completa del pensamiento social de José Gafo. Construida con la precisión y agilidad de los buenos escritores, esta obra presenta además un cuadro del contexto y los problemas de la sociedad y la Iglesia española en las primeras décadas del siglo XX.

 

Un beato que vivió y obró en la ciudad
- De la Orden de San Agustín, Juan Pérez Rodríguez fue cura párroco y director del colegio San Miguel. (Diario La Voz, Argentina, lunes 18.05.2009)


Pese a que desarrolló su labor pastoral durante más de 13 años en la capital provincial y 27 en el país, la figura de Juan Pérez Rodríguez resulta poco conocida en la región. Nacido en España y perteneciente a la Orden de San Agustín, vivió a principios de siglo en Paraná, en dos etapas: entre 1902 y 1908 fue profesor y procurador de la casa parroquial, y entre 1911 y 1918, director del colegio y cura rector de la Parroquia San Miguel.

Tras un largo proceso que se inició en la década del 50, el 28 de octubre de 2007 fue beatificado por el papa Benedicto XVI, junto con otros 497 mártires españoles –98 eran agustinos–, víctimas de la persecución religiosa en 1936.
Días atrás se recordó su figura en el histórico templo donde comienza avenida Rivadavia, con motivo de un nuevo aniversario de su llegada a la ciudad.

Presencia. Un testimonio de la presencia de la Orden de San Agustín es la imagen de Santa Mónica, en la nave derecha del templo. Justamente, los agustinos tomaron posesión de la Parroquia San Miguel un 3 de mayo de 1901, invitados por el entonces obispo local Rosendo Lastra. Al año siguiente, el 7 de marzo de 1902 se inauguró el colegio en un edificio aledaño a la Iglesia. Se ubicó en la actual sede del Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Antonio Serrano.

Fue Paraná la primera ciudad del país en que desembarcaron los agustinos. Entre los múltiples objetivos pastorales, tenían transformar la escuela parroquial en colegio. “Se habían matriculado 88 alumnos, número algo excesivo para la capacidad del local, por lo que habría que buscar locales más amplios, lo que no iba a ser fácil, dada la oposición de liberales y masones, que desde sus altos cargos públicos, no admitían la existencia de un colegio religioso en la ciudad”, recuerda en un ensayo sobre la vida de Juan Pérez Rodríguez, el también agustino Teófilo Viñas Román, que meses atrás visitó Paraná para investigar la labor del mártir.

Por entonces, en la capital provincial habitaban 36.000 vecinos. Tras su partida en 1918 hacia Buenos Aires, en 1920 se decidió el cierre de la fundación y el retiro de la Orden Agustiniana de Paraná, decisión que causó a monseñor Abel Bazán “sorpresa, contrariedad y sentimiento” por el “gran elogio para los padres que allí habían trabajado”.

OTRO. En la década del 30, en España se vivió una fuerte persecución religiosa. En ese período fue asesinado también el lasallano argentino Héctor Valdivieso. Ocurrió durante la llamada Revolución de Asturias, poco antes de la guerra civil española.

Datos personales
Juan Pérez Rodríguez nació en Andavías, España, el 2 de diciembre de 1877. A los 16 años de edad ingresó al Seminario de Valladolid y se ordenó como sacerdote agustino el 26 de agosto de 1901.

En 1902, un año después que la congregación religiosa se había hecho cargo de San Miguel, llegó a Paraná.
Sus primeros seis años transcurrieron entre tareas apostólicas, colaboraciones en revistas y boletines, prédicas evangélicas en la Iglesia y a sus alumnos en clases. En 1908 fue destinado a Buenos Aires y en 1911 regresó a Paraná, nombrado director del colegio y cura rector de la Parroquia, cargos que ocupó hasta 1918.

Posteriormente se lo destinó nuevamente a Buenos Aires. En 1933 pasó a la Residencia de Gijón (España) donde tres años después acontecería el martirio, “testimonio supremo de la verdad de la fe”, según el Catecismo de la Iglesia Católica.

