
Garralda: «Francisco Franco sacó a la Iglesia española de las catacumbas» La Nueva España, Oviedo
El párroco de San Nicolás de Bari abogó por la
beatificación de los mártires de la persecución
religiosa Oviedo,
Nicole CACHO - Mc. 17.02.2010
Puntual como un reloj y con el auditorio del Club
Prensa Asturiana de LA NUEVA
ESPAÑA con un lleno total, el padre Ángel
Garralda García presentó ayer la reedición de su
libro «Martirios y odiseas. Persecución religiosa
del clero en Asturias (1934, 1936 y 1937)», una
publicación que, según su autor, es la página más
importante de la historia de la Iglesia ovetense y
la más triste. Páginas que este sacerdote navarro
dedica a los mártires de aquella época, que, por
fortuna, el difunto Papa Juan Pablo II los tuvo en
mente y comenzó las labores de subirles a los
altares. Y es que, como recordó Garralda, fueron más
de 6.000 los mártires españoles que perdieron la
vida en aquella época.
«Los testigos recordamos aquella tormenta satánica,
ahora casi todos los medios de comunicación
califican de bestialidad aquella Guerra Civil
metiendo en el mismo saco a culpables e inocentes»,
reclamó el sacerdote, que añadió que «ahora que se
pretende hacer una falsa memoria histórica
saltándose el primer capítulo y yendo directamente
al segundo sin preguntarse quién empezó a asesinar».
El párroco de San Nicolás de Bari, presentado por
José Luis Pérez de Castro, detalló que comenzó a
escribir «Martirios y odiseas» en el año 1977. «Para
entonces ya había fallecido Franco, el mayor
bienhechor de la Iglesia católica en España,
sacándola de las catacumbas. Porque dos veces nos
liberó del marxismo en Asturias», opinó Garralda,
que apostilló: «Comprendo que haya gente que les
moleste esto que digo, pero son verdades como
puños».
En las palabras de Garralda también hubo
reconciliación. «Perdonar al enemigo es la quinta
esencia de la fe cristiana. Mi madre y mi familia,
que sufrieron persecución, me enseñaron a perdonar y
siempre he estado muy lejos del pecado del odio»,
sentenció el teólogo, que se mostró muy contento de
ejercer el sacerdocio en Avilés, «por lo cerca que
está de Oviedo y lo cerca que está de Dios».
El Cristo de Monteagudo
CAMINEO.INFO.- Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. (Lc. 6).
En Murcia, don José Luis Mazón – abogado él – parece ser que quiere que retiren la estatua del Sagrado Corazón de Jesús del pueblo de Monteagudo. Su demanda dice estar "apoyada en la fuerza de la luz de la razón frente al poder decadente del oscurantismo que niega la supremacía de la razón" (don José Luis dixit). Le estorba la estatua que preside lo alto de una peña porque estropea el castillo árabe en el que se ubica esa imagen del Sagrado Corazón. Lo que pasa es que el cabreo de la buena gente de la pedanía murciana es de aúpa.Y no les falta razón porque ese Sagrado Corazón dicen que forma parte de la idiosincrasia del pueblo: de su paisaje, de su historia, de los valores que han conformado el carácter del pueblo.
El señor José Luis Mazón es buena muestra del laicismo cristofóbico que caracteriza al progresismo español en el poder. Es de los que propugnan que la religión y sus símbolos deben desaparecer de la vida pública. Los cristianos deben aprender "que los símbolos de sus privadas creencias" (cito textualmente al señor Mazón en un artículo suyo publicado en La Verdad de Murcia) sólo se deben exhibir "en sus lugares de culto, en sus domicilios, o sobre sus propios cuerpos, pero el espacio público es sagradamente neutral" (lo de "sagradamente" no deja de resultar sarcástico). Según este iluminado de la diosa Razón, la fe debe quedar relegada a lo privado. Y apelando como fuente de autoridad histórica al señor Amenábar y a sus película Ágora (que manda narices), nos pinta a los cristianos como fanáticos irracionales y peligrosos integristas dispuestos a apagar el faro de la razón que es el único que nos debe iluminar.
Lo que ocurre en Monteagudo, según este "iluminado" es un nuevo capítulo de la lucha "entre la racionalidad que encabezó y triunfó en la Revolución de 1789 en Francia, y la irracionalidad, la primacía de lo visceral" (cito de nuevo al propio señor Mazón). Se olvida el señor Mazón de que la Revolución Francesa, guiada por esa pura racionalidad que los iluminaba, condujo a la guillotina a miles de franceses. Y es que la razón sin corazón nos hace perder la cabeza, como le ocurre (entiéndase esta vez de manera figurada) a don José Luis.
Como se ve que usted no sabe muy
bien lo que representa esa imagen del Sagrado
Corazón que bendice al pueblo desde lo alto del
monte, se lo voy a explicar, señor Mazón: ese
Sagrado Corazón está ahí porque mientras los
progresistas, que gobiernan España y que comulgan
con sus mismos postulados ideológicos, han enviado
al paro a más de cuatro millones de españoles, los
cristianos irracionales, oscurantistas y fanáticos,
organizan comedores sociales que sufragan con su
propio dinero para alimentar a miles de familias que
ya no tienen ni para comer. Y eso lo hace en toda
España Caritas, que es la Iglesia Católica, señor
Mazón: no las casas del pueblo de la UGT ni la logia
masónica de guardia. [....]
La revolución cristiana es la revolución del amor,
señor Mazón. El logos de Dios es el amor y lo que
nos pide Jesús es que le amemos a usted, don José
Luis, aunque usted sea nuestro enemigo declarado.
Dicen que tiene usted miedo a la reacción violenta
de los católicos. No tema, señor Mazón. Si hubiera
dibujado usted una caricatura de Mahoma no le diría
lo mismo. Pero nuestra revolución, la de los
cristianos, no es política ni ideológica ni
violenta. Nuestra revolución pasa por la Cruz de
Cristo y por su Resurrección que representa el
triunfo del amor sobre el odio; la victoria de la
verdad sobre la mentira, de la vida sobre la muerte
y de la compasión sobre la crueldad. Nuestras únicas
armas son el rosario, la oración y los sacramentos.
