Otros seis sacerdotes asesinados en Guerra Civil 1936-39 serán beatificados

  • Ciudad del Vaticano sábado 4 de julio de 2009
Otros seis sacerdotes españoles asesinados durante la Guerra Civil de 1936-39 serán beatificados, después de que el papa Benedicto XVI aprobara hoy los decretos sobre sus martirios, paso que permitirá su elevación a la gloria de los altares, informó el Vaticano.

Los futuros beatos son José Samsó i Elias, párroco de Santa María, en Mataró (Barcelona), nacido en Castellbisbal el 17 de enero de 1887 y asesinado el 1 de septiembre de 1936, y Teófilo Fernández de Legaria Goñi y otros cuatro compañeros sacerdotes miembros de la Congregación de los Sagrados Corazones PICPUS, muertos también en 1936.

Los seis fueron asesinados, según el decreto aprobado por el Papa, "por odio a la fe durante las persecuciones religiosas en España".

El papa Benedicto XVI también aprobó hoy las "virtudes heroicas", primer paso hacia la santidad, de la monja española Ana María Janer Anglarill, fundadora del Instituto de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell.

Janer Anglarill nació en Cervera el 18 de diciembre de 1800 y falleció en Talarm el 11 de enero de 1885.

Las beatificaciones de los seis sacerdotes "mártires del siglo XX, como llama la Iglesia española a los religiosos asesinados durante la II República española y la Guerra Civil de 1936-39, se anunciarán en fechas próximas.

El 28 de octubre de 2007 fueron beatificados en el Vaticano otros 498 religiosos asesinados en 1934 y entre 1936-39, en la ceremonia de este tipo más multitudinaria de la historia de la Iglesia.

Según datos de la Iglesia española, los mártires de los años 1934 y 1936-39 pueden ser unos diez mil.

Ya han sido beatificados 977 y proclamados santos once.

 


Los mártires del Cerro de los Ángeles, Juan Fco. Guijarro
(Tomado del libro del sacerdote madrileño José Francisco Guijarro, “Persecución religiosa y guerra civil, La Iglesia en Madrid”, Madrid, 2006, pp. 412-415)


Los primeros religiosos caídos en la República - Nueva España, Asturias, 23.05.09

La Revolución de Asturias de Octubre de 1934 causa la muerte de 33 sacerdotes o miembros de congregaciones religiosas
Pese a los asesinatos de hombres consagrados, los milicianos mineros dieron muestras de respeto a monjas y religiosas

LA NUEVA ESPAÑA entregará mañana domingo, gratuitamente, el segundo fascículo del coleccionable dedicado a la exposición y análisis de la Revolución de 1934 en Asturias, un hito que marcó el camino de la II República española y que supuso las primeras muertes de sacerdotes y religiosos desde el establecimiento del régimen del 14 de abril.

Gijón, J. MORÁN

Pese a las fortísimas tensiones de la II República en torno a la «cuestión religiosa», el régimen nacido el 14 de abril de 1931 se había mantenido sin derramamiento de sangre de sacerdotes y religiosos. Sin embargo, la fuerza de la Revolución de Asturias de 1934 rompió un dique hasta entonces tensamente contenido y 33 sacerdotes o religiosos fueron asesinados. Con todo, en los días de la Revolución, del 5 al 18 de octubre, se vivieron contrastes: a la vez que 17 iglesias y hasta 40 edificios religiosos eran destruidos -incluida la Cámara Santa de la Catedral-, y hombres consagrados morían, los milicianos mineros dieron atestiguadas muestras de respeto a monjas y religiosas.

En el grupo de consagrados fallecidos en octubre de 1934 destacan los denominados santos mártires de Turón, ocho hermanos de las Escuelas Cristianas -de la congregación de La Salle- y un sacerdote pasionista. Su relieve estriba en que fueron beatificados en 1990 y canonizados en 1999. Los ocho hermanos de La Salle -siete españoles y un argentino- dirigían el Colegio Nuestra Señora de Covadonga, en Turón.

Curiosamente, justo cien años antes de 1934, en julio de 1834, alrededor de cien religiosos -jesuitas, dominicos, franciscanos y mercedarios- eran asesinados en Madrid acusados del envenenamiento de las fuentes públicas, en medio de una epidemia de fiebres tifoideas y en el marco de la I Guerra Carlista. Es decir, el anticlericalismo español ya venía de antiguo, según los historiadores, e incluso desde la Edad Media, cuando el pueblo ya hace sarcasmo de curas y religiosos.

No obstante, será el siglo XIX el que registre 371 víctimas eclesiásticas, según la obra de Francisco Muns y Castellet, «Los mártires del siglo XIX». De esos fallecidos, 57 fueron asesinados por los franceses a comienzos de siglo, y 88 mueren entre 1822 y 1823.

En suma, el influjo anticlerical francés, o las tres guerras carlistas o las etapas liberales aportaron los mayores sobresaltos y mortandades. Ya con la II República, «lo que hasta 1933 son incendios, algaradas y atentados sueltos, van a ser checas y asesinatos masivos, primero en la Revolución de Asturias y luego en todo el mapa de la zona roja durante la Guerra Civil», planteaba el obispo Antonio Montero en su «Historia de la persecución religiosa en España. 1936-1939».

No obstante, respecto al octubre asturiano, «no fueron ciertas las aberraciones que la prensa de aquellos días atribuyó a los revolucionarios», advierte en su obra sobre los mártires de Turón Pedro Chico, también miembro de La Salle y director durante años del centro educativo de esta congregación en Cimadevilla (Gijón). Pedro Chico cita a Arrarás y su «Historia de la II República» para anotar que «en contraste con el odio manifestado contra sacerdotes y religiosos, sorprendía el respeto con que, en general, trataron los milicianos a las monjas». Arrarás habla del momento en el que «las monjas de la Caridad abandonan su convento en Oviedo, amenazado de incendio, para trasladarse al Hospicio, en unión de sus alumnas». Y cita el testimonio de una religiosa: «Los hombres, cargados con fusiles en actitud de disparar, nos miraban y, al verlos, las niñas comenzaron a llorar. La Virgen pareció conmover el corazón de algunos, que al pasar bajaron los fusiles y nos dijeron: "Pasad pronto y no lloréis, que a vosotras no os haremos nada, ni tampoco a las monjas, que de ellas no tenemos quejas"». Pedro Chico habla de «una mezcla de comportamiento antagónico: la rudeza de algunos protagonistas contrastó con la elegancia de sentimientos en otros dirigentes».

Sobre los consagrados muertos en el octubre asturiano, un escrito pío de 1935 dirá: «Mirad sus biografías. Todos pertenecen al pueblo. Ningún aristócrata, ningún potentado, ninguno de encumbrado linaje». Sin embargo, el mismo pueblo del que procedían les consideraba más próximos a las clases dirigentes y a la patronal que a los obreros, como lamentaría después el canónigo ovetense Maximiliano Arboleya, gran exponente del catolicismo social.

En cuanto a los mártires de Turón, fueron detenidos y recluidos el día 5 de octubre en la Casa del Pueblo de esa localidad. Al atardecer del día 8, se abrió una zanja en el cementerio y los religiosos fueron tiroteados por un piquete. Además de ellos, siete seminaristas fueron abatidos en San Lázaro, Oviedo, a la vez que el Seminario de Santo Domingo era incendiado. También murieron tres padres paúles que regentaban dicho centro. Dos jesuitas en viaje ferroviario hacia Gijón cayeron en Ujo, más otros dos hermanos pasionistas y el prior de los carmelitas descalzos de Oviedo. En el clero secular murieron el provisor del Obispado, el secretario de cámara y un canónigo del cabildo, junto a los párrocos de Olloniego, La Rebollada, Sama, Moreda, Valdecuna, San Esteban de las Cruces y Santa María La Real de la Corte.

Y durante el 10 de octubre, la torre de la Catedral de Oviedo era lugar de defensa ocupado por fuerzas resistentes de la República. Los revolucionarios intensificaron los ataques con dinamita y en una de las explosiones fue destruida la Cámara Santa.
 

Murió asesinado a las puertas de la cárcel modelo de Madrid
en los comienzos de la guerra civil

El presidente del Congreso de los diputados presenta la biografía de José Gafo,
diputado beatificado

José Bono presentará la obra, en Madrid, el próximo 15 de junio a las 19,30 en el Círculo de Bellas Artes (Sala María Zambrano). La editorial San Esteban de Salamanca acaba de publicar la biografía de José Gafo, fraile dominico muy popular en su tiempo por su actividad en favor de los derechos de los trabajadores. Su compromiso le condujo a presentarse a las elecciones, siendo elegido diputado por Navarra en 1933. - Cope digital - Alvaro Real. - 21-05-09

Fue beatificado junto con los otros mártires de la guerra civil en octubre de 2007.
El fraile diputado centró sus intervenciones parlamentarias en torno a la cuestión social. Murió asesinado a las puertas de la cárcel modelo de Madrid en los comienzos de la guerra civil, y fue beatificado junto con los otros mártires de la guerra civil en octubre de 2007. Su programa de vida se resume en la aspiración a la concordia entre todos los españoles. Su pensamiento avanzaba vías de diálogo y encuentro entre la Iglesia y los trabajadores, entre el cristianismo y el socialismo.

Fraile dominico y diputado de la II República, José Gafo Muñiz merecía una biografía que diera cuenta de su infatigable acción social. Consagró su vida a la defensa de los derechos de los trabajadores. Publicista, animador de sindicatos y parlamentario. Su pensamiento avanzaba vías de diálogo y encuentro entre la Iglesia y los trabajadores; entre el cristianismo y el socialismo. Suscitó admiración en amplios sectores de la sociedad, que tal vez esperaban de él lo que no podía dar. Murió víctima de la enmarañada turbulencia de un Madrid envuelto en el descontrol inicial de la guerra civil. El afán de concordia define la obra de esta personalidad singular.

La obra recorre las diferentes etapas de la vida del P. Gafo: su infancia en Asturias, su formación en la Orden de Predicadores, los inicios de su compromiso, y finalmente, toda la etapa de su actividad plena que culmina en su elección como diputado.

Etelvino González López, doctor en Filosofía y licenciado en Teología, ha basado esta minuciosa investigación en documentos, muchos de ellos inéditos y de difícil acceso. El resultado es una biografía rigurosa y una exposición completa del pensamiento social de José Gafo. Construida con la precisión y agilidad de los buenos escritores, esta obra presenta además un cuadro del contexto y los problemas de la sociedad y la Iglesia española en las primeras décadas del siglo XX.

 

Un beato que vivió y obró en la ciudad
- De la Orden de San Agustín, Juan Pérez Rodríguez fue cura párroco y director del colegio San Miguel. (Diario La Voz, Argentina, lunes 18.05.2009)


Pese a que desarrolló su labor pastoral durante más de 13 años en la capital provincial y 27 en el país, la figura de Juan Pérez Rodríguez resulta poco conocida en la región. Nacido en España y perteneciente a la Orden de San Agustín, vivió a principios de siglo en Paraná, en dos etapas: entre 1902 y 1908 fue profesor y procurador de la casa parroquial, y entre 1911 y 1918, director del colegio y cura rector de la Parroquia San Miguel.

Tras un largo proceso que se inició en la década del 50, el 28 de octubre de 2007 fue beatificado por el papa Benedicto XVI, junto con otros 497 mártires españoles –98 eran agustinos–, víctimas de la persecución religiosa en 1936.
Días atrás se recordó su figura en el histórico templo donde comienza avenida Rivadavia, con motivo de un nuevo aniversario de su llegada a la ciudad.

Presencia. Un testimonio de la presencia de la Orden de San Agustín es la imagen de Santa Mónica, en la nave derecha del templo. Justamente, los agustinos tomaron posesión de la Parroquia San Miguel un 3 de mayo de 1901, invitados por el entonces obispo local Rosendo Lastra. Al año siguiente, el 7 de marzo de 1902 se inauguró el colegio en un edificio aledaño a la Iglesia. Se ubicó en la actual sede del Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Antonio Serrano.