Ahora, para demostrar su santificación, se deberá probar algún milagro que haya realizado él o alguno de los otros 497 asesinados, ya que se trata de un proceso de beatificación unificado.
 

"La hija del ministro", una novela de amor en tiempos de martirio

Entrevista con el autor Miguel Aranguren (Zenit - 05.05.09)

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 4 mayo 2009 (ZENIT.org).- Muchos suscriptores de ZENIT tienen fresca en la memoria la trama de "La sangre del pelícano" (editorial LibrosLibres), en la que Aranguren no tuvo empacho en enfrentarse al mismo demonio a la hora de firmar un thriller policiaco que hacía justicia a la labor de la Iglesia en la defensa de la verdad.

El mismo autor ha sorprendido ahora con "La hija del ministro" (La Esfera de los Libros), una novela coral muy ambiciosa, de la que se acaba de publicar la segunda edición, ambientada en el Madrid de las cuatro primeras déca das del siglo XX, una ciudad convulsionada que acabó en una dolorosísima guerra fratricida.

Después de leer "La hija del ministro", el lector llega a la conclusión de que Aranguren ha conseguido convertir a cada uno de los miembros de la familia de Pablo Bossana, duque del Paraná, ministro en los dos últimos gobiernos de Alfonso XIII, en entrañables personajes de ficción.

Especialmente a su hija Elvira, en quien recae el peso de la trama. A través de ella conocemos un tiempo de impunidad para quienes alentaron el odio religioso, en el que, al mismo tiempo, brilló el heroísmo de tantos hombres y mujeres capaces de proclamar su fe hasta el último momento. "La hija del ministro" también hace justicia a la capacidad de perdón por parte de quienes pasaron página tras el brutal asesinato de sus seres queridos. Elvira Bossana es el hilo conductor de un a de las épocas más fecundas en testimonios de martirio, tal y como han venido proclamando los últimos Papas.

--¿Cómo surgió la idea de "La hija del ministro"? ¿Cómo fue enfrentándose a una trama tan amplia?

--Miguel Aranguren: Hace ocho o nueve años, barruntaba el deseo de escribir una novela sobre la familia, en la que cada uno de sus personajes pudiese contar, desde su propia experiencia, que en esta institución el hombre desarrolla su humanidad, que la familia es el lugar al que siempre necesitamos volver. En todas las familias "cuecen habas"; no buscaba una idealización de la familia sino una historia humana y veraz, con sus personajes admirables y aquellos repletos de limitaciones. Entonces empecé a darle vueltas al escenario en el que debía situar mi novela. Decidí que una familia muestra toda la dimensión de su magnanimidad en tiempos de dolor. Y en la historia reciente de España no ha existido mayor dolor que el que padecieron tantas familias de bien a causa de una política exaltada y fatalmente conducida.

--¿Y de qué forma ha resuelto su deseo de escribir sobre la familia, con una trama histórica tan concreta?

--Miguel Aranguren: La huida del rey muestra el devenir de la familia Bossana, desde las mieles de palacio a las hieles de la persecución. Los españoles somos apasionados y en aquellos años lo demostramos con creces: Elvira es una adolescente que se acostumbra a los disparos, a las huelgas violentas, a los atentados terroristas, a la desaparición de familiares y amigos, a los cadáveres en las cunetas... Madrid, de alguna manera, se torna en la Roma de los primeros siglos, cuando vivir de acuerdo a la fe llegaba a castigarse no sólo con la humillación pública, sino con el terrible espectáculo del martirio. La familia del ministro Paraná lucha por la supervivencia, lo que implica actuaciones heroicas por algunos de sus miembros y también viles, ya que no fue fácil para todos superar el miedo.

--Después de las discusiones que se han vivido durante los últimos meses sobre la "memoria histórica", ¿es posible escribir sobre ese tiempo y, a la vez, mantenerse imparcial?