Nuestra fe se propone (en la plaza pública, a tiempo
y a destiempo) pero no se impone. Le recuerdo a
usted que Jesús predicó en la calles y en las
sinagogas; en los montes y en las ciudades. Y nos
pidió a nosotros, su Iglesia, que fuéramos sus
testigos en el mundo. Y lo vamos a seguir siendo,
señor Mazón. [.........] El odio a Dios y la
persecución a los cristianos no son nada nuevo en la
historia de los últimos dos mil años. Incluso antes
de Jesucristo ya mataban a los profetas. Nuestra
respuesta, señor Mazón, a las provocaciones y a las
persecuciones – no se preocupe usted – no va a ser
violenta. No tema. Nuestra mejor manera de seguir
las enseñanzas del Sagrado Corazón de Jesús es la
santidad. Pero no se engañe a sí mismo: lo que a
usted le molesta realmente no es una estatua. Lo que
usted odia es a Cristo y a la Iglesia.
Y en los últimos dos mis años – no es por
desanimarle a usted – muchos han intentado borrar a
Jesucristo y a su Iglesia de la faz de la tierra;
muchos mártires han derramado su sangre por hacer
presente al Sagrado Corazón de Jesús en la vida
pública, en la historia que les tocó vivir. Pero
esa sangre de nuestros mártires siempre ha
servido para dar más fuerza a la Iglesia y ni los
emperadores romanos ni los comunistas ni los
iluminados han podido ni podrán apartarnos del amor
de Dios. Las persecuciones, las calumnias y las
ofensas nos fortalecen: "Bienaventurados cuando os
odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban
vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del
hombre". Nadie podrá impedir nunca que el Corazón de
Jesús reine en los corazones de su pueblo. (Camineo
Info. lunes 15.02.2010),
El cardenal Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, presentará, el próximo miércoles, los actos de la beatificación del padre José Tous i Soler, prevista para el 25 de abril. Y el jueves, en Valladolid, se presentarán los de la beatificación del padre Bernardo Hoyos, que tendrá lugar el 18 de abril. (Alfa y Omega nº 676 - 11.02.2010)
Sangre de mártires
Tobías Medina Cledón
12/02/2010 - El periódico de Extremadura
Al principio de enero eran sacrificados siete cristianos coptos de Egipto al salir de la Misa de Epifanía. Durante el año 2009, según la Agencia FIDES, treinta y siete católicos de diecisiete países distintos fueron asesinados.
América fue el continente más castigado en el que dieciocho sacerdotes -dos de ellos españoles- dos seminaristas, una religiosa y dos laicos regaron con su sangre, de norte a sur, la tierra americana.
A pesar de que la situación de los católicos de Vietnam ha mejorado en los últimos tiempos, en Hanoi la policía pretendió derribar una gran cruz que un grupo de fieles intentaba proteger; los agentes arremetieron contra ellos, golpeándolos con saña, e hirieron gravemente a dos de los presentes. En la región china de Hebei, con millón y medio de católicos, tres obispos están encarcelados y nadie sabe en qué condiciones.
Hay diócesis que han tenido que vivir años, incluso décadas, sin obispo, sin sacerdotes, sin Seminario. Nada decimos hoy de las víctimas del extremismo islámico.
No extraña, pues, que la Iglesia siga creciendo. Y es que cuando a los cristianos, desde los poderes públicos, se les coloca en situaciones en que tienen que vivir su fe heroicamente, la respuesta es nítida y valiente. Es la experiencia de veinte siglos de historia en que la Cruz siempre termina triunfando. No en vano "la sangre de mártires es semilla de cristianos".
Córdoba: abierto el
proceso de 132 mártires
Monseñor Juan José Asenjo, Administrador
Apostólico de Córdoba, acaba de abrir,
en la catedral de la diócesis, el
proceso oficial de canonización de Juan
Elías Medina y CXXXI Compañeros
Mártires. Al mismo tiempo, el arzobispo
de Granada, monseñor Javier Martínez, ha
anunciado que Fray Leopoldo será
beatificado el día 12 de septiembre, en
la Base Militar de Armilla, en Granada.
El alcalde de la ciudad, don José Torres
Hurtado, prevee que acudan alrededor de
un millón de
personas a la ceremonia. Alfa y Omega
673, (21.1.10)
Descanse en paz
Una esquela en el Diario de Navarra comunica el fallecimiento del benedictino Padre Plácido-Miguel Gil Imirizaldu. No le conocí personalmente, pero hace tres años tuve la suerte de leer su hermoso libro Un adolescente en la retaguardia (Ediciones Encuentro). En él, narra las peripecias que tuvo que vivir desde que estalló la Guerra Civil hasta que, en enero de 1939, regresó a su casa de Lumbier (Navarra), donde le habían dado por muerto.
El padre Plácido cursaba estudios en el monasterio benedictino de El Pueyo (Barbastro), donde fue testigo del martirio salvaje de 18 monjes, acusados absurdamente de custodiar un arsenal en el monasterio.
No fueron los únicos religiosos asesinados; Barbastro fue la diócesis más masacrada de España, donde sucumbió el 87,8% del clero: el obispo, 114 de los 140 sacerdotes, 5 de los 10 seminaristas, 51 claretianos, 9 escolapios… Apesar de ello, el padre Plácido no hace una narración truculenta porque, como indica, no pretende «emitir un juicio político de los acontecimientos sufridos en España durante la contienda», y añade: «Me sentiría totalmente incapaz. Cuando estalló la Guerra, contaba 15 años recién cumplidos y vivía ajeno a toda política. Mis ideales eran cristianos, aunque no ignoraba que en nuestra sociedad se daban dos bloques enfrentados.
Todo lo que me tocó vivir sobrepasaba mi propia experiencia». Desde hace años era monje de San Salvador de Leyre (Navarra), donde acaba de fallecer con la discreción con que siempre vivió. ¡Descanse en Paz!
José Ignacio Palacios Zuasti, Senador por Navarra - Alfa y Omega 657, jueves 1 de octubre 2009
La "Isla" de Castro y la sociedad civil española - Libertad Digital - 16.7.09
Agapito Maestre
El régimen de Castro mata cada día la idea de isla como "promesa" de la imaginación. El castrismo es la antitesis de la concepción popular de una isla: un tiempo al margen del tiempo, un tiempo real fuera del tiempo, que nos hace soportable las fatigas de la vida. El régimen comunista ha terminado con todo aquello que la imaginación popular asociaba a la palabra isla: un regalo hecho al mundo para días de gozo y paz. La huella de un mundo feliz, la sede de algo incorruptible, en fin, el prodigio de una vida dichosa, que todos esperamos de una isla, han sido borrados por el régimen criminal de Castro.