Fue Paraná la primera ciudad del país en que desembarcaron los agustinos. Entre los múltiples objetivos pastorales, tenían transformar la escuela parroquial en colegio. “Se habían matriculado 88 alumnos, número algo excesivo para la capacidad del local, por lo que habría que buscar locales más amplios, lo que no iba a ser fácil, dada la oposición de liberales y masones, que desde sus altos cargos públicos, no admitían la existencia de un colegio religioso en la ciudad”, recuerda en un ensayo sobre la vida de Juan Pérez Rodríguez, el también agustino Teófilo Viñas Román, que meses atrás visitó Paraná para investigar la labor del mártir.

Por entonces, en la capital provincial habitaban 36.000 vecinos. Tras su partida en 1918 hacia Buenos Aires, en 1920 se decidió el cierre de la fundación y el retiro de la Orden Agustiniana de Paraná, decisión que causó a monseñor Abel Bazán “sorpresa, contrariedad y sentimiento” por el “gran elogio para los padres que allí habían trabajado”.

OTRO. En la década del 30, en España se vivió una fuerte persecución religiosa. En ese período fue asesinado también el lasallano argentino Héctor Valdivieso. Ocurrió durante la llamada Revolución de Asturias, poco antes de la guerra civil española.

Datos personales
Juan Pérez Rodríguez nació en Andavías, España, el 2 de diciembre de 1877. A los 16 años de edad ingresó al Seminario de Valladolid y se ordenó como sacerdote agustino el 26 de agosto de 1901.

En 1902, un año después que la congregación religiosa se había hecho cargo de San Miguel, llegó a Paraná.
Sus primeros seis años transcurrieron entre tareas apostólicas, colaboraciones en revistas y boletines, prédicas evangélicas en la Iglesia y a sus alumnos en clases. En 1908 fue destinado a Buenos Aires y en 1911 regresó a Paraná, nombrado director del colegio y cura rector de la Parroquia, cargos que ocupó hasta 1918.

Posteriormente se lo destinó nuevamente a Buenos Aires. En 1933 pasó a la Residencia de Gijón (España) donde tres años después acontecería el martirio, “testimonio supremo de la verdad de la fe”, según el Catecismo de la Iglesia Católica.

Ahora, para demostrar su santificación, se deberá probar algún milagro que haya realizado él o alguno de los otros 497 asesinados, ya que se trata de un proceso de beatificación unificado.
 

"La hija del ministro", una novela de amor en tiempos de martirio

Entrevista con el autor Miguel Aranguren (Zenit - 05.05.09)

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 4 mayo 2009 (ZENIT.org).- Muchos suscriptores de ZENIT tienen fresca en la memoria la trama de "La sangre del pelícano" (editorial LibrosLibres), en la que Aranguren no tuvo empacho en enfrentarse al mismo demonio a la hora de firmar un thriller policiaco que hacía justicia a la labor de la Iglesia en la defensa de la verdad.

El mismo autor ha sorprendido ahora con "La hija del ministro" (La Esfera de los Libros), una novela coral muy ambiciosa, de la que se acaba de publicar la segunda edición, ambientada en el Madrid de las cuatro primeras déca das del siglo XX, una ciudad convulsionada que acabó en una dolorosísima guerra fratricida.

Después de leer "La hija del ministro", el lector llega a la conclusión de que Aranguren ha conseguido convertir a cada uno de los miembros de la familia de Pablo Bossana, duque del Paraná, ministro en los dos últimos gobiernos de Alfonso XIII, en entrañables personajes de ficción.

Especialmente a su hija Elvira, en quien recae el peso de la trama. A través de ella conocemos un tiempo de impunidad para quienes alentaron el odio religioso, en el que, al mismo tiempo, brilló el heroísmo de tantos hombres y mujeres capaces de proclamar su fe hasta el último momento. "La hija del ministro" también hace justicia a la capacidad de perdón por parte de quienes pasaron página tras el brutal asesinato de sus seres queridos. Elvira Bossana es el hilo conductor de un a de las épocas más fecundas en testimonios de martirio, tal y como han venido proclamando los últimos Papas.

--¿Cómo surgió la idea de "La hija del ministro"? ¿Cómo fue enfrentándose a una trama tan amplia?

--Miguel Aranguren: Hace ocho o nueve años, barruntaba el deseo de escribir una novela sobre la familia, en la que cada uno de sus personajes pudiese contar, desde su propia experiencia, que en esta institución el hombre desarrolla su humanidad, que la familia es el lugar al que siempre necesitamos volver. En todas las familias "cuecen habas"; no buscaba una idealización de la familia sino una historia humana y veraz, con sus personajes admirables y aquellos repletos de limitaciones. Entonces empecé a darle vueltas al escenario en el que debía situar mi novela. Decidí que una familia muestra toda la dimensión de su magnanimidad en tiempos de dolor. Y en la historia reciente de España no ha existido mayor dolor que el que padecieron tantas familias de bien a causa de una política exaltada y fatalmente conducida.

--¿Y de qué forma ha resuelto su deseo de escribir sobre la familia, con una trama histórica tan concreta?

--Miguel Aranguren: La huida del rey muestra el devenir de la familia Bossana, desde las mieles de palacio a las hieles de la persecución. Los españoles somos apasionados y en aquellos años lo demostramos con creces: Elvira es una adolescente que se acostumbra a los disparos, a las huelgas violentas, a los atentados terroristas, a la desaparición de familiares y amigos, a los cadáveres en las cunetas... Madrid, de alguna manera, se torna en la Roma de los primeros siglos, cuando vivir de acuerdo a la fe llegaba a castigarse no sólo con la humillación pública, sino con el terrible espectáculo del martirio. La familia del ministro Paraná lucha por la supervivencia, lo que implica actuaciones heroicas por algunos de sus miembros y también viles, ya que no fue fácil para todos superar el miedo.

--Después de las discusiones que se han vivido durante los últimos meses sobre la "memoria histórica", ¿es posible escribir sobre ese tiempo y, a la vez, mantenerse imparcial?

--Miguel Aranguren: No es fácil, desde luego. Antes decía que república y monarquía son igual de legítimos y en "La hija del ministro" se retrata a republicanos confesos que, con los años, renegaron de aquel sistema que se había convertido en una fuente de corrupción en el que medraron tantos masones. También reflejo las heridas morales de algunos monárquicos que justificaban, en su pertenencia a una buena cuna, toda clase de tropelías. Sin embargo, es imposible volver la cara al infierno en el que se convirtió Madrid. Un infierno en el que, por cierto, no dejó de brillar el amor: Elvira Bossana, por ejemplo, es capaz de disfrutar un intenso romance en una ciudad en la que los templos arden como teas. El hogar familiar se convertirá en un refugio en el que se esconden algunos clérigos a los que se ha dictado, con absoluta arbitrariedad, la expulsión de España después de haber reducido a cenizas sus iglesias.

--Hablando de clérigos, en "La hija del ministro" se suceden personajes secundarios que existieron en la realidad, incluso algunos sacerdotes.

--Miguel Aranguren: Después de haber estudiado a fondo aquellos años y de haber "vivido" en ellos durante el tiempo de elaboración de la novela, puedo asegurar que si los horrores se multiplicaron, también se multiplicaron los testimonios de santidad. Madrid fue una ciudad de santos y miserables. En las páginas de "La hija del ministro" aparece, por ejemplo, el padre Rubio, un jesuita que asombra a la familia Bossana por su dedicación a los más pobres, por su entrega al sacramento de la Penitencia o por su famoso don de bilocación. No puedo dejar de anunciar que estuve presente en la ceremonia de su canonización, precisamente en el paseo de la Castellana por el que tantas veces caminó. Y es que hoy la Iglesia universal celebra el ejemplo y la intercesión del padre Rubio, como celebra la extensión del Opus Dei y la figura de san Josemaría, que algún lector perspicaz puede imaginarse detrás del padre Mariano Albás junto a los primeros miembros de la Obra, un puñado de universitarios que dedicaban las mañanas de los domingos a atender, junto al Fundador, a los enfermos infecciosos del hospital d el Rey. Isidoro Zorzano, por ejemplo -que se encuentra en proceso de beatificación-, dará un giro esperanzado al destino fatal de Ventura Ortuño, el otro gran protagonista de la novela.

--Ventura Ortuño, en efecto, secretario del ministro Bossana, vive un idilio con Elvira.

--Miguel Aranguren: Si hay algo que me conmueve del romance entre Elvira y Ventura, es que son capaces de jurarse amor eterno, con todas las consecuencias. Un amor que no podrá vencer ni la misma muerte. Un amor incondicionado a pesar del odio que barre España, de la distancia, de la guerra, de los años... Sin grandilocuencias, dos adolescentes nos ofrecen una auténtica lección de cómo el amor salva a los hombres del pozo de la barbarie. Además, son dos novios que se respetan, que viven un amor limpio, que muestran que el noviazgo no es una utopía en la que las pasiones tienen la última palabra.

< b>--La novela, por último, es capaz de mostrar una familia en la que la piedad religiosa forma parte de su paisaje natural. ¿Cómo viven la fe los Bossana?

--Miguel Aranguren: La familia Bossana es cristiana, como la mayoría de las familias españolas de aquella época. Ríen, charlan, lloran, se pelean, se perdonan, rezan, bailan, juegan, participan de los sacramentos... Quiero decir que no viven una fe impostada, como calzada a la fuerza, tal y como buena parte de la cultura actual cree identificar el catolicismo. La fe de los padres de Elvira es muy atractiva: se habla de Dios, se reza en familia, se cuenta con la Iglesia con la misma naturalidad que realizan las demás actividades cotidianas o extraordinarias de la vida. Algunos lectores me han confesado su conmoción, por ejemplo, al descubrir cómo reaccionan los Bossana ante sucesos tan dolorosos como la muerte de un hijo, o cómo festejan con alegría las fiestas navideñas, o cómo se recogen en oración ante determinadas circunstancias, o cómo entrelazan lo divino y lo humano en cualquier charla, o cómo el padre no abandona sus principios morales ante las inquinas políticas y palaciegas. A fin de cuentas, la fe les ofrece muchas respuestas, incluso ante aquello que humanamente no tiene explicación.

Más información en www.miguelaranguren.com

Por Pedro Gárate

 


Antes de ser fusilado

Es un sacerdote, un instante antes de ser fusilado a causa de su fe. La foto estaba en el despacho del recientemente fallecido, en trágico accidente de montaña, don Pablo Domínguez, Decano de la Facultad de Teología San Dámaso, de Madrid. El pasado mes de enero, lo visitaron unos Legionarios de Cristo. He aquí su testimonio:

–«¿Eres tú, Pablo, hace unos años?», le preguntamos.

–«¡No!», y sonriendo dijo que le gustaría haberlo sido… «La conseguí en Moscú, en un congreso. Me gustó y, al leer las frases del recuadro, me interesé mucho más. Es la fotografía –lo explicaba brillándole los ojos, se sentía emocionado y con ganas de imitarle; parecía que hablaba de sí– de un sacerdote español, el Beato Martín Martínez, operario diocesano, natural de Valdealgorfa (Teruel), diócesis de Zaragoza. Se la tomó un fotógrafo ruso que estaba entre los republicanos, durante la guerra civil española. Fijaos bien en su mirada firme, los brazos en jarras, seguro y valiente… Se la tomaron un segundo antes de fusilarlo». (Alfa y Omega Nº 637 - 17.04.09)


Al comienzo del día del jueves, 2 de abril

El servicio de los mártires a la memoria histórica

Morir perdonando. Esta es la impronta de los mártires, y sobre lo que reflexiona el sacerdote y colaborador de la cadena COPE, en su comentario matinal, Jesús de las Heras Muela.