--Miguel Aranguren: No es fácil, desde luego. Antes decía que república y monarquía son igual de legítimos y en "La hija del ministro" se retrata a republicanos confesos que, con los años, renegaron de aquel sistema que se había convertido en una fuente de corrupción en el que medraron tantos masones. También reflejo las heridas morales de algunos monárquicos que justificaban, en su pertenencia a una buena cuna, toda clase de tropelías. Sin embargo, es imposible volver la cara al infierno en el que se convirtió Madrid. Un infierno en el que, por cierto, no dejó de brillar el amor: Elvira Bossana, por ejemplo, es capaz de disfrutar un intenso romance en una ciudad en la que los templos arden como teas. El hogar familiar se convertirá en un refugio en el que se esconden algunos clérigos a los que se ha dictado, con absoluta arbitrariedad, la expulsión de España después de haber reducido a cenizas sus iglesias.

--Hablando de clérigos, en "La hija del ministro" se suceden personajes secundarios que existieron en la realidad, incluso algunos sacerdotes.

--Miguel Aranguren: Después de haber estudiado a fondo aquellos años y de haber "vivido" en ellos durante el tiempo de elaboración de la novela, puedo asegurar que si los horrores se multiplicaron, también se multiplicaron los testimonios de santidad. Madrid fue una ciudad de santos y miserables. En las páginas de "La hija del ministro" aparece, por ejemplo, el padre Rubio, un jesuita que asombra a la familia Bossana por su dedicación a los más pobres, por su entrega al sacramento de la Penitencia o por su famoso don de bilocación. No puedo dejar de anunciar que estuve presente en la ceremonia de su canonización, precisamente en el paseo de la Castellana por el que tantas veces caminó. Y es que hoy la Iglesia universal celebra el ejemplo y la intercesión del padre Rubio, como celebra la extensión del Opus Dei y la figura de san Josemaría, que algún lector perspicaz puede imaginarse detrás del padre Mariano Albás junto a los primeros miembros de la Obra, un puñado de universitarios que dedicaban las mañanas de los domingos a atender, junto al Fundador, a los enfermos infecciosos del hospital d el Rey. Isidoro Zorzano, por ejemplo -que se encuentra en proceso de beatificación-, dará un giro esperanzado al destino fatal de Ventura Ortuño, el otro gran protagonista de la novela.

--Ventura Ortuño, en efecto, secretario del ministro Bossana, vive un idilio con Elvira.

--Miguel Aranguren: Si hay algo que me conmueve del romance entre Elvira y Ventura, es que son capaces de jurarse amor eterno, con todas las consecuencias. Un amor que no podrá vencer ni la misma muerte. Un amor incondicionado a pesar del odio que barre España, de la distancia, de la guerra, de los años... Sin grandilocuencias, dos adolescentes nos ofrecen una auténtica lección de cómo el amor salva a los hombres del pozo de la barbarie. Además, son dos novios que se respetan, que viven un amor limpio, que muestran que el noviazgo no es una utopía en la que las pasiones tienen la última palabra.

< b>--La novela, por último, es capaz de mostrar una familia en la que la piedad religiosa forma parte de su paisaje natural. ¿Cómo viven la fe los Bossana?

--Miguel Aranguren: La familia Bossana es cristiana, como la mayoría de las familias españolas de aquella época. Ríen, charlan, lloran, se pelean, se perdonan, rezan, bailan, juegan, participan de los sacramentos... Quiero decir que no viven una fe impostada, como calzada a la fuerza, tal y como buena parte de la cultura actual cree identificar el catolicismo. La fe de los padres de Elvira es muy atractiva: se habla de Dios, se reza en familia, se cuenta con la Iglesia con la misma naturalidad que realizan las demás actividades cotidianas o extraordinarias de la vida. Algunos lectores me han confesado su conmoción, por ejemplo, al descubrir cómo reaccionan los Bossana ante sucesos tan dolorosos como la muerte de un hijo, o cómo festejan con alegría las fiestas navideñas, o cómo se recogen en oración ante determinadas circunstancias, o cómo entrelazan lo divino y lo humano en cualquier charla, o cómo el padre no abandona sus principios morales ante las inquinas políticas y palaciegas. A fin de cuentas, la fe les ofrece muchas respuestas, incluso ante aquello que humanamente no tiene explicación.