El papel de la isla de Cuba en la cultura humana, especialmente en la hispánica, siempre fue de nostalgia y anhelo de un "Mundo Mejor". Por desgracia, esa contribución histórica ha sido arrollada definitivamente por el comunismo castrista. Así, al menos, lo he sentido yo, cuando he leído que han matado en La Habana al sacerdote español, Mariano Arroyo Merino, cinco meses después de haber asesinado en circunstancias parecidas a otro cura español, Eduardo de la Fuente Serrano. Eran amigos y estaban empeñados en que no desapareciese de Cuba la idea popular de isla. Eran, sí, otros dos católicos, otros dos sacerdotes españoles, muertos en labores humanitarias.
¿Cuántos curas y monjas, religiosos y religiosas, de origen español han muerto por ese "Mundo Mejor" fuera de España? Es importante saberlo, pues que son lo mejor de nuestra sociedad civil. ¿O es que acaso alguien que está dispuesto a entregar su vida por una buena causa, por la consecución de bienes comunes, no puede ser considerado un referente fundamental de la sociedad civil? Es obvio, y así lo demuestra una vez más el asesinato de estos dos religiosos españoles, que una parte sustancial de la llamada sociedad civil española es de confesión católica.
He ahí la principal razón de una elemental verdad: España es, según una extendida opinión, la mayor productora de santos del siglo XX. Las milicias comunistas, sin duda alguna, han contribuido a elevar a los altares a miles de mártires. Fueron ejecutados sólo por ser cristianos. Tengo la sensación de que los criminales que acabaron con la vida de los dos sacerdotes españoles, dicho sea a la espera de que el Ministerio de Asuntos Exteriores de España nos ofrezca otra explicación, obedecen a los mismos motivos que las milicias marxistas del siglo veinte utilizaron contra los cristianos en España y la Unión Soviética: odio y resentimiento a quienes entregan su vida por labores humanitarias. Y políticas, en el mejor sentido de la expresión, o sea, por un "Mundo Mejor".
En fin, el régimen de
Castro ha convertido una
promesa, que eso es toda
isla en la imaginación
de los ciudadanos
responsables, en un
infierno, al que gusta
acercarse de vacaciones
la otra cara de las
sociedad española, esa
cara horrible y
desencajada, que
conocemos por gentío o
chusma a la búsqueda de
"hedonismo" prostituido.
Otros seis sacerdotes asesinados en Guerra Civil 1936-39 serán beatificados
- Ciudad del Vaticano sábado 4 de julio de 2009
Los futuros beatos son José Samsó i Elias, párroco de Santa María, en Mataró (Barcelona), nacido en Castellbisbal el 17 de enero de 1887 y asesinado el 1 de septiembre de 1936, y Teófilo Fernández de Legaria Goñi y otros cuatro compañeros sacerdotes miembros de la Congregación de los Sagrados Corazones PICPUS, muertos también en 1936.
Los seis fueron asesinados, según el decreto aprobado por el Papa, "por odio a la fe durante las persecuciones religiosas en España".
El papa Benedicto XVI también aprobó hoy las "virtudes heroicas", primer paso hacia la santidad, de la monja española Ana María Janer Anglarill, fundadora del Instituto de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell.
Janer Anglarill nació en Cervera el 18 de diciembre de 1800 y falleció en Talarm el 11 de enero de 1885.
Las beatificaciones de los seis sacerdotes "mártires del siglo XX, como llama la Iglesia española a los religiosos asesinados durante la II República española y la Guerra Civil de 1936-39, se anunciarán en fechas próximas.
El 28 de octubre de 2007 fueron beatificados en el Vaticano otros 498 religiosos asesinados en 1934 y entre 1936-39, en la ceremonia de este tipo más multitudinaria de la historia de la Iglesia.
Según datos de la Iglesia española, los mártires de los años 1934 y 1936-39 pueden ser unos diez mil.
Ya han sido beatificados 977 y proclamados santos once.
Los mártires del Cerro de los
Ángeles, Juan Fco. Guijarro
(Tomado del libro del
sacerdote madrileño José Francisco Guijarro, “Persecución
religiosa y guerra civil, La Iglesia en Madrid”,
Madrid, 2006, pp. 412-415)
Los primeros religiosos caídos en la República - Nueva España, Asturias, 23.05.09
La
Revolución de Asturias
de Octubre de 1934 causa
la muerte de 33
sacerdotes o miembros de
congregaciones
religiosas
Pese a los asesinatos de
hombres consagrados, los
milicianos mineros
dieron muestras de
respeto a monjas y
religiosas
LA
NUEVA ESPAÑA entregará
mañana domingo,
gratuitamente, el
segundo fascículo del
coleccionable dedicado a
la exposición y análisis
de la Revolución de 1934
en Asturias, un hito que
marcó el camino de la II
República española y que
supuso las primeras
muertes de sacerdotes y
religiosos desde el
establecimiento del
régimen del 14 de abril.
Pese a las fortísimas tensiones de la II República en torno a la «cuestión religiosa», el régimen nacido el 14 de abril de 1931 se había mantenido sin derramamiento de sangre de sacerdotes y religiosos. Sin embargo, la fuerza de la Revolución de Asturias de 1934 rompió un dique hasta entonces tensamente contenido y 33 sacerdotes o religiosos fueron asesinados. Con todo, en los días de la Revolución, del 5 al 18 de octubre, se vivieron contrastes: a la vez que 17 iglesias y hasta 40 edificios religiosos eran destruidos -incluida la Cámara Santa de la Catedral-, y hombres consagrados morían, los milicianos mineros dieron atestiguadas muestras de respeto a monjas y religiosas.
En el grupo de consagrados fallecidos en octubre de 1934 destacan los denominados santos mártires de Turón, ocho hermanos de las Escuelas Cristianas -de la congregación de La Salle- y un sacerdote pasionista. Su relieve estriba en que fueron beatificados en 1990 y canonizados en 1999. Los ocho hermanos de La Salle -siete españoles y un argentino- dirigían el Colegio Nuestra Señora de Covadonga, en Turón.
Curiosamente, justo cien años antes de 1934, en julio de 1834, alrededor de cien religiosos -jesuitas, dominicos, franciscanos y mercedarios- eran asesinados en Madrid acusados del envenenamiento de las fuentes públicas, en medio de una epidemia de fiebres tifoideas y en el marco de la I Guerra Carlista. Es decir, el anticlericalismo español ya venía de antiguo, según los historiadores, e incluso desde la Edad Media, cuando el pueblo ya hace sarcasmo de curas y religiosos.
No obstante, será el siglo XIX el que registre 371 víctimas eclesiásticas, según la obra de Francisco Muns y Castellet, «Los mártires del siglo XIX». De esos fallecidos, 57 fueron asesinados por los franceses a comienzos de siglo, y 88 mueren entre 1822 y 1823.