Jesús de las Heras/ Jesús Luis Sacristán - 02-04-09
Al comienzo del día


¡Alegre la mañana, amigos y amigas de la Cope! Al igual que ayer y anteayer, en el contexto del setenta aniversario de la finalización de la última guerra civil española, reflexionamos sobre la contribución de la Iglesia a la verdadera memoria histórica, al perdón, a la reconciliación y a la concordia. Y hoy lo hacemos desde el testimonio de los mártires cristianas, tantas veces in justamente tratados por quienes no quieren reconocer en ellos su extraordinaria contribución a la paz. 

En noviembre de 1999, la asamblea plenaria de la CEE publicó el documento titulado  "La fidelidad del Señor dura siempre. Mirada de fe al siglo XX". Dice en su número 14: "También España se vio arrastrada a la guerra civil más destructiva de su historia. No queremos señalar culpas de nadie en esta trágica ruptura de la convivencia entre los españoles. Deseamos más bien pedir el perdón de Dios para todos los que se vieron implicados en acciones que el Evangelio reprueba, estuvieran un otro u otro de los bandos trazados por la guerra. La sangre de tantos conciudadanos nuestros derramada como consecuencia de odios y venganzas, siempre injustificables, y en el caso de muchos hermanos y hermanas como ofrenda martirial de la fe, sigue clamando al Cielo para pedir la reconciliación y la paz".

Y es que, en efecto, cuando la Iglesia -como acontecía, como último ejemplo el 28 de octubre de 2007 con 498 personas, ya beatos, y como sucederá en próximas ocasiones- eleva a los altares a cristianos que fueron asesinados en aquellos períodos de hace setenta años no lo hacen por sus implicaciones políticas, no lo hace por revanchismo, ni por triunfalismo: lo hacen como reconocimiento de su condición de testigos de la fe, del amor y del perdón. Si hubieran muerto por una ideología, por un bando no estarían en los altares ni se habría abierto su causa de canonización.

Ellos, los mártires de entonces y de siempre, muriendo testimoniando su fe hasta el final y murieron perdonando a sus verdugos. Su sangre derramada es semilla de vida cristiana y de paz y de reconciliación. Y esta es la mejor memoria histórica: el perdón y la reconciliación, a la que la Iglesia ha de servir en su misión y en su deber de ser prolongación de Jesucristo, su primer Mártir. El era inocente -como nuestros mártires- y murió –lo vamos a celebrar la próxima semana- en la cruz perdonando y con su sangre sembró la semilla buena y fértil para la definitiva reconciliación de la entera humanidad. Cristo, con sus brazos extendidos en la cruz, abrazó para siempre a la entera humanidad de todos los tiempos. Y desde la cruz. Buenos días.
 


Barcelona recuerda el «martirologio» del arte religioso durante la Guerra Civil

Una exposición y un libro evocan la destrucción, entre las llamas y la rapiña, del patrimonio de la Iglesia

 ÀLEX GUBERN | BARCELONA
(ABC.es/ viernes 27 de febrero 2009)

 Durante unos meses, Barcelona fue una gran hoguera. En el verano de 1936, aplastada la rebelión militar y mientras las primeras columnas organizadas por sindicatos y partidos se encaminaban a la que entonces era la primera línea de frente, Aragón, las iglesias ardían. Casi 300 sacerdotes fueron asesinados sólo en Barcelona -1.500 en el conjunto de Cataluña- en una rabiosa ola de anticlericalismo que, a la vez que las patrullas de control de la FAI imponían la revolución social, se llevó también por delante una gran parte del patrimonio histórico y cultural que atesoraba la Iglesia.

Eso también es «memoria histórica», aunque en este caso, y en relación con el patrimonio destruido, «no puede haber reconciliación», simplemente «ya no existe». Así se expresa Josep Martí Bonet, responsable del Museo Diocesano de Barcelona y comisario de la exposición «El martirio de los templos», donde se repasa de manera exhaustiva la destrucción del patrimonio artístico y arquitectónico durante la Guera Civil en la Archidiócesis de Barcelona. La exposición se ha plasmado también en un libro editado con la colaboración de la Generalitat, que se convierte, en palabras de su autor, en un estremecedor «martirologio» de las obras de arte que se perdieron.

40 iglesias destruidas

«La «memoria histórica» puede ser una buena auto terapia si se practica por las dos partes», prosigue Bonet, que señala la exposición del Museo Diocesano sólo como un intento de «hacer patentes las heridas de un notable sector de la tragedia para, a continuación, curarlas».

Como documenta de manera pormenorizada la muestra, el alcance de la destrucción fue masivo: sólo en la archidiócesis de de Barcelona 40 iglesias fueron totalmente destruidas, mientras que todo el resto de templos, hasta llegar a 500 y a excepción de 10, fueron parcialmente dañados, profanados o saqueados. En las otras archidiócesis catalanas se corrió la misma suerte.

 Santa María del Mar

Las llamas y, en buen número de casos, directamente la rapiña -como se ha recogido recientemente en la peripecia del pistolero de la FAI Josep Serra- acabó por ejemplo con 464 retablos (37 de estilo gótico, 44 renacentsitas...), que ocuparían 2,5 kilómetros lineales si se pusieran uno junto a otro; también se perdieron o se quemaron 244 órganos, entre ellos el de Santa María del Mar de Barcelona, considerado uno de los mejores de Europa, junto a centenares de otros objetos artísticos.

La información aportada se basa en la investigación que durante tres años ha llevado a cabo Martí Bonet y su equipo, basada a su vez en la información que en 1941 recopiló mosén Manuel Trens, cuya aventura documental merecería un estudio por sí misma.

La destrucción de archivos fue menor, pues en muchos casos fueron ocultados o escondidos: «Sólo se destruyó un 45 por ciento».

Parroquia a parroquia, «El martirio de los templos» arma un sistemático inventario de destrucción y muerte. Un ejemplo tipo, no el más grave, podría ser el de Sant Genís, en L´Ametlla del Vall_s: «Saqueado en 1936, altares e imágenes fueron quemados en el exterior... el edificio fue usado durante el periodo de revolución como almacén del sindicato agrícola... desaparece una talla de 34 centímetros de la Mare de Déu del Roser, de 1623».

La información aportada se basa en la investigación que durante tres años ha llevado a cabo Martí Bonet y su equipo, basada a su vez en la información que en 1941 recopiló mosén Manuel Trens, cuya aventura documental merecería un estudio por sí misma. Con el convencimiento de que había que sistematizar en un estudio toda la destrucción de los templos en España, Mosén Trens se embarcó en una monumental investigación que sólo pudo completar de manera parcial.

 De la revolución al anticuario

En base a unas fichas estandarizadas, escribió a todas las diócesis de España preguntando por todo el patrimonio perdido y el alcance de la destrucción. Comenzó el catálogo por Tarragona con la edición de unos fascículos titulados «Monumentos sacros de lo que fue la España roja». La ambición de su trabajo le acabó superando. No obstante, la información que consiguió reunir en relación a Barcelona ha permitido ahora armar una recopilación sistemática de lo sucedido durante aquellos años. Unos datos que coinciden con otro informe aportado en el libro, en este caso elaborado en 1938 por la Generalitat republicana, institución a la que se reconoce haber preservado, en parte, la Catedral, el Monasterio de Pedralbes o Montserrat, pero a la que se reprocha su evidente tibieza con los desmanes anarquistas.

Transcurridos setenta años de aquellos sucesos, se ha conseguido recuperar algunos de aquellos objetos, piezas de orfebrería o platería, por ejemplo, que algunos trabajos han coincidido en colocar en un itinerario que «solía ser México y después EEUU». De la revolución social al mostrador de un anticuario.


Persecución religiosa es “pobreza moral” dice el Papa

Publicado por  juana de arco el 12 Enero 2009 en General

Articulo enviado por Zenit.org via email, que pongo aqui por estar afectándonos tambien a los españoles, que poco a poco nos vamos viendo cada dia que pasa más perseguidos por quienes no respetan creencias religiosas, pero pretenden imponernos las suyas del laicismo.

Benedicto XVI: las persecuciones contra los cristianos, “signo de pobreza moral”

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 8 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI lamentó este jueves, en su discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, las persecuciones que han sufrido miles de cristianos, especialmente en la India e Irak durante el año acaba de terminar.

Ante los embajadores reunidos en la Sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano, el Papa dedicó un amplio pasaje de su intervención a la libertad religiosa, dentro del tema principal de su intervención, la pobreza y la paz.

“Las discriminaciones y los graves ataques de los que han sido víctimas, el año pasado, millares de cristianos, muestran cómo la que socava la paz no es sólo la pobreza material, sino también la pobreza moral. De hecho, es en la pobreza moral, donde dichas atrocidades hunden sus raíces”, afirmó el Papa.

Pero advirtió también que en Occidente “se cultivan prejuicios u hostilidades contra los cristianos, simplemente porque, en ciertas cuestiones, su voz perturba”.

Ante los representantes de las distintas naciones, el Santo Padre afirmó que “el cristianismo es una religión de libertad y de paz y está al servicio del auténtico bien de la humanidad”, y que las religiones “pueden dar una valiosa contribución a la lucha contra la pobreza y a la construcción de la paz”.

“Renuevo el testimonio de mi afecto paternal a nuestros hermanos y hermanas víctimas de la violencia, especialmente en Iraq y en la India”, aseguró. El 13 de marzo apareció el cuerpo si vida del arzobispo caldeo de Mosul, en Irak, monseñor Paulos Faraj Rahho, de 65 años, quien días antes había sido secuestrado.

En 2008, en la India, en particular en el Estado de Orissa, según datos de la Conferencia Episcopal de ese país, la violencia de radicales hindúes contra los cristianos ha provocado 81 muertos, más de 40.00 desplazados del distrito de Kandhamal, 4.677 casas destrozadas, 236 iglesias y 36 conventos destruidos o seriamente dañados; cinco sacerdotes católicos heridos, así como la violación y el escarnio público de una religiosa.

El pontífice mostró su cercanía a las víctimas y les conminó a “no perder el ánimo” ante estas pruebas, y a no dejar de “proclamar el Evangelio desde las azoteas”.

“El testimonio del Evangelio es siempre un ’signo de contradicción’ con respecto al ‘espíritu del mundo’. Si las tribulaciones son duras, la constante presencia de Cristo es un consuelo eficaz”, afirmó.

Por otro lado, pidió a los gobiernos de las naciones donde ha habido persecuciones cruentas contra los cristianos que “las autoridades civiles y políticas se dediquen con energía a poner fin a la intolerancia y a las vejaciones contra los cristianos, que intervengan para reparar los daños causados, en particular en los lugares de culto y en las propiedades; que alienten por todos los medios el justo respeto hacia todas las religiones, proscribiendo todas las formas de odio y de desprecio”.

Libertad religiosa

En su discurso, el obispo de Roma aludió en varias ocasiones a la cuestión de la libertad religiosa, a la que dio gran importancia dentro de la búsqueda de la paz.

Refiriéndose en general a la situación de Asia, recordó que las comunidades cristianas que viven allí “a menudo son pequeñas desde el punto de vista numérico, pero desean ofrecer una contribución convencida y eficaz al bien común, a la estabilidad y al progreso de sus países”.

El testimonio de estos cristianos expresa, explicó “la primacía de Dios, que establece una sana jerarquía de valores y otorga una libertad más fuerte que las injusticias. La reciente beatificación en Japón de ciento veinticuatro mártires lo ha puesto de relieve de forma elocuente”.

El sucesor de Pedro recordó que la Iglesia “no pide privilegios, sino la aplicación del principio de libertad religiosa en toda su extensión”, y pidió especialmente a los países asiáticos que “garanticen el pleno ejercicio de este derecho fundamental, en el respeto de las normas internacionales”.

En otro momento, recordó sus viajes a Francia y a Estados Unidos, y con ellos la cuestión de la “sana laicidad”.

“Una sociedad sanamente laica no ignora la dimensión espiritual y sus valores, porque la religión, y me pareció útil repetirlo durante mi viaje pastoral a Francia, no es un obstáculo, sino más bien al contrario un fundamento sólido para la construcción de una sociedad más justa y libre”, advirtió.