Más información en www.miguelaranguren.com

Por Pedro Gárate

 


Antes de ser fusilado

Es un sacerdote, un instante antes de ser fusilado a causa de su fe. La foto estaba en el despacho del recientemente fallecido, en trágico accidente de montaña, don Pablo Domínguez, Decano de la Facultad de Teología San Dámaso, de Madrid. El pasado mes de enero, lo visitaron unos Legionarios de Cristo. He aquí su testimonio:

–«¿Eres tú, Pablo, hace unos años?», le preguntamos.

–«¡No!», y sonriendo dijo que le gustaría haberlo sido… «La conseguí en Moscú, en un congreso. Me gustó y, al leer las frases del recuadro, me interesé mucho más. Es la fotografía –lo explicaba brillándole los ojos, se sentía emocionado y con ganas de imitarle; parecía que hablaba de sí– de un sacerdote español, el Beato Martín Martínez, operario diocesano, natural de Valdealgorfa (Teruel), diócesis de Zaragoza. Se la tomó un fotógrafo ruso que estaba entre los republicanos, durante la guerra civil española. Fijaos bien en su mirada firme, los brazos en jarras, seguro y valiente… Se la tomaron un segundo antes de fusilarlo». (Alfa y Omega Nº 637 - 17.04.09)


Al comienzo del día del jueves, 2 de abril

El servicio de los mártires a la memoria histórica

Morir perdonando. Esta es la impronta de los mártires, y sobre lo que reflexiona el sacerdote y colaborador de la cadena COPE, en su comentario matinal, Jesús de las Heras Muela.

Jesús de las Heras/ Jesús Luis Sacristán - 02-04-09
Al comienzo del día


¡Alegre la mañana, amigos y amigas de la Cope! Al igual que ayer y anteayer, en el contexto del setenta aniversario de la finalización de la última guerra civil española, reflexionamos sobre la contribución de la Iglesia a la verdadera memoria histórica, al perdón, a la reconciliación y a la concordia. Y hoy lo hacemos desde el testimonio de los mártires cristianas, tantas veces in justamente tratados por quienes no quieren reconocer en ellos su extraordinaria contribución a la paz. 

En noviembre de 1999, la asamblea plenaria de la CEE publicó el documento titulado  "La fidelidad del Señor dura siempre. Mirada de fe al siglo XX". Dice en su número 14: "También España se vio arrastrada a la guerra civil más destructiva de su historia. No queremos señalar culpas de nadie en esta trágica ruptura de la convivencia entre los españoles. Deseamos más bien pedir el perdón de Dios para todos los que se vieron implicados en acciones que el Evangelio reprueba, estuvieran un otro u otro de los bandos trazados por la guerra. La sangre de tantos conciudadanos nuestros derramada como consecuencia de odios y venganzas, siempre injustificables, y en el caso de muchos hermanos y hermanas como ofrenda martirial de la fe, sigue clamando al Cielo para pedir la reconciliación y la paz".

Y es que, en efecto, cuando la Iglesia -como acontecía, como último ejemplo el 28 de octubre de 2007 con 498 personas, ya beatos, y como sucederá en próximas ocasiones- eleva a los altares a cristianos que fueron asesinados en aquellos períodos de hace setenta años no lo hacen por sus implicaciones políticas, no lo hace por revanchismo, ni por triunfalismo: lo hacen como reconocimiento de su condición de testigos de la fe, del amor y del perdón. Si hubieran muerto por una ideología, por un bando no estarían en los altares ni se habría abierto su causa de canonización.