En suma, el influjo anticlerical francés, o las tres guerras carlistas o las etapas liberales aportaron los mayores sobresaltos y mortandades. Ya con la II República, «lo que hasta 1933 son incendios, algaradas y atentados sueltos, van a ser checas y asesinatos masivos, primero en la Revolución de Asturias y luego en todo el mapa de la zona roja durante la Guerra Civil», planteaba el obispo Antonio Montero en su «Historia de la persecución religiosa en España. 1936-1939».
No obstante, respecto al octubre asturiano, «no fueron ciertas las aberraciones que la prensa de aquellos días atribuyó a los revolucionarios», advierte en su obra sobre los mártires de Turón Pedro Chico, también miembro de La Salle y director durante años del centro educativo de esta congregación en Cimadevilla (Gijón). Pedro Chico cita a Arrarás y su «Historia de la II República» para anotar que «en contraste con el odio manifestado contra sacerdotes y religiosos, sorprendía el respeto con que, en general, trataron los milicianos a las monjas». Arrarás habla del momento en el que «las monjas de la Caridad abandonan su convento en Oviedo, amenazado de incendio, para trasladarse al Hospicio, en unión de sus alumnas». Y cita el testimonio de una religiosa: «Los hombres, cargados con fusiles en actitud de disparar, nos miraban y, al verlos, las niñas comenzaron a llorar. La Virgen pareció conmover el corazón de algunos, que al pasar bajaron los fusiles y nos dijeron: "Pasad pronto y no lloréis, que a vosotras no os haremos nada, ni tampoco a las monjas, que de ellas no tenemos quejas"». Pedro Chico habla de «una mezcla de comportamiento antagónico: la rudeza de algunos protagonistas contrastó con la elegancia de sentimientos en otros dirigentes».
Sobre los consagrados muertos en el octubre asturiano, un escrito pío de 1935 dirá: «Mirad sus biografías. Todos pertenecen al pueblo. Ningún aristócrata, ningún potentado, ninguno de encumbrado linaje». Sin embargo, el mismo pueblo del que procedían les consideraba más próximos a las clases dirigentes y a la patronal que a los obreros, como lamentaría después el canónigo ovetense Maximiliano Arboleya, gran exponente del catolicismo social.
En cuanto a los mártires de Turón, fueron detenidos y recluidos el día 5 de octubre en la Casa del Pueblo de esa localidad. Al atardecer del día 8, se abrió una zanja en el cementerio y los religiosos fueron tiroteados por un piquete. Además de ellos, siete seminaristas fueron abatidos en San Lázaro, Oviedo, a la vez que el Seminario de Santo Domingo era incendiado. También murieron tres padres paúles que regentaban dicho centro. Dos jesuitas en viaje ferroviario hacia Gijón cayeron en Ujo, más otros dos hermanos pasionistas y el prior de los carmelitas descalzos de Oviedo. En el clero secular murieron el provisor del Obispado, el secretario de cámara y un canónigo del cabildo, junto a los párrocos de Olloniego, La Rebollada, Sama, Moreda, Valdecuna, San Esteban de las Cruces y Santa María La Real de la Corte.
Y durante el 10 de octubre, la torre de la Catedral de Oviedo era lugar de defensa ocupado por fuerzas resistentes de la República. Los revolucionarios intensificaron los ataques con dinamita y en una de las explosiones fue destruida la Cámara Santa.
Murió asesinado a las
puertas de la cárcel
modelo de Madrid
en los comienzos de la
guerra civil
El presidente del
Congreso de los diputados
presenta la biografía de
José
Gafo,
diputado beatificado
José
Bono presentará la obra, en
Madrid, el próximo 15 de
junio a las 19,30 en el
Círculo de Bellas Artes
(Sala María Zambrano). La
editorial San Esteban de
Salamanca acaba de publicar
la biografía de José Gafo,
fraile dominico muy popular
en su tiempo por su
actividad en favor de los
derechos de los
trabajadores. Su compromiso
le condujo a presentarse a
las elecciones, siendo
elegido diputado por Navarra
en 1933. - Cope digital -
Alvaro Real. - 21-05-09
Fraile dominico y diputado de la II República, José Gafo Muñiz merecía una biografía que diera cuenta de su infatigable acción social. Consagró su vida a la defensa de los derechos de los trabajadores. Publicista, animador de sindicatos y parlamentario. Su pensamiento avanzaba vías de diálogo y encuentro entre la Iglesia y los trabajadores; entre el cristianismo y el socialismo. Suscitó admiración en amplios sectores de la sociedad, que tal vez esperaban de él lo que no podía dar. Murió víctima de la enmarañada turbulencia de un Madrid envuelto en el descontrol inicial de la guerra civil. El afán de concordia define la obra de esta personalidad singular.
La obra recorre las diferentes etapas de la vida del P. Gafo: su infancia en Asturias, su formación en la Orden de Predicadores, los inicios de su compromiso, y finalmente, toda la etapa de su actividad plena que culmina en su elección como diputado.
Etelvino González López, doctor en Filosofía y licenciado en Teología, ha basado esta minuciosa investigación en documentos, muchos de ellos inéditos y de difícil acceso. El resultado es una biografía rigurosa y una exposición completa del pensamiento social de José Gafo. Construida con la precisión y agilidad de los buenos escritores, esta obra presenta además un cuadro del contexto y los problemas de la sociedad y la Iglesia española en las primeras décadas del siglo XX.