El mundo mira a la Iglesia

Benedicto XVI, al recordar sus recientes viajes, constató que pudo “percibir las expectativas de muchos sectores de la sociedad con respecto a la Iglesia católica”.

“En esta fase delicada de la historia de la humanidad, marcada por incertidumbres e interrogantes, muchos esperan que la Iglesia ejerza con decisión y claridad su misión evangelizadora y su obra de promoción humana”, afirmó.

Por Inma Álvarez


Declaraciones de Vicente Cárcel al Suplemento Alfa y Omega
sobre la persecución de la República a la Iglesia en España, 1931-1939

Páginas de Alfa y Omega, 623 - 9.1.2009


Beatificadas en 2001, forman parte de las cinco familias del mundo
propuestas por Benedicto XVI -

Una madre y cuatro hijas valencianas, modelo de familia

El papa Benedicto XVI ha propuesto a una madre valenciana que murió mártir a los 83 años junto a sus cuatro hijas, religiosas de vida contemplativa, durante la persecución religiosa de 1936 como modelo “de familia cristiana”, en una carta que ha escrito con motivo del VI Encuentro Mundial de las Familias (EMF), que se celebrará en México del 13 al 18 de enero en Ciudad de México.

AVAN//Álvaro Real - 07-01-09


Beatas de Algemesí

Benedicto XVI se refiere, entre las cinco familias de todo el mundo que cita como modelo a lo largo de la historia,  a la formada por María Teresa Ferragud Roig, natural de Algemesí, y a sus cuatro hijas, religiosas de vida contemplativa, todas ellas martirizadas con su madre en Alzira (Valencia). Las cinco fueron beatificadas por Juan Pablo II en 2001.

En su carta, el Pontífice recuerda cómo que el 25 de octubre de 1936, fiesta de Cristo Rey, la madre pidió acompañar a sus hijas al martirio y ser ejecutada en último lugar para poder así alentarlas a morir por la fe. Su muerte impresionó tanto a sus verdugos que exclamaron: "Ésta es una verdadera santa".

La presentación de la familia Ferragud como modelo cristiano de la familia por parte de Benedicto XVI es “una alegría para nuestra diócesis y para la Iglesia universal”, según ha expresado Ramón Fita, delegado episcopal de la comisión diocesana para la Causa de los Santos.

Fita ha destacado que Juan Pablo II beatificó a la madre y sus cuatro hijas en 2001 y que Pío XII  se refirió públicamente también a  María Teresa Ferragud como ‘la madre de los Macabeos’”, en referencia a los siete hermanos judíos que, según el relato bíblico, murieron por la defensa de su fe en presencia de su madre, quien igualmente les animó a afrontar su martirio.

María Teresa Ferragud, nacida en Algemesí en 1853, fue asesinada en Alzira en 1936 tras ver cómo martirizaban a sus cuatro hijas religiosas, que se habían refugiado en la casa familiar al comenzar la Guerra Civil. Los milicianos arrestaron a las cuatro hijas, pero la madre “quiso seguirlas para no abandonarlas” diciendo a los verdugos: “Donde van mis hijas voy yo”, según Fita.

La madre y sus cuatro hijas martirizadas, María Jesús, María Felicidad, María Verónica y Josefa, las tres primeras pertenecientes a la orden religiosa de las Clarisas Capuchinas, y la cuarta a la de las Agustinas Descalzas, fueron beatificadas por el papa Juan Pablo II en 2001, junto a otros 229 mártires españoles de la persecución religiosa de 1936.
Ferragud y su marido, Vicente Masiá, tuvieron nueve hijos. Además de las cuatro hermanas martirizadas, otros dos de sus hijos profesaron también como religiosos. Uno de ellos falleció en 1927 y el otro “pudo eludir la persecución religiosa ya que se encontraba en América como misionero”, ha precisado Fita.

María Teresa Ferragud, “de profundas convicciones religiosas desde niña, tuvo una especial devoción a la Eucaristía, que se manifestó en la asistencia diaria a misa y en la adoración del Santísimo”. Se incorporó al grupo de aspirantes de Acción Católica de su parroquia y fue asumiendo diversas responsabilidades dentro de las Mujeres del movimiento católico. También participaba en las actividades de la Fraternidad de San Vicente de Paúl de su Parroquia, de la que fue presidenta.

Las otras cuatro familias propuestas como modelos por Benedicto XVI en su carta con motivo del EMF son las de Basilio y Emilia, matrimonio del siglo IV de Capadocia (actual Turquía), que tuvo nueve hijos, de los que cuatro son santos; el senador Gordiano y su esposa Silvia, padres del papa Gregorio Magno, que vivió en el siglo VI; los beatos italianos Luigi y María Beltrame Quattrochi, del siglo XX, primer matrimonio elevado a los altares, en 2001; y los franceses Louis Martin y Marie Zélie Guérin, que vivieron en el siglo XIX, fueron padres de santa Teresita del Niño Jesús y beatificados el pasado mes de octubre.
 


Un día después de la Navidad, se celebra la festividad de san Esteban, el primer mártir de Cristo, a cuya muerte siguió una persecución contra los cristianos de Jerusalén. El calendario litúrgico dirige a los hombres de todos los tiempos un mensaje siempre actual. En el caso de los mártires, basta recordar el reciente Informe sobre Libertad Religiosa de Ayuda a la Iglesia Necesitada, que documenta terribles episodios de violencia contra los cristianos, como los secuestros y asesinatos en Iraq, y la represión en China o en Pakistán. En más de 60 países, se viola gravemente la libertad religiosa, y 350 millones de cristianos sufren por su fe, una cifra que supera a las poblaciones de España, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Holanda juntas.

Especialmente dramático es el caso del estado indio de Orissa. Centenares de cristianos han muerto asesinados en los últimos 5 meses; miles han sido expulsados de sus casas, y se han visto obligados a celebrar esta Navidad escondidos en los bosques o en campos de refugiados. Podrían poner fin a sus sufrimientos si renunciaran a su fe: sus agresores sólo piden eso, igual que los verdugos de san Esteban o los de los mártires españoles durante los años 30 del siglo XX. La fuerza que sostiene a estos testigos de Cristo para no sucumbir, es un misterio que sólo es posible comprender a la luz de la Resurrección del Señor. La serenidad de los mártires y el perdón que ofrecen a sus verdugos, sigue siendo hoy el testimonio de esperanza más bello y elocuente de los cristianos al mundo. Línea Cope 26.12.08



El Semanal Digital – Rafael González Rojas – 26.11.08

 

[ … ] Consecuentemente, y a tenor de las enseñanzas de nuestra historia nacional, el presidente de los obispos españoles advierte de que "es necesario vigilar para evitar de raíz actitudes, palabras, estrategias y todo lo que pudiera dar pábulo a las confrontaciones que puedan acabar siendo violentas". Y recuerda que la sangre de los muertos en la guerra, incluyendo la de los mártires, "sigue clamando al Cielo para pedir la reconciliación y la paz".

No sé si por incompetencia o mala fe, o por ambas cosas a la vez, tanto Zapatero como Blanco han cogido el rábano por las hojas. No se puede comprender cómo unas palabras tan claras, que nadie con un mínimo de capacidad de comprensión puede mal interpretarlas, son sin embargo tergiversadas. Pues sí; el señor Zapatero entra en polémica, y faltando manifiestamente a la verdad ha pedido a la Iglesia que respete a los familiares que buscan a sus desaparecidos como la sociedad respeta las beatificaciones de los mártires.

¿A qué viene esa salida de pata de banco? ¿Cuándo se ha pronunciado la Iglesia, ni nadie con cierta solvencia moral, en contra de los deseos de aquellos que quieran rescatar de las tumbas y fosas clandestinas a sus familiares asesinados?

Es una falacia dar a entender que la Iglesia recuerde unos muertos, los beatificados, y olvide a otros. Nunca ha hecho la Iglesia distinción de los caídos en uno u otro bando. Los beatificados son otra cuestión: son mártires de la fe, sin militancia política, gente pacífica que murieron perdonando. El cardenal habla, sí, de olvido, pero no de unas víctimas enterradas en fosas comunes, ni de las injusticias sufridas en cualquier lugar, estuviese ocupado por unos u otros contendientes. Habla de que se olvide quién fue más o menos culpable de aquella confrontación fraticida, de no recontar las afrentas de unos u otros y así poder mantener vivo el espíritu de la Transición, ejemplar por muchas cosas, como han reconocido tantas personalidades de todo el mundo. Recientemente, Vargas Llosa, en una televisión, recordaba cuán modélicamente el pueblo español ha sabido superar su pasado. La Iglesia lo hace también, y recomienda –por boca del presidente de la CEE- que a veces es necesario saber olvidar. "No por ignorancia o cobardía –precisa Rouco-, sino en virtud de una voluntad de reconciliación y de perdón responsable y fuerte." 


 

Línea Cope – 26.11.08

 […] Monseñor Martínez Camino añade a su experiencia, un notable bagaje teológico y una reconocida facilidad para expresar el pensamiento de la Iglesia cara a la sociedad. Muestra de ello han sido las declaraciones en las que recordado y aclarado lo que dijo el cardenal Rouco en el discurso inaugural y que luego, torticeramente, ha desenfocado el Presidente del gobierno. La Iglesia desea que se honre a todos los muertos, y que estos  puedan ser buscados libremente por sus seres queridos. Lo que no desea es reabrir un estéril debate sobre culpabilidades.

La Iglesia honra a sus mártires precisamente porque han muerto por amor a Jesucristo, un amor que les ha permitido morir perdonando y bendiciendo a sus enemigos. Quienes no parecen perdonar son los que quieren revisar la historia para que se culpabilice a quienes no tuvieron la culpa, o quienes pretenden eliminar a la Iglesia y a sus símbolos de la historia y del presente.


El cardenal Herranz representará al Papa en el 1750 aniversario de los protomártires de Tarragona

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 23 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).- La Santa Sede hizo público ayer el nombramiento, por parte del Papa, del cardenal español Julián Herranz, presidente emérito del Consejo Pontificio para los textos Legislativos, como su enviado al 1750 aniversario de los primeros mártires de Tarragona.

La celebración, que recordará el martirio del obispo san Fructuoso y de los diáconos san Augurio y san Eulogio, se celebrará en la diócesis de Tarragona el próximo 25 de enero de 2009. Con ella se pondrá el broche final al año jubilar que se está celebrando en esta diócesis española.

El cardenal Herranz tiene 78 años y es natural de Córdoba (España). Miembro de la Prelatura del Opus Dei, ha sido desde 1994 hasta el año 2007 presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos.

El año jubilar conmemora el martirio del obispo Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio, que fueron quemados vivos en el anfiteatro de Tarragona, en tiempos de los emperadores Galiano y Valeriano. Las actas de su martirio constituyen el primer documento escrito sobre el cristianismo en España.



Atacado un monumento
EL PAÍS – 17.11.08

Un gran monumento dedicado a 12 carmelitas asesinados en la Guerra Civil ubicado en Cervera (Lleida) sufrió un ataque la madrugada de ayer. El conjunto monumental, que ocupa unos 150 metros y está situado en el Clot dels Aubens, simboliza un Vía Crucis. Los agresores, según los Mossos, "arrancaron las cruces e hicieron migas la placa", dejando como firma una bandera independentista catalana y el símbolo del partido comunista. El consejero de Interior, Joan Saura, condenó el ataque y anunció que la Generalitat se pondrá a disposición de los carmelitas para repararlo.


En septiembre, Saura inauguró una ruta de la Guerra Civil en ocho pueblos de la comarca. Su primer punto está ubicado en Clot, donde los religiosos fueron asesinados. El monumento forma parte de la red de espacios de memoria de la Generalitat.
 