Ellos, los mártires de entonces y de siempre, muriendo testimoniando su fe hasta el final y murieron perdonando a sus verdugos. Su sangre derramada es semilla de vida cristiana y de paz y de reconciliación. Y esta es la mejor memoria histórica: el perdón y la reconciliación, a la que la Iglesia ha de servir en su misión y en su deber de ser prolongación de Jesucristo, su primer Mártir. El era inocente -como nuestros mártires- y murió –lo vamos a celebrar la próxima semana- en la cruz perdonando y con su sangre sembró la semilla buena y fértil para la definitiva reconciliación de la entera humanidad. Cristo, con sus brazos extendidos en la cruz, abrazó para siempre a la entera humanidad de todos los tiempos. Y desde la cruz. Buenos días.
 


Barcelona recuerda el «martirologio» del arte religioso durante la Guerra Civil

Una exposición y un libro evocan la destrucción, entre las llamas y la rapiña, del patrimonio de la Iglesia

 ÀLEX GUBERN | BARCELONA
(ABC.es/ viernes 27 de febrero 2009)

 Durante unos meses, Barcelona fue una gran hoguera. En el verano de 1936, aplastada la rebelión militar y mientras las primeras columnas organizadas por sindicatos y partidos se encaminaban a la que entonces era la primera línea de frente, Aragón, las iglesias ardían. Casi 300 sacerdotes fueron asesinados sólo en Barcelona -1.500 en el conjunto de Cataluña- en una rabiosa ola de anticlericalismo que, a la vez que las patrullas de control de la FAI imponían la revolución social, se llevó también por delante una gran parte del patrimonio histórico y cultural que atesoraba la Iglesia.

Eso también es «memoria histórica», aunque en este caso, y en relación con el patrimonio destruido, «no puede haber reconciliación», simplemente «ya no existe». Así se expresa Josep Martí Bonet, responsable del Museo Diocesano de Barcelona y comisario de la exposición «El martirio de los templos», donde se repasa de manera exhaustiva la destrucción del patrimonio artístico y arquitectónico durante la Guera Civil en la Archidiócesis de Barcelona. La exposición se ha plasmado también en un libro editado con la colaboración de la Generalitat, que se convierte, en palabras de su autor, en un estremecedor «martirologio» de las obras de arte que se perdieron.

40 iglesias destruidas

«La «memoria histórica» puede ser una buena auto terapia si se practica por las dos partes», prosigue Bonet, que señala la exposición del Museo Diocesano sólo como un intento de «hacer patentes las heridas de un notable sector de la tragedia para, a continuación, curarlas».

Como documenta de manera pormenorizada la muestra, el alcance de la destrucción fue masivo: sólo en la archidiócesis de de Barcelona 40 iglesias fueron totalmente destruidas, mientras que todo el resto de templos, hasta llegar a 500 y a excepción de 10, fueron parcialmente dañados, profanados o saqueados. En las otras archidiócesis catalanas se corrió la misma suerte.

 Santa María del Mar

Las llamas y, en buen número de casos, directamente la rapiña -como se ha recogido recientemente en la peripecia del pistolero de la FAI Josep Serra- acabó por ejemplo con 464 retablos (37 de estilo gótico, 44 renacentsitas...), que ocuparían 2,5 kilómetros lineales si se pusieran uno junto a otro; también se perdieron o se quemaron 244 órganos, entre ellos el de Santa María del Mar de Barcelona, considerado uno de los mejores de Europa, junto a centenares de otros objetos artísticos.

La información aportada se basa en la investigación que durante tres años ha llevado a cabo Martí Bonet y su equipo, basada a su vez en la información que en 1941 recopiló mosén Manuel Trens, cuya aventura documental merecería un estudio por sí misma.

La destrucción de archivos fue menor, pues en muchos casos fueron ocultados o escondidos: «Sólo se destruyó un 45 por ciento».