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Un beato que vivió y
obró en la ciudad
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Pese a que desarrolló su labor pastoral durante más de 13 años en la capital provincial y 27 en el país, la figura de Juan Pérez Rodríguez resulta poco conocida en la región. Nacido en España y perteneciente a la Orden de San Agustín, vivió a principios de siglo en Paraná, en dos etapas: entre 1902 y 1908 fue profesor y procurador de la casa parroquial, y entre 1911 y 1918, director del colegio y cura rector de la Parroquia San Miguel. Tras un largo proceso que se inició en la década del 50, el 28 de octubre de 2007 fue beatificado por el papa Benedicto XVI, junto con otros 497 mártires españoles –98 eran agustinos–, víctimas de la persecución religiosa en 1936. Días atrás se recordó su figura en el histórico templo donde comienza avenida Rivadavia, con motivo de un nuevo aniversario de su llegada a la ciudad. Presencia. Un testimonio de la presencia de la Orden de San Agustín es la imagen de Santa Mónica, en la nave derecha del templo. Justamente, los agustinos tomaron posesión de la Parroquia San Miguel un 3 de mayo de 1901, invitados por el entonces obispo local Rosendo Lastra. Al año siguiente, el 7 de marzo de 1902 se inauguró el colegio en un edificio aledaño a la Iglesia. Se ubicó en la actual sede del Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Antonio Serrano. Fue Paraná la primera ciudad del país en que desembarcaron los agustinos. Entre los múltiples objetivos pastorales, tenían transformar la escuela parroquial en colegio. “Se habían matriculado 88 alumnos, número algo excesivo para la capacidad del local, por lo que habría que buscar locales más amplios, lo que no iba a ser fácil, dada la oposición de liberales y masones, que desde sus altos cargos públicos, no admitían la existencia de un colegio religioso en la ciudad”, recuerda en un ensayo sobre la vida de Juan Pérez Rodríguez, el también agustino Teófilo Viñas Román, que meses atrás visitó Paraná para investigar la labor del mártir. Por entonces, en la capital provincial habitaban 36.000 vecinos. Tras su partida en 1918 hacia Buenos Aires, en 1920 se decidió el cierre de la fundación y el retiro de la Orden Agustiniana de Paraná, decisión que causó a monseñor Abel Bazán “sorpresa, contrariedad y sentimiento” por el “gran elogio para los padres que allí habían trabajado”. OTRO. En la década del 30, en España se vivió una fuerte persecución religiosa. En ese período fue asesinado también el lasallano argentino Héctor Valdivieso. Ocurrió durante la llamada Revolución de Asturias, poco antes de la guerra civil española. Datos personales Juan Pérez Rodríguez nació en Andavías, España, el 2 de diciembre de 1877. A los 16 años de edad ingresó al Seminario de Valladolid y se ordenó como sacerdote agustino el 26 de agosto de 1901. En 1902, un año después que la congregación religiosa se había hecho cargo de San Miguel, llegó a Paraná. Sus primeros seis años transcurrieron entre tareas apostólicas, colaboraciones en revistas y boletines, prédicas evangélicas en la Iglesia y a sus alumnos en clases. En 1908 fue destinado a Buenos Aires y en 1911 regresó a Paraná, nombrado director del colegio y cura rector de la Parroquia, cargos que ocupó hasta 1918. Posteriormente se lo destinó nuevamente a Buenos Aires. En 1933 pasó a la Residencia de Gijón (España) donde tres años después acontecería el martirio, “testimonio supremo de la verdad de la fe”, según el Catecismo de la Iglesia Católica. Ahora, para demostrar su santificación, se deberá probar algún milagro que haya realizado él o alguno de los otros 497 asesinados, ya que se trata de un proceso de beatificación unificado. |
"La hija del ministro", una novela de amor en tiempos de martirio
Entrevista con el autor Miguel Aranguren (Zenit - 05.05.09)CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 4 mayo 2009 (ZENIT.org).- Muchos suscriptores de ZENIT tienen fresca en la memoria la trama de "La sangre del pelícano" (editorial LibrosLibres), en la que Aranguren no tuvo empacho en enfrentarse al mismo demonio a la hora de firmar un thriller policiaco que hacía justicia a la labor de la Iglesia en la defensa de la verdad.
El mismo autor ha sorprendido ahora con "La hija del ministro" (La Esfera de los Libros), una novela coral muy ambiciosa, de la que se acaba de publicar la segunda edición, ambientada en el Madrid de las cuatro primeras déca das del siglo XX, una ciudad convulsionada que acabó en una dolorosísima guerra fratricida.
Después de leer "La hija del ministro", el lector llega a la conclusión de que Aranguren ha conseguido convertir a cada uno de los miembros de la familia de Pablo Bossana, duque del Paraná, ministro en los dos últimos gobiernos de Alfonso XIII, en entrañables personajes de ficción.
Especialmente a su hija Elvira, en quien recae el peso de la trama. A través de ella conocemos un tiempo de impunidad para quienes alentaron el odio religioso, en el que, al mismo tiempo, brilló el heroísmo de tantos hombres y mujeres capaces de proclamar su fe hasta el último momento. "La hija del ministro" también hace justicia a la capacidad de perdón por parte de quienes pasaron página tras el brutal asesinato de sus seres queridos. Elvira Bossana es el hilo conductor de un a de las épocas más fecundas en testimonios de martirio, tal y como han venido proclamando los últimos Papas.
--¿Cómo surgió la idea de "La hija del ministro"? ¿Cómo fue enfrentándose a una trama tan amplia?
--Miguel Aranguren: Hace ocho o nueve años, barruntaba el deseo de escribir una novela sobre la familia, en la que cada uno de sus personajes pudiese contar, desde su propia experiencia, que en esta institución el hombre desarrolla su humanidad, que la familia es el lugar al que siempre necesitamos volver. En todas las familias "cuecen habas"; no buscaba una idealización de la familia sino una historia humana y veraz, con sus personajes admirables y aquellos repletos de limitaciones. Entonces empecé a darle vueltas al escenario en el que debía situar mi novela. Decidí que una familia muestra toda la dimensión de su magnanimidad en tiempos de dolor. Y en la historia reciente de España no ha existido mayor dolor que el que padecieron tantas familias de bien a causa de una política exaltada y fatalmente conducida.
--¿Y de qué forma ha resuelto su deseo de escribir sobre la familia, con una trama histórica tan concreta?
--Miguel Aranguren: La huida del rey muestra el devenir de la familia Bossana, desde las mieles de palacio a las hieles de la persecución. Los españoles somos apasionados y en aquellos años lo demostramos con creces: Elvira es una adolescente que se acostumbra a los disparos, a las huelgas violentas, a los atentados terroristas, a la desaparición de familiares y amigos, a los cadáveres en las cunetas... Madrid, de alguna manera, se torna en la Roma de los primeros siglos, cuando vivir de acuerdo a la fe llegaba a castigarse no sólo con la humillación pública, sino con el terrible espectáculo del martirio. La familia del ministro Paraná lucha por la supervivencia, lo que implica actuaciones heroicas por algunos de sus miembros y también viles, ya que no fue fácil para todos superar el miedo.
--Después de las discusiones que se han vivido durante los últimos meses sobre la "memoria histórica", ¿es posible escribir sobre ese tiempo y, a la vez, mantenerse imparcial?