Los sacerdotes recuerdan a los "mártires" de la Guerra Civil  (Granadahoy.com - Vn. 7.11.08)
La familia Lorca se persona en la causa de las exhumaciones

El municipio alpujarreño de Turón fue uno de los campos de exterminio más importantes de Andalucía · La iglesia del pueblo fue convertida en una cárcel que acogió a más de trescientas personasEl juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz acepta que los familiares del poeta estén presentes en la apertura de la fosa del barranco entre Víznar y Alfacar

Decir que durante la Guerra Civil y los años posteriores hubo asesinatos y caídos en ambos bandos, nacional y republicano, es empezar por una obviedad que sin embargo se olvida en más ocasiones de las que sería deseable.

Por eso, el acto que tuvo lugar ayer en Turón, un pequeño pueblecito de la Alpujarra entre Granada y Almería, cobra una especial significiación en estos momentos: sacerdotes de la ambas provincias Granada y de Almería se reunieron en el municipio granadino para recodar los horrores que se vivieron allí durante la Guerra Civil, cuando grupos de republicanos convirtieron la iglesia en una cárcel en la que encerraron a 300 personas a las que , según se relata, se sometió a trabajos forzados y que en muchos casos fueron ajusticiados.

El cura granadino Santiago Hoces, que participó en el acto en memoria de las víctimas -durante el que se celebró una eucaristía y una oración martirial a la que acudieron casi una cincuentena de religiosos- y autor de varios estudios sobre el tema de los asesinatos de religiosos, recordó que durante la contienda se asesinaron en España "más de 7.000 sacerdotes, 500 religiosas, algunas de ellas de clausura, y hasta 10 obispos". La Iglesia ha solicitado la canonización de todos aquellos que ayer fueron homenajeados y que, como especifica Hoces, "murieron por causa de odio a la fe católica" y que perdonaron a sus verdugos. "Por eso son unos mártires", justifica el sacerdote granadino.

El sacerdote también hizo especial hincapié en que el motivo de este proceso ni es político ni es reciente, sino que viene de muy atrás. "Hay tres tipos de muertos de la Guerra Civil: los jóvenes de uno y otro bando cuya sangre regó los campos españoles. Otros por la represión política, tanto del lado de Franco como del otro. Y por último, los de la persecución religiosa, que murieron por ser católicos y no por motivos políticos. Esos son los que pedimos que tengan la categoría de mártires del siglo XXI desde hace ya más de dos décadas".

Según el religioso, se solicita la canonización por el "testimonio" que han dejado a los católicos pero en ningún caso para reabrir las heridas por las que supura el odio. "Cuando he ido por los pueblos hablando con testigos y familiares para poder demostrar que murieron con palabras de perdón en la boca no he querido saber los nombres de los que los mataron. La Iglesia Católica no quiere condenar a nadie".

El alcalde de Turón, Juan Vargas, del PP, también se negó ayer a politizar el acto de homenaje y recuerdo a las víctimas. "En Turón murieron muchísimas personas, no se sabe exactamente cuántas, pero casi todos eran gente de fuera. En el pueblo no hay heridas abiertas. Yo he asistido porque soy católico, como se han acercado otros vecinos", zanjó.

El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, que sustituye a Baltasar Garzón -de baja tras una operación-, ha admitido que seis familiares de Federico García Lorca se personan en la causa abierta sobre los crímenes cometidos durante la Guerra Civil y el Franquismo.

El magistrado dictó ayer una providencia en la que da el visto bueno a la personación de la familia, concretamente, a Laura García Lorca de los Ríos; Concepción, Vicente y Manuel Fernández-Montesinos García-Lorca; e Isabel y Gloria García-Lorca. La familia se ha mostrado reticente a las exhumaciones de Dióscoro Galindo y Francisco Galadí, supuestamente inhumados en el mismo enterramiento común y cuyos parientes sí solicitaron a Garzón -y obtuvieron- que se abriera el barranco de Víznar en busca de sus restos mortales.

La personación de la familia Lorca obedece, según explicó ayer su portavoz, Laura García Lorca, a la intención de "estar informados de todo el proceso" y, una vez se proceda a la apertura de la fosa común, poder solicitar medidas de "privacidad". De hecho, la providencia de Pedraz redunda en lo establecido en el auto de Garzón del pasado 16 de octubre, en el que se fijaban las condiciones en las que se deberían llevar a cabo las exhumaciones solicitadas, las de Galindo y Galadí. Textualmente, el auto señalaba que el proceso se realizaría "procurando preservar las medidas de seguridad, privacidad, garantizando la dignidad de las víctimas y familiares". Como novedad, el magistrado sustituto pone a disposición de los familiares del poeta las actuaciones que constan en el Juzgado y les hace saber "la forma y tiempo" en que se desarrollará la exhumación, para lo cual libra un exhorto al Juzgado de Instrucción Decano de Granada.

Por su parte, el vicepresidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Granada, Rafael Gil Bracero, explicó ayer que el equipo de la Policía Judicial destinado a la investigación "quiere cumplimentar su informe de la forma más exhaustiva" posible. Así, defendió que los expertos están recabando información de "fuentes diversas" para que el informe final que se remita a Garzón "no sea unilateral". Además, adelantó que la historiadora Maribel Brenes no será titular de la comisión de expertos designada por el juez, sino que ocupará el puesto de sustituta a favor de otro experto propuesto por otra asociación.

El hispanista Ian Gibson defendió ayer, mientras tanto, que está seguro de que "nada va a poder impedir" la búsqueda de los restos del "poeta español más famoso del siglo", aunque él "no podría aguantar el dolor" de verlos. "Tengo confianza total en que se va a buscar. Nada lo va a poder impedir", "esto está en marcha" y "la familia no creo que pueda influir nada a estas alturas". "El proceso es imparable", declaró Gibson. Belén Rico, Granada.


El 6 de noviembre fue la fecha establecida por el Papa Benedicto XVI para la memoria litúrgica de los 498 mártires beatificados el 28 de octubre de 2007. La CEE pidió que en esta fecha se celebrara también la memoria de todos los Mártires Españoles del siglo XX. Y así es. (Eclesia Digital, 6.XI.08)



La persecución religiosa fue «masiva» y «sádica»

El mundo  - 30.10.2008

Su libro tiene un título elocuente: La Iglesia en llamas (Destino). En él, el filólogo e historiador catalán Jordi Albertí realiza un informe riguroso sobre la persecución religiosa, en el que pone de relieve que «durante la República hubo un plan y una estrategia perfectamente diseñadas para acabar con la Iglesia».

En la presentación de su obra, Albertí explicó que la estrategia tuvo como abanderado a Joan García Oliver, ministro de Justicia con Negrín y líder del movimiento anarquista. «El fue el estratega para acabar con la Iglesia y ensayar un modelo de revolución libertaria inédita».

La estrategia se plasmó en una persecución implacable contra lo que los anarquistas llamaban «la hidra de tres cabezas: Capital, Milicia y Clero. La Iglesia era la cabeza más fácil de atacar, y con un plus de simbolismo».

Siguiendo esta estrategia, se mató «a 7.000 clérigos» y, además, se hizo «con muchísimo sadismo y con intención de cometer sacrilegio de forma deliberada», señala el historiador. Y añade: «No hay analogía alguna ni en Europa ni en el mundo. Quizás la única que se le acerque sea la revolución roja de Pol Pot en Camboya».

Más aún, «el objetivo final era matar a todas las personas religiosas y, de hecho, el 80% de las 50.000 víctimas del bando republicano lo fueron por la cuestión religiosa». Especialmente, a los clérigos se les mataba por «ser representantes de una institución que debía ser destruida».

Albertí asegura que los curas no hicieron nada para merecer ese trato. «No se puede acusar a la Iglesia de conspirar como institución (sí a algún jerarca, como el cardenal Segura), ni de colaborar militarmente con los sublevados».

A su juicio, el jerarca cuya actuación más le escandalizó no fue Segura, sino el entonces Primado de España, Pla y Daniel, que bendijo el derrocamiento del Gobierno con esta frase lapidaria: «Por medios legales, si es posible; pero, si no lo es, por un alzamiento armado».  


La Iglesia prepara la beatificación de "unos 500 mártires" de la Guerra Civil

  • El año pasado ya se celebró una beatificación masiva de 498 "mártires" de la Guerra
  • Durante el pontificado de Juan Pablo II se beatificó a 471 personas en 11veces
  • La CEE dice que las beatificaciones no se contradicen con sus críticas a la Ley de la Memoria

AFP MADRID 17.10.2008 La Conferencia Episcopal Española prepara la beatificación de "unos 500 mártires" de la Guerra Civil, según ha informado el portavoz de la organización, Antonio Martínez Camino. Lo ha adelantado este jueves durante la presentación de un DVD y un libro sobre los "mártires" del siglo XX de la Iglesia católica.

Sería la segunda gran beatificación de la Iglesia Española, después de la de 498 mártires que se celebró el 28 de octubre de 2007 en el Vaticano, la más numerosa hasta la fecha. "Esperamos poder organizar la beatificación de unos 500 mártires, pero aún no hemos decidido cuántos ni cuándo", ha dicho Martínez Camino.

El anuncio ha coincidido con el auto del juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón que se ha declarado competente para investigar las desapariciones y "crímenes contra la Humanidad" cometidos durante la Guerra Civil y los primeros años del Franquismo.

Martínez Camino, según recoge la agencia EFE, ha negado que exista una contradicción entre las beatificaciones de mártires que viene realizando la Iglesia católica y las críticas que ha venido haciendo a la Ley de Memoria Histórica.

Según el portavoz, no se trata de "reabrir heridas" porque la "actividad de la Iglesia de recordar a sus hijos, que han pagado con su vida la fidelidad a su fe, es de siempre, y se remonta a los primeros siglos de la Iglesia cuando no había leyes de Memoria Histórica".La investigación que se realiza para los procesos de beatificación son trabajos que se "vienen haciendo desde mucho antes de la aprobación de la ley" y "no buscan culpables".

Los "mártires" que la Conferencia Episcopal quiere que sean beatificados en Roma, son principalmente religiosos que murieron en diversas circunstancias durante la Guerra.  Ya durante el pontificado de Juan Pablo I, fallecido en abril de 2005, se llevaron a cabo 11 beatificaciones de 471 "mártires católicos".

Según los historiadores, varios miles de religiosos y religiosas españoles fueron asesinados por simpatizantes republicanos anticlericales, antes y durante la Guerra Civil. Por otro lado, unos 50.000 republicanos murieron por las fuerzas nacionalistas, y decenas de miles fueron encarcelados. Tras la victoria de Franco, la Iglesia católica fue uno de los pilares que apoyó el régimen.

Un libro y un DVD

El libro que se presentaba se titula "Los primeros 479 santos y beatos mártires del siglo XX en España. Quiénes son y de dónde vienen" y recoge las biografías de todos los beatificados o ya canonizados antes de 2007. Este volumen sigue la misma línea que el presentado el pasado año con motivo de la beatificación conjunta en San Pedro del Vaticano de 498 mártires el 28 de octubre.

Se ha presentado además un DVD con un vídeo de una hora aproximadamente, imágenes de la ceremonia de beatificación y de la misa de acción de gracias del pasado año, así como testimonios de familiares de los nuevos beatos.
 


 
El Memorial de los nuevos mártires acogió la reliquia de san Pedro Poveda
El cardenal Rouco, Andrea Riccardi y Loreto Ballester en la celebración
 
ROMA, martes, 21 octubre 2008 (ZENIT.org).- El cardenal arzobispo de Madrid Antonio María Rouco Varela hizo este lunes un hueco en sus trabajos en el Sínodo de los Obispos para depositar una reliquia de san Pedro Poveda, mártir y fundador de la Insitución Teresiana, en el “Memorial del testimonio de la fe en el siglo XX y XXI”, en la basílica de San Bartolomé de la Isla Tiberina en Roma.