Parroquia a parroquia, «El martirio de los templos» arma un sistemático inventario de destrucción y muerte. Un ejemplo tipo, no el más grave, podría ser el de Sant Genís, en L´Ametlla del Vall_s: «Saqueado en 1936, altares e imágenes fueron quemados en el exterior... el edificio fue usado durante el periodo de revolución como almacén del sindicato agrícola... desaparece una talla de 34 centímetros de la Mare de Déu del Roser, de 1623».

La información aportada se basa en la investigación que durante tres años ha llevado a cabo Martí Bonet y su equipo, basada a su vez en la información que en 1941 recopiló mosén Manuel Trens, cuya aventura documental merecería un estudio por sí misma. Con el convencimiento de que había que sistematizar en un estudio toda la destrucción de los templos en España, Mosén Trens se embarcó en una monumental investigación que sólo pudo completar de manera parcial.

 De la revolución al anticuario

En base a unas fichas estandarizadas, escribió a todas las diócesis de España preguntando por todo el patrimonio perdido y el alcance de la destrucción. Comenzó el catálogo por Tarragona con la edición de unos fascículos titulados «Monumentos sacros de lo que fue la España roja». La ambición de su trabajo le acabó superando. No obstante, la información que consiguió reunir en relación a Barcelona ha permitido ahora armar una recopilación sistemática de lo sucedido durante aquellos años. Unos datos que coinciden con otro informe aportado en el libro, en este caso elaborado en 1938 por la Generalitat republicana, institución a la que se reconoce haber preservado, en parte, la Catedral, el Monasterio de Pedralbes o Montserrat, pero a la que se reprocha su evidente tibieza con los desmanes anarquistas.

Transcurridos setenta años de aquellos sucesos, se ha conseguido recuperar algunos de aquellos objetos, piezas de orfebrería o platería, por ejemplo, que algunos trabajos han coincidido en colocar en un itinerario que «solía ser México y después EEUU». De la revolución social al mostrador de un anticuario.


Persecución religiosa es “pobreza moral” dice el Papa

Publicado por  juana de arco el 12 Enero 2009 en General

Articulo enviado por Zenit.org via email, que pongo aqui por estar afectándonos tambien a los españoles, que poco a poco nos vamos viendo cada dia que pasa más perseguidos por quienes no respetan creencias religiosas, pero pretenden imponernos las suyas del laicismo.

Benedicto XVI: las persecuciones contra los cristianos, “signo de pobreza moral”

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 8 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI lamentó este jueves, en su discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, las persecuciones que han sufrido miles de cristianos, especialmente en la India e Irak durante el año acaba de terminar.

Ante los embajadores reunidos en la Sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano, el Papa dedicó un amplio pasaje de su intervención a la libertad religiosa, dentro del tema principal de su intervención, la pobreza y la paz.

“Las discriminaciones y los graves ataques de los que han sido víctimas, el año pasado, millares de cristianos, muestran cómo la que socava la paz no es sólo la pobreza material, sino también la pobreza moral. De hecho, es en la pobreza moral, donde dichas atrocidades hunden sus raíces”, afirmó el Papa.

Pero advirtió también que en Occidente “se cultivan prejuicios u hostilidades contra los cristianos, simplemente porque, en ciertas cuestiones, su voz perturba”.

Ante los representantes de las distintas naciones, el Santo Padre afirmó que “el cristianismo es una religión de libertad y de paz y está al servicio del auténtico bien de la humanidad”, y que las religiones “pueden dar una valiosa contribución a la lucha contra la pobreza y a la construcción de la paz”.

“Renuevo el testimonio de mi afecto paternal a nuestros hermanos y hermanas víctimas de la violencia, especialmente en Iraq y en la India”, aseguró. El 13 de marzo apareció el cuerpo si vida del arzobispo caldeo de Mosul, en Irak, monseñor Paulos Faraj Rahho, de 65 años, quien días antes había sido secuestrado.