--Miguel Aranguren: No es fácil, desde luego. Antes decía que república y monarquía son igual de legítimos y en "La hija del ministro" se retrata a republicanos confesos que, con los años, renegaron de aquel sistema que se había convertido en una fuente de corrupción en el que medraron tantos masones. También reflejo las heridas morales de algunos monárquicos que justificaban, en su pertenencia a una buena cuna, toda clase de tropelías. Sin embargo, es imposible volver la cara al infierno en el que se convirtió Madrid. Un infierno en el que, por cierto, no dejó de brillar el amor: Elvira Bossana, por ejemplo, es capaz de disfrutar un intenso romance en una ciudad en la que los templos arden como teas. El hogar familiar se convertirá en un refugio en el que se esconden algunos clérigos a los que se ha dictado, con absoluta arbitrariedad, la expulsión de España después de haber reducido a cenizas sus iglesias.
--Hablando de clérigos, en "La hija del ministro" se suceden personajes secundarios que existieron en la realidad, incluso algunos sacerdotes.
--Miguel Aranguren: Después de haber estudiado a fondo aquellos años y de haber "vivido" en ellos durante el tiempo de elaboración de la novela, puedo asegurar que si los horrores se multiplicaron, también se multiplicaron los testimonios de santidad. Madrid fue una ciudad de santos y miserables. En las páginas de "La hija del ministro" aparece, por ejemplo, el padre Rubio, un jesuita que asombra a la familia Bossana por su dedicación a los más pobres, por su entrega al sacramento de la Penitencia o por su famoso don de bilocación. No puedo dejar de anunciar que estuve presente en la ceremonia de su canonización, precisamente en el paseo de la Castellana por el que tantas veces caminó. Y es que hoy la Iglesia universal celebra el ejemplo y la intercesión del padre Rubio, como celebra la extensión del Opus Dei y la figura de san Josemaría, que algún lector perspicaz puede imaginarse detrás del padre Mariano Albás junto a los primeros miembros de la Obra, un puñado de universitarios que dedicaban las mañanas de los domingos a atender, junto al Fundador, a los enfermos infecciosos del hospital d el Rey. Isidoro Zorzano, por ejemplo -que se encuentra en proceso de beatificación-, dará un giro esperanzado al destino fatal de Ventura Ortuño, el otro gran protagonista de la novela.
--Ventura Ortuño, en efecto, secretario del ministro Bossana, vive un idilio con Elvira.
--Miguel Aranguren: Si hay algo que me conmueve del romance entre Elvira y Ventura, es que son capaces de jurarse amor eterno, con todas las consecuencias. Un amor que no podrá vencer ni la misma muerte. Un amor incondicionado a pesar del odio que barre España, de la distancia, de la guerra, de los años... Sin grandilocuencias, dos adolescentes nos ofrecen una auténtica lección de cómo el amor salva a los hombres del pozo de la barbarie. Además, son dos novios que se respetan, que viven un amor limpio, que muestran que el noviazgo no es una utopía en la que las pasiones tienen la última palabra.
< b>--La novela, por último, es capaz de mostrar una familia en la que la piedad religiosa forma parte de su paisaje natural. ¿Cómo viven la fe los Bossana?
--Miguel Aranguren: La familia Bossana es cristiana, como la mayoría de las familias españolas de aquella época. Ríen, charlan, lloran, se pelean, se perdonan, rezan, bailan, juegan, participan de los sacramentos... Quiero decir que no viven una fe impostada, como calzada a la fuerza, tal y como buena parte de la cultura actual cree identificar el catolicismo. La fe de los padres de Elvira es muy atractiva: se habla de Dios, se reza en familia, se cuenta con la Iglesia con la misma naturalidad que realizan las demás actividades cotidianas o extraordinarias de la vida. Algunos lectores me han confesado su conmoción, por ejemplo, al descubrir cómo reaccionan los Bossana ante sucesos tan dolorosos como la muerte de un hijo, o cómo festejan con alegría las fiestas navideñas, o cómo se recogen en oración ante determinadas circunstancias, o cómo entrelazan lo divino y lo humano en cualquier charla, o cómo el padre no abandona sus principios morales ante las inquinas políticas y palaciegas. A fin de cuentas, la fe les ofrece muchas respuestas, incluso ante aquello que humanamente no tiene explicación.
Más información en www.miguelaranguren.com
Por Pedro Gárate
Antes de ser fusilado
Es
un sacerdote, un instante antes de ser fusilado a causa
de su fe. La foto estaba en el despacho del
recientemente fallecido, en trágico accidente de
montaña, don Pablo Domínguez, Decano de la Facultad de
Teología San Dámaso, de Madrid. El pasado mes de enero,
lo visitaron unos Legionarios de Cristo. He aquí su
testimonio:
–«¿Eres tú, Pablo, hace unos años?», le preguntamos.
–«¡No!», y sonriendo dijo que le gustaría haberlo sido… «La conseguí en Moscú, en un congreso. Me gustó y, al leer las frases del recuadro, me interesé mucho más. Es la fotografía –lo explicaba brillándole los ojos, se sentía emocionado y con ganas de imitarle; parecía que hablaba de sí– de un sacerdote español, el Beato Martín Martínez, operario diocesano, natural de Valdealgorfa (Teruel), diócesis de Zaragoza. Se la tomó un fotógrafo ruso que estaba entre los republicanos, durante la guerra civil española. Fijaos bien en su mirada firme, los brazos en jarras, seguro y valiente… Se la tomaron un segundo antes de fusilarlo». (Alfa y Omega Nº 637 - 17.04.09)
Al comienzo del día del jueves, 2 de abril
El servicio de los mártires a la memoria histórica
Morir perdonando. Esta es la impronta de los mártires, y sobre lo que reflexiona el sacerdote y colaborador de la cadena COPE, en su comentario matinal, Jesús de las Heras Muela.
Jesús de las Heras/
Jesús Luis Sacristán - 02-04-09
Al comienzo del día
¡Alegre la mañana, amigos y amigas de la Cope! Al igual que ayer y anteayer, en el contexto del setenta aniversario de la finalización de la última guerra civil española, reflexionamos sobre la contribución de la Iglesia a la verdadera memoria histórica, al perdón, a la reconciliación y a la concordia. Y hoy lo hacemos desde el testimonio de los mártires cristianas, tantas veces in justamente tratados por quienes no quieren reconocer en ellos su extraordinaria contribución a la paz.
En noviembre de 1999, la asamblea plenaria de la CEE publicó el documento titulado "La fidelidad del Señor dura siempre. Mirada de fe al siglo XX". Dice en su número 14: "También España se vio arrastrada a la guerra civil más destructiva de su historia. No queremos señalar culpas de nadie en esta trágica ruptura de la convivencia entre los españoles. Deseamos más bien pedir el perdón de Dios para todos los que se vieron implicados en acciones que el Evangelio reprueba, estuvieran un otro u otro de los bandos trazados por la guerra. La sangre de tantos conciudadanos nuestros derramada como consecuencia de odios y venganzas, siempre injustificables, y en el caso de muchos hermanos y hermanas como ofrenda martirial de la fe, sigue clamando al Cielo para pedir la reconciliación y la paz".