Junto al cardenal de Madrid, el fundador de la Comunidad de San Egidio, Andrea Riccardi y la directora de la Institución Teresiana glosaron la figura del sacerdote linarense y universal, cuya memoria se extiende a diversos memoriales, capillas e iglesias del mundo, según se conoce su historia.

El memorial, en esta basílica dedicada por el papa Juan Pablo II a este fin, hace presentes a los fieles que vienen a Roma la evidencia de que el martirio es un don ala Iglesia de todos los tiempos, de distintos continentes y confesiones cristianas. El depósito de la reliquia se hizo en el contexto de una celebración de la Palabra.

La solemne procesión, encabezada por el cardenal, en una sugerente tarde romana, con la fachada brillanetemente iluminada, entró la basílica de san Bartolomé portando la reliquia de san Pedro Poveda. Tras llegar al altar mayor, fue depositada en una capilla lateral, a la derecha, junto a mártires mexicanos y otros españoles. En la capilla, destacaba un crucifijo sin brazos, rescatado de la quema de iglesias en Cataluña durante los años de persecución que culminaron en un conflicto violento entre hermanos.

La basílica se llenó con miembros de la Comunidad de San Egidio y de la Institución Teresiana. Los primeros, se encargaron del rito y aportaron un espléndido coro. Los segundos, la historia del santo, las reliquias y un coro que glosó con su música, muy interiorizada y meditativa, repitiendo el inicio de un comentario del mártir al texto bíblico: “Creí por esto hablé, mas yo he sido sumamente abatido”.

El cardenal Rouco saludó a los presentes e introdujo la ceremonia en italiano. Andrea Riccardi hizo una monición explicando el motivo por el que Juan Pablo II quiso este Memorial. Como historiador, hizo también alusión al itinerario vital de Poveda y la Institución Teresiana en su tiempo.

Rodolfo Grasso, miembro de la Institución Teresiana en Italia, leyó un texto de Poveda sobre la mansedumbre cristiana.

Los asistentes siguieron la ceremonia con libretos preparados al efecto por los dos grupos cristianos y tuvieron también la posibilidad de recibir una breve biografía preparada al efecto por la postuladora de la Institución Encarnación González.

Tras la lectura del texto evangélico, el cardenal Rouco pronunció la homilía en español. El cardenal Rouco acogió la canonización de San Pedro Poveda por Juan Pablo II en Madrid en 1993. Esta diócesis introdujo tanto el proceso de las virtudes como del martirio del santo, pues vivía en la diócesis desde hacía muchos años y allí dió la vida por la fe en 1936.

Al final de la ceremonia, la directora de la Institución Teresiana, Loreto Ballester, habló en nombre de la asociación para expresar un sentimiento “de alabanza a Dios cuya santidad se manifiesta en la vida de personas de nuestro tiempo que lo han seguido hasta dar la vida por Él”.

Ballester manifestó su gratitud porque “en la Roma de los primeros mártires, que san Pedro Poveda evocaba a menudo en la vida de santa Inés, estará presente también él, junto a los mártires del siglo XX”.

Recalcando que el fundador de la asociación, traspasa las fronteras de esta familia eclesial, y es de la Iglesia y de los hombres y mujeres de hoy, indicó que, pertenece de modo especial “a los sacerdotes diocesanos”, dado que así se identificaba él mismo.

También es de los laicos porque, dijo, “intuyó anticipadamente su vocación específica a la que el Concilio Vaticano II daría pleno reconocimiento”. Afirmó que se trata del primer fundador de una asociación laicos en el siglo XXI que es mártir y santo.

La directora hizo un llamamiento a ser fieles al seguimiento de Poveda tal como lo describía  Juan Pablo II en la bula de canonización: “Maestro de formación humana y de oración”, decía el Papa, “educador de vida cristiana y de diálogo entre fe y ciencia, se consumió con pasión en favor de la justicia social y de la solidaridad humana”.

Estas notas del perfil vital del mártir Poveda quedaron ayer materializadas en la basílica con un signo visible de su oración diaria: su breviario, y otro sobre su maestría en un terreno en el que hoy como ayer la sociedad se juega mucho, la educación: un folleto pedagógico escrito por el santo con un proyecto para preparar maestros cristianos que fueran a la escuela pública.

La directora subrayó que la presencia de la reliquia del sacerdote andaluz que dió su vida en Madrid en 1936, está aquí por deseo y voluntad del cardenal arzobispo de Madrid, así como por la acogida de la comunidad de San Egidio, que custodia este  memorial de los “Nuevos Mártires”.

Por Nieves San Martín


Monseñor Antons Justs, obispo de Jelgava (Letonia) ( Sínodo de los Obispos - Oct. 2008)
Recuerdo a nuestro sacerdote Viktors, que fue arrestado porque tenía la Santa Biblia. Los agentes tiraron al suelo las Sagradas Escrituras y ordenaron al sacerdote que las pisara. Él se negó, y se arrodilló a besar el libro. Por este gesto fue condenado a diez años de trabajos forzados en Siberia. Cuando regresó, volvió a su parroquia y celebró la Santa Misa. Al leer el Evangelio, alzó el leccionario y dijo: ¡La Palabra de Dios! La gente lloró y dio gracias a Dios.



EL PORTAVOZ DE LOS OBISPOS AFIRMA QUE "LA SANGRE DE LOS MÁRTIRES ES EL MEJOR ANTÍDOTO CONTRA LA ANEMIA DE LA FE"

SERVIMEDIA  - MADRID, 16-OCT-2008

El obispo auxiliar de Madrid y portavoz y secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, aseguró hoy que "la sangre de los mártires es el mejor antídoto contra la anemia de la fe".

Martínez Camino hizo esta afirmación en rueda de prensa al presentar los libros "Los primeros 479 santos y beatos mártires del siglo XX en España. Quiénes son y de dónde vienen" y "Mártires del siglo XX en España. Don y desafío", ambos editados por María Encarnación González, directora de la Oficina para la Causa de los Santos.

El portavoz de los obispos dijo que estos dos libros recogen la biografía de "casi mil mártires, reconocidos como tales por la Iglesia, personas que dieron su vida en la persecución de los años 30 en España".

Asimismo, presentó un DVD oficial con las imágenes de los tres actos celebrados en Roma del 27 al 29 de octubre de 2007 con motivo de la beatificación de 498 mártires del siglo XX en España.

Martínez destacó que la citada beatificación "está llamada a tener un eco pastoral y un fruto pastoral muy importante, porque el testimonio de los mártires es siempre para la Iglesia origen de vida".

Finalmente, señaló que las diócesis españolas trabajan en los procesos de beatificación de otros 800 mártires, de los que 47 se encuentran ya en la Congregación para las Causas de los Santos en Roma.

Asimismo, comentó la intención de la CEE de celebrar una beatificación de estos mártires como la celebrada el pasado año en Roma, aunque no precisó ni dónde ni cuándo.
 

 


 

El próximo día 6 de noviembre se celebra la festividad litúrgica de los 498 mártires españoles

Los mártires, antídoto ante la anemia de la Fe

El secretario general de la Conferencia Episcopal Española y obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, presentó esta mañana el DVD oficial con imágenes de los tres actos celebrados en Roma del 27 al 29 de Octubre, destacando que el testimonio de los mártires es el “antídoto ante la anemia de la Fe”.

Álvaro Real - 16-10-08

 Mártires de la persecución religiosa de los años 30

Durante el acto se presentó el DVD con materiales en el que, explicó monseñor Martínez Camino, se “subraya aquel acontecimiento presente de la vida de la Iglesia, llamado a ser un elemento de pastoral importante, como testimonio y origen de vida”.

Asimismo, se presentaron dos libros.

1. “Los primeros 479 santos y beatos mártires del siglo XX en España”, que recoge las biografías de todos los beatificados o ya canonizados antes de 2.007 y la relación de los santos y beatos con las diócesis españolas y con otros países, bajo cinco conceptos: nacimiento, estudios, trabajo y/o actividad pastoral, martirio y sepultura actual.

2. “Don y desafío. Mártires del siglo XX en España”, que muestra una serie de estudios sobre el tema, tras las III Jornadas convocadas por la Oficina para la Causa de los Santos.

El próximo día 6 de noviembre tendrá lugar la celebración llitúrgica de los 498 mártires del siglo XX en España, que fueron beatificados en Roma el pasado 28 de octubre y que según explicó monseñor Martínez Camino: “esta actividad de la Iglesia de recordar a sus hijos que han pagado con la vida la fidelidad a su fe es de siempre, se remonta a los primeros siglos de la Iglesia, cuando no había leyes de Memoria Histórica”.

 


 

Con motivo del primer aniversario de la Beatificación, en Roma, de 498 mártires del siglo XX en España que se cumple el próximo 28 de octubre, y de la festividad litúrgica de los nuevos beatos que se celebra cada año el día 6 de noviembre, la Conferencia Episcopal Española (CEE) presenta a los medios de comunicación el DVD oficial con imágenes de los tres actos celebrados en Roma del 27 al 29 de octubre de 2007.

El DVD ha sido producido por la CEE en colaboración con la Productora de Televisión de la Universidad CEU-San Pablo. La dirección y el guión son de Isidro Catela Marcos, Director de la Oficina de Información de la CEE.

Así mismo, la CEE presenta los libros Los primeros 479 santos y beatos mártires del siglo XX en España. Quiénes son y de dónde vienen, y Mártires del siglo XX en España. Don y desafío, ambos editados por Mª Encarnación González Rodríguez, Directora de la Oficina para las Causas de los Santos.

En breve, verá la luz un tercer libro titulado Beatificación de 498 mártires del siglo XX en España. 28 de octubre de 2007, que a modo de crónica incluye abundante material gráfico de la mencionada celebración. 

Nota de Prensa de la Oficina de Información de la CEE

Madrid 16 de octubre de 2008

 LOS PRIMEROS 479 SANTOS Y BEATOS MÁRTIRES DEL SIGLO XX EN ESPAÑA QUIÉNES SON Y DE DÓNDE VIENEN

Edición preparada por Mª Encarnación González Rodríguez

Directora de la Oficina para las Causas de los Santos

Editorial EDICE – Madrid 2008, 777 pp.

Los primeros 479 santos y beatos mártires del siglo XX en España. Quiénes son y de dónde vienen recoge, en una primera parte, las biografías y las fotografías de todos los beatificados o ya canonizados antes de 2007. Pertenecen a 30 Causas y fueron beatificados en 11 ceremonias, lo que ha servido para dar orden a la obra y recoger cada homilía del Papa. Igualmente están incorporadas, en su grupo correspondiente, las dos ceremonias de canonización que tuvieron lugar.

La segunda parte de la obra está dedicada a la relación de los santos y beatos con las diócesis españolas, y con otros países, bajo cinco conceptos: nacimiento, estudios, trabajo y/o actividad pastoral, martirio y sepultura actual.

Completa la obra una amplia bibliografía sobre estos santos y beatos mártires del siglo XX en España, y los correspondientes índices onomástico, geográfico, cronológico y temático.

La sangre de los mártires es el mejor antídoto contra la anemia de la fe.

Lo puso de manifiesto, entre otras cosas, el gran interés con el que fue acogido el libro Quiénes son y de dónde vienen. 498 mártires del siglo XX en España (EDICE, Madrid 2007). Junto a éste, el volumen que ahora se presenta completa el panorama del martirio en el siglo XX en España y ofrece una nueva oportunidad para que la opinión pública se abra a la comprensión del potencial de humanidad y de salvación que se halla en el testimonio de los mártires.

 

OFICINA DE PRENSA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

 


 

Primer aniversario de la beatificación de casi 500 mártires españoles
Varios libros y un DVD conmemoran este acontecimiento
 
MADRID, jueves 16 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Los obispos españoles proponen la memoria de los mártires españoles del siglo XX, con motivo del primer aniversario de la causa de beatificación más numerosa de la historia, la de los 498 asesinados durante la persecución religiosa de 1936, beatificados el 28 de octubre de 2007 por el Papa Benedicto XVI.