En 2008, en la India, en particular en el Estado de Orissa, según datos de la Conferencia Episcopal de ese país, la violencia de radicales hindúes contra los cristianos ha provocado 81 muertos, más de 40.00 desplazados del distrito de Kandhamal, 4.677 casas destrozadas, 236 iglesias y 36 conventos destruidos o seriamente dañados; cinco sacerdotes católicos heridos, así como la violación y el escarnio público de una religiosa.

El pontífice mostró su cercanía a las víctimas y les conminó a “no perder el ánimo” ante estas pruebas, y a no dejar de “proclamar el Evangelio desde las azoteas”.

“El testimonio del Evangelio es siempre un ’signo de contradicción’ con respecto al ‘espíritu del mundo’. Si las tribulaciones son duras, la constante presencia de Cristo es un consuelo eficaz”, afirmó.

Por otro lado, pidió a los gobiernos de las naciones donde ha habido persecuciones cruentas contra los cristianos que “las autoridades civiles y políticas se dediquen con energía a poner fin a la intolerancia y a las vejaciones contra los cristianos, que intervengan para reparar los daños causados, en particular en los lugares de culto y en las propiedades; que alienten por todos los medios el justo respeto hacia todas las religiones, proscribiendo todas las formas de odio y de desprecio”.

Libertad religiosa

En su discurso, el obispo de Roma aludió en varias ocasiones a la cuestión de la libertad religiosa, a la que dio gran importancia dentro de la búsqueda de la paz.

Refiriéndose en general a la situación de Asia, recordó que las comunidades cristianas que viven allí “a menudo son pequeñas desde el punto de vista numérico, pero desean ofrecer una contribución convencida y eficaz al bien común, a la estabilidad y al progreso de sus países”.

El testimonio de estos cristianos expresa, explicó “la primacía de Dios, que establece una sana jerarquía de valores y otorga una libertad más fuerte que las injusticias. La reciente beatificación en Japón de ciento veinticuatro mártires lo ha puesto de relieve de forma elocuente”.

El sucesor de Pedro recordó que la Iglesia “no pide privilegios, sino la aplicación del principio de libertad religiosa en toda su extensión”, y pidió especialmente a los países asiáticos que “garanticen el pleno ejercicio de este derecho fundamental, en el respeto de las normas internacionales”.

En otro momento, recordó sus viajes a Francia y a Estados Unidos, y con ellos la cuestión de la “sana laicidad”.

“Una sociedad sanamente laica no ignora la dimensión espiritual y sus valores, porque la religión, y me pareció útil repetirlo durante mi viaje pastoral a Francia, no es un obstáculo, sino más bien al contrario un fundamento sólido para la construcción de una sociedad más justa y libre”, advirtió.

El mundo mira a la Iglesia

Benedicto XVI, al recordar sus recientes viajes, constató que pudo “percibir las expectativas de muchos sectores de la sociedad con respecto a la Iglesia católica”.

“En esta fase delicada de la historia de la humanidad, marcada por incertidumbres e interrogantes, muchos esperan que la Iglesia ejerza con decisión y claridad su misión evangelizadora y su obra de promoción humana”, afirmó.

Por Inma Álvarez


Declaraciones de Vicente Cárcel al Suplemento Alfa y Omega
sobre la persecución de la República a la Iglesia en España, 1931-1939

Páginas de Alfa y Omega, 623 - 9.1.2009


Beatificadas en 2001, forman parte de las cinco familias del mundo
propuestas por Benedicto XVI -

Una madre y cuatro hijas valencianas, modelo de familia

El papa Benedicto XVI ha propuesto a una madre valenciana que murió mártir a los 83 años junto a sus cuatro hijas, religiosas de vida contemplativa, durante la persecución religiosa de 1936 como modelo “de familia cristiana”, en una carta que ha escrito con motivo del VI Encuentro Mundial de las Familias (EMF), que se celebrará en México del 13 al 18 de enero en Ciudad de México.