Y es que, en efecto, cuando la Iglesia -como acontecía, como último ejemplo el 28 de octubre de 2007 con 498 personas, ya beatos, y como sucederá en próximas ocasiones- eleva a los altares a cristianos que fueron asesinados en aquellos períodos de hace setenta años no lo hacen por sus implicaciones políticas, no lo hace por revanchismo, ni por triunfalismo: lo hacen como reconocimiento de su condición de testigos de la fe, del amor y del perdón. Si hubieran muerto por una ideología, por un bando no estarían en los altares ni se habría abierto su causa de canonización.
Ellos, los mártires de entonces y
de siempre, muriendo testimoniando
su fe hasta el final y murieron
perdonando a sus verdugos. Su sangre
derramada es semilla de vida
cristiana y de paz y de
reconciliación. Y esta es la mejor
memoria histórica: el perdón y la
reconciliación, a la que la Iglesia
ha de servir en su misión y en su
deber de ser prolongación de
Jesucristo, su primer Mártir. El era
inocente -como nuestros mártires- y
murió –lo vamos a celebrar la
próxima semana- en la cruz
perdonando y con su sangre sembró la
semilla buena y fértil para la
definitiva reconciliación de la
entera humanidad. Cristo, con sus
brazos extendidos en la cruz, abrazó
para siempre a la entera humanidad
de todos los tiempos. Y desde la
cruz. Buenos días.
Barcelona recuerda el «martirologio» del arte religioso durante la Guerra Civil
Una exposición y un libro evocan la destrucción, entre las llamas y la rapiña, del patrimonio de la Iglesia
ÀLEX GUBERN |
BARCELONA
(ABC.es/ viernes 27 de febrero 2009)
Durante unos meses, Barcelona fue una gran hoguera. En el verano de 1936, aplastada la rebelión militar y mientras las primeras columnas organizadas por sindicatos y partidos se encaminaban a la que entonces era la primera línea de frente, Aragón, las iglesias ardían. Casi 300 sacerdotes fueron asesinados sólo en Barcelona -1.500 en el conjunto de Cataluña- en una rabiosa ola de anticlericalismo que, a la vez que las patrullas de control de la FAI imponían la revolución social, se llevó también por delante una gran parte del patrimonio histórico y cultural que atesoraba la Iglesia.
Eso también es «memoria histórica», aunque en este caso, y en relación con el patrimonio destruido, «no puede haber reconciliación», simplemente «ya no existe». Así se expresa Josep Martí Bonet, responsable del Museo Diocesano de Barcelona y comisario de la exposición «El martirio de los templos», donde se repasa de manera exhaustiva la destrucción del patrimonio artístico y arquitectónico durante la Guera Civil en la Archidiócesis de Barcelona. La exposición se ha plasmado también en un libro editado con la colaboración de la Generalitat, que se convierte, en palabras de su autor, en un estremecedor «martirologio» de las obras de arte que se perdieron.
40 iglesias destruidas
«La «memoria histórica» puede ser una buena auto terapia si se practica por las dos partes», prosigue Bonet, que señala la exposición del Museo Diocesano sólo como un intento de «hacer patentes las heridas de un notable sector de la tragedia para, a continuación, curarlas».
Como documenta de manera pormenorizada la muestra, el alcance de la destrucción fue masivo: sólo en la archidiócesis de de Barcelona 40 iglesias fueron totalmente destruidas, mientras que todo el resto de templos, hasta llegar a 500 y a excepción de 10, fueron parcialmente dañados, profanados o saqueados. En las otras archidiócesis catalanas se corrió la misma suerte.
Santa María del Mar
Las llamas y, en buen número de casos, directamente la rapiña -como se ha recogido recientemente en la peripecia del pistolero de la FAI Josep Serra- acabó por ejemplo con 464 retablos (37 de estilo gótico, 44 renacentsitas...), que ocuparían 2,5 kilómetros lineales si se pusieran uno junto a otro; también se perdieron o se quemaron 244 órganos, entre ellos el de Santa María del Mar de Barcelona, considerado uno de los mejores de Europa, junto a centenares de otros objetos artísticos.
La información aportada se basa en la investigación que durante tres años ha llevado a cabo Martí Bonet y su equipo, basada a su vez en la información que en 1941 recopiló mosén Manuel Trens, cuya aventura documental merecería un estudio por sí misma.
La destrucción de archivos fue menor, pues en muchos casos fueron ocultados o escondidos: «Sólo se destruyó un 45 por ciento».
Parroquia a parroquia, «El martirio de los templos» arma un sistemático inventario de destrucción y muerte. Un ejemplo tipo, no el más grave, podría ser el de Sant Genís, en L´Ametlla del Vall_s: «Saqueado en 1936, altares e imágenes fueron quemados en el exterior... el edificio fue usado durante el periodo de revolución como almacén del sindicato agrícola... desaparece una talla de 34 centímetros de la Mare de Déu del Roser, de 1623».
La información aportada se basa en la investigación que durante tres años ha llevado a cabo Martí Bonet y su equipo, basada a su vez en la información que en 1941 recopiló mosén Manuel Trens, cuya aventura documental merecería un estudio por sí misma. Con el convencimiento de que había que sistematizar en un estudio toda la destrucción de los templos en España, Mosén Trens se embarcó en una monumental investigación que sólo pudo completar de manera parcial.
De la revolución al anticuario
En base a unas fichas estandarizadas, escribió a todas las diócesis de España preguntando por todo el patrimonio perdido y el alcance de la destrucción. Comenzó el catálogo por Tarragona con la edición de unos fascículos titulados «Monumentos sacros de lo que fue la España roja». La ambición de su trabajo le acabó superando. No obstante, la información que consiguió reunir en relación a Barcelona ha permitido ahora armar una recopilación sistemática de lo sucedido durante aquellos años. Unos datos que coinciden con otro informe aportado en el libro, en este caso elaborado en 1938 por la Generalitat republicana, institución a la que se reconoce haber preservado, en parte, la Catedral, el Monasterio de Pedralbes o Montserrat, pero a la que se reprocha su evidente tibieza con los desmanes anarquistas.