Con motivo de este aniversario, se presentó hoy en la sede de la Conferencia Episcopal Española una serie de materiales elaborados por esta institución, en los que recogen las causas de martirio tramitadas hasta ahora.

Se presentaron dos libros, elaborados por Mª Encarnación González Rodríguez, Directora de la Oficina para las Causas de los Santos: Los primeros 479 santos y beatos mártires del siglo XX en España. Quiénes son y de dónde vienen, y Mártires del siglo XX en España. Don y desafío.

“La sangre de los mártires es el mejor antídoto contra la anemia de la fe”, explicaron los responsables del proyecto. Estas obras “completan el panorama del martirio en el siglo XX en España y ofrece una nueva oportunidad para que la opinión pública se abra a la comprensión del potencial de humanidad y de salvación que se halla en el testimonio de los mártires”.

Está prevista la aparición de un tercer libro, a modo de crónica, sobre la celebración de beatificación de los 498 mártires, el año pasado. También se ha editado un DVD sobre esta celebración, realizado por el Director de Información de la Conferencia Episcopal, Isidro Caleta, en colaboración con la Productora de Televisión de la Universidad CEU-San Pablo.

“Tratar con mártires, tratar con santos, siempre genera alegría, esperanza, comunión. Son los frutos que esperamos y deseamos a quienes se acerquen a los estudios, reflexiones y experiencias que aquí se ofrecen”, concluyeron.


 

Mártires de [persecución religiosa] de la guerra civil española

12-10-2008

CAMINEO.INFO / GAMA.- La guerra civil española fue un drama que afectó la vida de millones de seres humanos, y que no deja de suscitar recuerdos y debates sobre el significado de aquel momento trágico de la historia de España....[ ]

El número de víctimas fue muy elevado. Queremos ahora fijar la atención en los miles y miles de cristianos que fueron asesinados simplemente por ser lo que eran: seguidores de Cristo, miembros de la Iglesia.

¿Por qué surgió tanto odio hacia personas desarmadas, que tenían el “delito” de ser católicos? ¿De dónde venía el deseo de acabar con la Iglesia? ¿Qué incitaba a tantas personas, asociadas de modo estable o unidas ocasionalmente, a destruir la vida de sacerdotes desarmados, algunos de ellos jóvenes, otros ya ancianos, que no habían cometido otra “fechoría” que la de ser sacerdotes? En otras palabras, ¿por qué hubo tanto rabia contra quienes comprometieron sus vidas para servir al Evangelio, a Cristo y a la Iglesia?

La respuesta no es fácil. Porque el odio contra la Iglesia católica y contra los sacerdotes venía de muy lejos. Se había inculcado en España desde el siglo XIX, y había contado con una curiosa alianza de ideas provenientes de dos grupos aparentemente muy distintos entre sí: el grupo masónico-burgués, y el grupo marxista-anarquista-proletario.

Como ejemplos de esa campaña, podemos recordar la abundante cantidad de libros y publicaciones populares que se divulgaron en el primer tercio del siglo XX y que estaban llenas de alusiones sumamente despectivas contra la Iglesia.

Pongamos algunos ejemplos:

-La portada de una publicación socialista en 1902 era un obrero con una escoba que barría a la “vieja España”: un militar, un juez, un capitalista y un sacerdote.

-En un discurso pronunciado en la Liga laica (Madrid, 2 de noviembre de 1930) se invitaba no sólo a defenderse del catolicismo, sino a combatirlo.

-En 1936 se podían contar en España 146 diarios antirreligiosos. Se publicaban libros con títulos claramente ofensivos. Por ejemplo, “Jesucristo, mala persona”; “Las santas garras de la Iglesia”, etc.

La labor de propaganda fue profunda y afectó a miles de personas. No es de extrañar, por tanto, que cualquier ocasión pudiera convertirse en un pretexto para quemar iglesias, insultar a los sacerdotes o religiosos, y llegase a desembocar en formas más graves de violencia. Ocurrió en 1909, en la “Semana Trágica de Barcelona”, donde fueron incendiados unos 70 edificios religiosos. Ocurrió en 1931, en los primeros meses de la República, especialmente en las grandes ciudades. Ocurrió en la revolución de Asturias (1934), donde fueron asesinados varios sacerdotes.

El clímax de odio y de matanzas llegó con la guerra civil y la revolución en la zona republicana. Las cifras hablan por sí mismas: fueron asesinados 12 obispos, más de 4000 sacerdotes, 2365 religiosos, 283 religiosas, y un número difícil de calcular de laicos católicos.

A pesar de los datos y de la existencia de abundantes documentos que prueban la incitación continua y sistemática de odio hacia lo católico, sigue vigente un mito difícil de extirpar, también entre algunos católicos. Según este mito, el odio hacia la Iglesia habría surgido porque las masas populares veían a los obispos y al clero como aliados de la monarquía, de la nobleza y de la burguesía, es decir, como si fueran los promotores de la perpetuación de un sistema social injusto.

Afirmar lo anterior supondría, como ha observado algún estudioso, que en algunos existiera un extraño deseo de “regenerar” a la Iglesia para apartarla de sus delitos y para “convertirla” a un ideal superior de justicia y de revolución social donde sería posible encontrar la verdadera realización del ser humano.

Esta suposición, sin embargo, ha mostrado su falsedad tras el derrumbe de las dictaduras más terribles del siglo XX, el nacismo y el marxismo. Aquellas utopías llenas de odio y de violencia no construyeron un mundo mejor. Si la Iglesia hubiera cedido a las mismas, como esperaban quienes pedían a los sacerdotes, a través de amenazas, que dejasen a Cristo para seguir sus sueños revolucionarios, hoy la Iglesia sería señalada como una sociedad fracasada y aliada de las peores dictaduras jamás conocidas en la historia humana.

En segundo lugar, hay que hacer siempre patente la injusticia de cualquier acto que, nacido desde el odio hacia el “distinto”, lleva al asesinato de seres humanos inocentes y desarmados, sin juicio, sin defensa, a veces incluso sin ninguna acusación de delitos señalados como tales por la ley.

¿Qué tipo de legitimidad puede tener un estado, una sociedad, que asesina a personas simplemente por pertenecer a una religión, por trabajar como sacerdotes? ¿No se podría hablar de una situación absurda de “genocidio”, en el que miles de católicos fueron asesinados solamente porque pertenecían a un “grupo” despreciado en masa y sin posibilidades de defenderse ante los tribunales?

Es cierto que resulta posible reconocer que algún sacerdote o religioso ha vivido de modo indigno, incluso que ha cometido abusos o delitos punibles por la justicia. En esos casos, un estado de derecho aplica las leyes y castiga al culpable por sus actos. Pero nunca puede considerarse justa una sociedad, un estado o un grupo revolucionario, si permite el asesinato en masa de seres humanos simplemente porque son “sacerdotes” o porque son “católicos”.

Si vamos más a fondo, podríamos reconocer que el drama de los mártires del siglo XX en España (y en tantos otros lugares de la Tierra) es parte de una historia más compleja y más lejana, que tiene su raíz en el odio que Satanás tiene contra Cristo y contra su Iglesia. Ese odio ha provocado la muerte de miles de hombres y mujeres, a través de tormentos y abusos inde scri ptibles, simplemente porque eran seguidores de Cristo.

Sabemos, sin embargo, que en la dimensión de la fe y del amor, esas muertes no fueron derrotas, sino victorias. Cada mártir, con su entereza, con su adhesión a Dios, dice al mundo que existen verdades que no pueden quedar destruidas por el miedo, el crimen o la persecución absurda de los dictadores de turno (sean de “derechas” o de “izquierdas”).

La sangre de los miles de mártires españoles no ha sido estéril. Ellos, como tantos millones de mártires de todos los pueblos y de todos los siglos, gozan ahora de la compañía de una multitud inmensa de santos. Con sus vidas y con sus muertes, nos testimonian la existencia de un mundo superior y de un Dios bueno.

Con la ayuda de ese Dios, es posible también hoy, como lo atestiguan los mártires del pasado, vivir el amor a la verdad hasta el heroísmo, hasta derramar la última gota de la propia sangre con un grito lleno de fe y de esperanza: ¡Viva Cristo Rey!

(Algunos de los datos numéricos han sido tomados de la siguiente obra: Ángel David Martín Rubio, La Cruz, el perdón y la gloria. La persecución religiosa en España durante la II República y la Guerra Civil, Ciudadela, Madrid 2007)
 




España: "Recuperar la memoria del pasado debe servir para que convivamos mejor"

Habla el historiador español José Andrés-Gallego

 
MADRID, viernes, 19 septiembre 2008 (ZENIT.org).- A mediados del pasado mes de agosto, el juez español Baltasar Garzón, a petición de varias asociaciones de descendientes de personas represaliadas por el franquismo, instaba a varias instituciones a darle datos sobre el fallecimiento de estas personas. Entre otras instituciones, se dirigió a la Conferencia Episcopal Española pidiendo que "le facilitara el acceso a los archivos parroquiales.

A primeros de septiembre, la Conferencia Episcopal respondía de forma privada al juez Garzón que sus servicios jurídicos no tenían competencias sobre dichos archivos, y que por tanto no podían atender a su petición.

Canónicamente, la Conferencia Episcopal no tiene potestad legislativa ni ejecutiva sobre las diócesis, que son plenamente soberanas en todos los asuntos que les atañen, y que sólo se encuentran sujetas a la jurisdicción de la Sede de Pedro.

Sobre esta cuestión habló a Zenit el historiador español José Andrés-Gallego, experto en Historia contemporánea y miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

--Como historiador, ¿qué opinión le merece esta petición del juez Garzón a la Conferencia Episcopal? La Conferencia Episcopal ya ha contestado que no tiene competencias para facilitar al juez el acceso a archivos parroquiales.

--José Andrés-Gallego: Lo que desea cualquier historiador es que se conozca la historia y que, por tanto, se sepa todo lo que vale la pena saber. Pero no ya como historiador, sino como persona, me parece que, tanto a los historiadores, jueces, obispos, como a todo el mundo, lo que tiene que preocuparnos es convivir y -aunque no se suele decir- querernos unos a otros.

Siempre es bueno averiguar la verdad, pero sin perder de vista que eso tiene sentido porque, con ella, se puede conseguir que convivamos mejor.

No sé si el procedimiento que ha seguido Garzón es el más correcto. Para que se sepa quién vive y quién no, están precisamente los registros civiles. Quizá tenga que comenzar por ahí y, sólo si encuentra indicios -como parece que los hay- de que los registros civiles de esa época están incompletos, tendrá que proceder a las comprobaciones pertinentes.

Uno de los caminos, sin duda, es el de los registros parroquiales de defunción. Pero, si tiene potestad para ello, lo lógico es que pida a los párrocos las correspondientes certificaciones. Es lo que hacemos todos cuando nos hace falta.

A los obispos -y que yo sepa-, lo que les compete es servir a todos los demás para que encuentren mejor a Dios. Así como suena. Garzón es hombre de formación hondamente católica -me consta- y lo sabe perfectamente.

--¿Podría darnos números y datos que ilustren de cuántos muertos hubo aproximadamente de uno y otro bando, es decir, cuáles son las dimensiones reales de estos hechos?

--José Andrés-Gallego: No se ha hecho un cálculo fiable de las víctimas. Hay dos razones (en realidad, dos grupos de razones) que lo han impedido hasta ahora. Uno es que, en una guerra, los registros de mortandad no siempre se pueden llevar con el rigor necesario.

Por ley, todas las muertes que tuvieron lugar durante la guerra y después de ella tendrían que haber sido recogidas en los registros civiles, cualquiera que fuese la causa del fallecimiento. Pero, en no > pocos casos, las inscripciones se hicieron después, ya acabada la guerra. Y no hay seguridad de que se dejara constancia de todas.