AVAN//Álvaro Real - 07-01-09


Beatas de Algemesí

Benedicto XVI se refiere, entre las cinco familias de todo el mundo que cita como modelo a lo largo de la historia,  a la formada por María Teresa Ferragud Roig, natural de Algemesí, y a sus cuatro hijas, religiosas de vida contemplativa, todas ellas martirizadas con su madre en Alzira (Valencia). Las cinco fueron beatificadas por Juan Pablo II en 2001.

En su carta, el Pontífice recuerda cómo que el 25 de octubre de 1936, fiesta de Cristo Rey, la madre pidió acompañar a sus hijas al martirio y ser ejecutada en último lugar para poder así alentarlas a morir por la fe. Su muerte impresionó tanto a sus verdugos que exclamaron: "Ésta es una verdadera santa".

La presentación de la familia Ferragud como modelo cristiano de la familia por parte de Benedicto XVI es “una alegría para nuestra diócesis y para la Iglesia universal”, según ha expresado Ramón Fita, delegado episcopal de la comisión diocesana para la Causa de los Santos.

Fita ha destacado que Juan Pablo II beatificó a la madre y sus cuatro hijas en 2001 y que Pío XII  se refirió públicamente también a  María Teresa Ferragud como ‘la madre de los Macabeos’”, en referencia a los siete hermanos judíos que, según el relato bíblico, murieron por la defensa de su fe en presencia de su madre, quien igualmente les animó a afrontar su martirio.

María Teresa Ferragud, nacida en Algemesí en 1853, fue asesinada en Alzira en 1936 tras ver cómo martirizaban a sus cuatro hijas religiosas, que se habían refugiado en la casa familiar al comenzar la Guerra Civil. Los milicianos arrestaron a las cuatro hijas, pero la madre “quiso seguirlas para no abandonarlas” diciendo a los verdugos: “Donde van mis hijas voy yo”, según Fita.

La madre y sus cuatro hijas martirizadas, María Jesús, María Felicidad, María Verónica y Josefa, las tres primeras pertenecientes a la orden religiosa de las Clarisas Capuchinas, y la cuarta a la de las Agustinas Descalzas, fueron beatificadas por el papa Juan Pablo II en 2001, junto a otros 229 mártires españoles de la persecución religiosa de 1936.
Ferragud y su marido, Vicente Masiá, tuvieron nueve hijos. Además de las cuatro hermanas martirizadas, otros dos de sus hijos profesaron también como religiosos. Uno de ellos falleció en 1927 y el otro “pudo eludir la persecución religiosa ya que se encontraba en América como misionero”, ha precisado Fita.

María Teresa Ferragud, “de profundas convicciones religiosas desde niña, tuvo una especial devoción a la Eucaristía, que se manifestó en la asistencia diaria a misa y en la adoración del Santísimo”. Se incorporó al grupo de aspirantes de Acción Católica de su parroquia y fue asumiendo diversas responsabilidades dentro de las Mujeres del movimiento católico. También participaba en las actividades de la Fraternidad de San Vicente de Paúl de su Parroquia, de la que fue presidenta.

Las otras cuatro familias propuestas como modelos por Benedicto XVI en su carta con motivo del EMF son las de Basilio y Emilia, matrimonio del siglo IV de Capadocia (actual Turquía), que tuvo nueve hijos, de los que cuatro son santos; el senador Gordiano y su esposa Silvia, padres del papa Gregorio Magno, que vivió en el siglo VI; los beatos italianos Luigi y María Beltrame Quattrochi, del siglo XX, primer matrimonio elevado a los altares, en 2001; y los franceses Louis Martin y Marie Zélie Guérin, que vivieron en el siglo XIX, fueron padres de santa Teresita del Niño Jesús y beatificados el pasado mes de octubre.