Habría, por tanto, que proceder, primero de todo, a una revisión y actualización de los registros civiles. Cosa que no es competencia de los obispos ni de los párrocos, sino de los registradores. Puede ser, eso sí, excesivamente costoso. Pero corresponde a los jueces y a los legisladores decidir si compensa o no. Y desde luego compensaría -a mi juicio- si, con eso, pudiera mejorarse la convivencia.

A falta de eso, sólo contamos con sondeos y con estimaciones aproximadas, que oscilan por lo menos entre los 75.000 y los 250.000 muertos. Es tanto como desconocerlo todo. Y suscita todo género de reservas el hecho de que las cifras oscilen como oscilan en función de las preferencias políticas de quien las propone, sea de derechas o de izquierdas.

Yo partiría de la hipótesis (sin olvidar jamás que no pasa de ser una hipótesis) de que la represión fue desmedida en los dos bandos entre julio y noviembre de 1936. No me extrañaría que, en ese

período, el número de muertos se pareciera en ambas partes. Los gobernantes de las dos zonas prohibieron reiteradamente que se llevará a cabo ejecución alguna sin juicio previo. Pero las autoridades de la zona republicana nunca tuvieron fuerza suficiente para hacerlo cumplir, en tanto que los militares sublevados con Franco lo consiguieron en gran medida en el otoño de 1936.

Desde esa fecha, por lo tanto, la represión fue completamente distinta. En la zona republicana, siguió sin control, en tanto que, en la de Franco, fue fruto -en la mayoría de los casos- de sentencias dictadas por jueces, tras juicios, eso sí, sumarísimos, como era y es característico de la jurisdicción militar, máxime en tiempos de guerra.

De que esos juicios sumarísimos se hicieron a veces a partir de denuncias completamente falsas, doy fe por la experiencia de mi propia familia. No puedo decir más porque no hay estudios fiables.

Pero no hay que dar por supuesto que la diferencia de procedimiento hiciera que los muertos en un bando fuesen menos que en el otro. Habría que comprobarlo. Lo que sí es verosímil es que la arbitrariedad fuera mayor en una zona que en otra. Pero no que dejase de haber arbitrariedad en alguna de ellas.

Una vez terminada la guerra, es obvio que las autoridades y militantes de la zona republicana no pudieron continuar la represión como las franquistas. Sólo cabe hacer conjeturas de lo que habrían hecho los comunistas a juzgar por las purgas que llevó a cabo Stalin, y ellos y los socialistas y todos los demás a juzgar por lo que hicieron los de la Resistencia francesa cuando se vino abajo el régimen de Vichy (Resistencia a la que se habían incorporado bastantes exiliados españoles).

La cifra de los franceses a quienes mataron -unos u otros, entre los enemigos del mariscal Petain- se conoce desde hace años y las cifras son similares a las que se suponen para España. Lo que ocurre es que los franceses tienen el sentido común de no insistir en ello ni mucho menos pelearse por esa razón. Pero fue una represión semejante a la española, sólo que de signo político distinto. Y se ha comprobado que, en no pocos casos, se trató de verdaderos ajustes de cuentas e incluso asesinatos que, en realidad, tenían poco que ver con la política.

Se puede alegar -con razón- que no pocos de los ejecutados en la represión que siguió en España a la guerra habían cometido verdaderos asesinatos (probados). Pero, aun así, hubo falsedades y exageraciones sincuento.

-¿Cuál fue la labor de la Iglesia española en relación con las represalias de uno y otro bando? ¿Se puede "colgar" a la Iglesia, como algunos grupos pretenden, la responsabilidad sobre ellas?

--José Andrés-Gallego: A Franco y a quienes pudieron ejercer alguna influencia sobre él, les faltó la magnanimidad necesaria para perdonar. Se lo pidieron pública y privadamente varios obispos (me consta de Pildáin, de Olaechea, de Gomá...). Pero no que se les hizo caso y, ciertamente, no fueron más allá con sus peticiones. De monseñor Pildáin, sí se recuerda que llegó a ir al lugar donde se ejecutaba a la gente para ponerse en medio e impedirlo.

En todo caso, pedir cuentas de lo que hicieron o dejaron de hacer los obispos y nada más me parece una forma de escurrir el bulto. Para empezar, la guerra de 1936 fue una guerra entre bautizados. Por tanto, en el sentido más profundo de la realidad, fue una guerra que se desarrolló en el seno de la Iglesia. A estas alturas, no debería hacer falta recordar que la Iglesia la formamos todos los bautizados, incluidos los que no van a misa.

Lo que hay que preguntarse, en consecuencia, es cómo aquellos españoles de 1936 y de 1939 -en su inmensa mayoría, bautizados (de izquierdas o derechas)- llegaron a acumular todo el odio que acumularon y no fueron capaces de superarlo y sustituirlo por la caridad y el perdón que exigió a gritos el obispo Olaechea desde el púlpito de San Agustín de Pamplona.

Lo que se podría llamar la cristiandad española (repito: de izquierdas y derechas) pasó de ser mártir y martirizadora en 1936 a ser simplemente mezquina desde 1939 (y durante no pocos años). Eso es, a mi entender, lo que valdría la pena aclarar y no afanarse en cavar cunetas. No hace falta que a uno lo subvencionen para saber que, a la mayoría, unos y otros los mataban en las tapias del camposanto más cercano y arrojaban el cadáver a la fosa común.

--Siempre como historiador, qué le parece el desarrollo que está tomando la Ley de Memoria Histórica.

--José Andrés-Gallego: Me temo que seguimos instalados en la mezquindad de 1939, ahora bajo el paraguas de la constitución de 1978 como antes bajo el paraguas de los Principios Fundamentales del Movimiento. A efectos de convivencia, la postura es la misma. Luego nos quejaremos de que la juventud "pasa" de nosotros. Hacen bien; aunque lo hagan mal.


El viernes 27 de junio, Mons. D. Juan Antonio Martínez Camino, Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, realizó una presentación de la situación de la Iglesia en España, en la que recorrió brevemente las diócesis españolas y destacó algunos eventos que han tenido lugar en el último año y que han resultado de especial relevancia para la Iglesia en España, como por ejemplo la beatificación de 498 mártires del siglo XX el pasado mes de octubre en Roma, (Zenit 02.07.2008)


Hay esperanza: España recuperará la memoria y la libertad
El Semanal Digital - Pascual Tamburri - 27.06.2008

[...]  Pero entonces alguien pondrá sobre la mesa el libro "Mártires navarros del siglo XX", un compendio de 152 historias de fe publicado con el apoyo de Jaime Ignacio del Burgo. Obra de don José Antonio Marcellán corregida y actualizada por don Santiago Cañardo, recuerda de manera muy sencilla que en el siglo XX hay navarros que "han sufrido el martirio de la gran causa de Dios y han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución".

Un libro que según don Fernando Sebastián "nos recuerda la vieja tradición de nuestros mártires, las raíces más vigorosas de nuestra fe, los modelos más auténticos de nuestro estilo cristiano". Hombres como el obispo Irurita hacen decir a don Francisco Pérez que "el martirio no tiene su base solamente en lo físico, sino sobre todo en la oblación de la propia vida por la fe en Jesucristo. Morir al propio yo para que sea Cristo quien reine en el corazón de la persona, es el exponente mayor de una entrega generosa donde uno no cuenta sino que sólo cuenta Dios".


Los cuarenta mártires del Brasil, Ignacio Azevedo y sus compañeros, murieron en el mar a manos de unos piratas calvinistas, en 1570, que los asaltaron cuando navegaban a la altura de las islas Canarias rumbo a las misiones. Casi todos los mártires eran jóvenes llenos de esperanzas, que acaban de salir del noviciado. "No lloréis, hijos. No llegamos a Brasil, pero vamos a fundar hoy un colegio en el cielo"·  Ecclesia digital, lunes 9 de junio de 2008
 


Pero, ante esto, mucha fe y esperanza. El martirio es semillero de cristianos. Como afirma Miguel Aranguren en su última novela, «La sangre del pelícano», «cuanto más nos golpeéis, con mayor pureza nos regeneraremos».  La Razón - Alex Navajas, 8 de junio 2008.

 


Precisamente, la tarea más bella del Buen Pastor es compartir camino y destino con su rebaño, como quedó demostrado en tantos obispos mártires del siglo XX español que no dudaron en dar generosamente la vida por su rey y por sus verdugos, en un máximo ejemplo de amor cristiano. ABC, sábado 7 de junio de 2008.

 


Una comunidad martirial (Alfa y Omega, 593) - Cuando la mayoría de la comunidad del Primer Monasterio de la Visitación marchó a Navarra, al comienzo de la Guerra Civil, siete se quedaron en Madrid para seguir atendiendo, en lo posible, el monasterio y el culto. Pensaban irse turnando, pero sólo se produjo un relevo. Desde la casa donde se habían refugiado, vieron arder su convento.
Estaban denunciadas desde agosto, pero no fueron apresadas hasta noviembre. Al marcharse la Madre superiora, el grupo había hecho ofrenda de su vida. No quisieron separarse ni comprometer a nadie, así que rechazaron las ofertas de ponerse a salvo, a pesar de saber a ciencia cierta que corrían peligro, lo que las convirtió en «una comunidad martirial». El día anterior a su detención, unos milicianos se habían despedido de ellas hasta mañana. Tras pasar esa noche en oración, pudieron afirmar a la portera: «Nuestras cuentas están cerradas», y recibir el martirio con alegría, aunque algunas eran muy miedosas. «Su testimonio nos estimula mucho», afirman las Hermanas María Belén y María Mercedes.

 


En este plano humano resulta sobrecogedor el relato del fusilamiento de sus padres, al mes de iniciarse la Guerra Civil, vivido por un niño de diez años, Gabino Díaz Merchán, que tiempo después sería presidente de la Conferencia Episcopal, de 1981 a 1987, y arzobispo de Oviedo hasta 2002. La Razón, 26 de Mayo de 2008

 


Entrevista a Javier Morales, autor de "El Símbolo hecho Piedra" Minuto Digital, 13.5.2008 - Esas escenas se interpretan dando a conocer los miles y miles de ajusticiados mártires que perdonaron a sus verdugos, los miles de chicos y chicas jóvenes que entregan sus vidas y envejecen con alegría al servicio de los más desheredados del planeta, como religiosos o no, en misiones humanamente abominables o en los hospitales de incurables o en los suburbios de todo el planeta. De todos modos no soy pesimista. Esta experiencia no va a terminar y esta es la verdadera enseñanza.


Hijos del martirio - Alfa y Omega, Nº 594. Isidro Catela consigue reflejar selectos y decisivos trazos de esa privilegiada memoria en este libro. Un acontecimiento destaca sobre todos los demás: el martirio durante la persecución religiosa de los años 30. El testimonio de monseñor Díaz Merchán es especialmente impactante. Los milicianos se llevaron a su padre, sólo por ser cristiano. La madre del hoy arzobispo emérito de Oviedo comprendió de inmediato que su marido necesitaba su compañía, y aceptó morir con él. «Mi padre lloraba y se preguntaba en voz alta que qué iba a ser de nosotros, sus hijos. Mi madre le enjugaba las lágrimas y le respondía: Tranquilo, Dios se ocupará de los niños. No vas a quererlos tú más que lo que Dios los quiere, y si Dios quiere esto de nosotros en este momento… Además, piensa que dentro de poco tiempo vas a estar delante del Señor. Le fue haciendo jaculatorias, le cogió del brazo y le vendó los ojos cuando los pusieron ante los fusiles».


Juan Manuel de Prada en ABC, "Dosmayeando", sábado 3 de mayo de 2008 - Citando el epílogo de D. Marcelino Menéndez y Pelayo en la Historia de los Heterodoxos españoles:
«Esta unidad se la dio a España el cristianismo. La Iglesia nos educó a sus pechos con sus mártires y confesores, con el régimen admirable de sus concilios por ella fuimos nación, y gran nación, en vez de muchedumbre de gentes colecticias, nacidas para presa de la tenaz porfía de cualquier vecino codicioso. (...) España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectores o de los reyes de taifas».