Transcurridos setenta años de aquellos sucesos, se ha conseguido recuperar algunos de aquellos objetos, piezas de orfebrería o platería, por ejemplo, que algunos trabajos han coincidido en colocar en un itinerario que «solía ser México y después EEUU». De la revolución social al mostrador de un anticuario.
Persecución religiosa es “pobreza moral” dice el Papa
Publicado por juana de arco el 12 Enero 2009 en General
Articulo enviado por Zenit.org via email, que pongo aqui por estar afectándonos tambien a los españoles, que poco a poco nos vamos viendo cada dia que pasa más perseguidos por quienes no respetan creencias religiosas, pero pretenden imponernos las suyas del laicismo.
Benedicto XVI: las persecuciones contra los cristianos, “signo de pobreza moral”
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 8 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI lamentó este jueves, en su discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, las persecuciones que han sufrido miles de cristianos, especialmente en la India e Irak durante el año acaba de terminar.
Ante los embajadores reunidos en la Sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano, el Papa dedicó un amplio pasaje de su intervención a la libertad religiosa, dentro del tema principal de su intervención, la pobreza y la paz.
“Las discriminaciones y los graves ataques de los que han sido víctimas, el año pasado, millares de cristianos, muestran cómo la que socava la paz no es sólo la pobreza material, sino también la pobreza moral. De hecho, es en la pobreza moral, donde dichas atrocidades hunden sus raíces”, afirmó el Papa.
Pero advirtió también que en Occidente “se cultivan prejuicios u hostilidades contra los cristianos, simplemente porque, en ciertas cuestiones, su voz perturba”.
Ante los representantes de las distintas naciones, el Santo Padre afirmó que “el cristianismo es una religión de libertad y de paz y está al servicio del auténtico bien de la humanidad”, y que las religiones “pueden dar una valiosa contribución a la lucha contra la pobreza y a la construcción de la paz”.
“Renuevo el testimonio de mi afecto paternal a nuestros hermanos y hermanas víctimas de la violencia, especialmente en Iraq y en la India”, aseguró. El 13 de marzo apareció el cuerpo si vida del arzobispo caldeo de Mosul, en Irak, monseñor Paulos Faraj Rahho, de 65 años, quien días antes había sido secuestrado.
En 2008, en la India, en particular en el Estado de Orissa, según datos de la Conferencia Episcopal de ese país, la violencia de radicales hindúes contra los cristianos ha provocado 81 muertos, más de 40.00 desplazados del distrito de Kandhamal, 4.677 casas destrozadas, 236 iglesias y 36 conventos destruidos o seriamente dañados; cinco sacerdotes católicos heridos, así como la violación y el escarnio público de una religiosa.
El pontífice mostró su cercanía a las víctimas y les conminó a “no perder el ánimo” ante estas pruebas, y a no dejar de “proclamar el Evangelio desde las azoteas”.
“El testimonio del Evangelio es siempre un ’signo de contradicción’ con respecto al ‘espíritu del mundo’. Si las tribulaciones son duras, la constante presencia de Cristo es un consuelo eficaz”, afirmó.
Por otro lado, pidió a los gobiernos de las naciones donde ha habido persecuciones cruentas contra los cristianos que “las autoridades civiles y políticas se dediquen con energía a poner fin a la intolerancia y a las vejaciones contra los cristianos, que intervengan para reparar los daños causados, en particular en los lugares de culto y en las propiedades; que alienten por todos los medios el justo respeto hacia todas las religiones, proscribiendo todas las formas de odio y de desprecio”.
Libertad religiosa
En su discurso, el obispo de Roma aludió en varias ocasiones a la cuestión de la libertad religiosa, a la que dio gran importancia dentro de la búsqueda de la paz.
Refiriéndose en general a la situación de Asia, recordó que las comunidades cristianas que viven allí “a menudo son pequeñas desde el punto de vista numérico, pero desean ofrecer una contribución convencida y eficaz al bien común, a la estabilidad y al progreso de sus países”.
El testimonio de estos cristianos expresa, explicó “la primacía de Dios, que establece una sana jerarquía de valores y otorga una libertad más fuerte que las injusticias. La reciente beatificación en Japón de ciento veinticuatro mártires lo ha puesto de relieve de forma elocuente”.
El sucesor de Pedro recordó que la Iglesia “no pide privilegios, sino la aplicación del principio de libertad religiosa en toda su extensión”, y pidió especialmente a los países asiáticos que “garanticen el pleno ejercicio de este derecho fundamental, en el respeto de las normas internacionales”.
En otro momento, recordó sus viajes a Francia y a Estados Unidos, y con ellos la cuestión de la “sana laicidad”.
“Una sociedad sanamente laica no ignora la dimensión espiritual y sus valores, porque la religión, y me pareció útil repetirlo durante mi viaje pastoral a Francia, no es un obstáculo, sino más bien al contrario un fundamento sólido para la construcción de una sociedad más justa y libre”, advirtió.
El mundo mira a la Iglesia
Benedicto XVI, al recordar sus recientes viajes, constató que pudo “percibir las expectativas de muchos sectores de la sociedad con respecto a la Iglesia católica”.
“En esta fase delicada de la historia de la humanidad, marcada por incertidumbres e interrogantes, muchos esperan que la Iglesia ejerza con decisión y claridad su misión evangelizadora y su obra de promoción humana”, afirmó.
Por Inma Álvarez
Declaraciones de Vicente Cárcel al
Suplemento Alfa y Omega
sobre la persecución de la República a la Iglesia en
España, 1931-1939
Páginas de Alfa y Omega, 623 -
9.1.2009
Beatificadas en 2001, forman parte de
las cinco familias del mundo
propuestas por Benedicto XVI -
Una madre y cuatro hijas valencianas, modelo de familia
El papa Benedicto XVI ha propuesto a una madre valenciana que murió mártir a los 83 años junto a sus cuatro hijas, religiosas de vida contemplativa, durante la persecución religiosa de 1936 como modelo “de familia cristiana”, en una carta que ha escrito con motivo del VI Encuentro Mundial de las Familias (EMF), que se celebrará en México del 13 al 18 de enero en Ciudad de México.
AVAN//Álvaro Real - 07-01-09

Beatas de Algemesí
En su carta, el Pontífice recuerda cómo que el 25 de octubre de 1936, fiesta de Cristo Rey, la madre pidió acompañar a sus hijas al martirio y ser ejecutada en último lugar para poder así alentarlas a morir por la fe. Su muerte impresionó tanto a sus verdugos que exclamaron: "Ésta es una verdadera santa".
La presentación de la familia Ferragud como modelo cristiano de la familia por parte de Benedicto XVI es “una alegría para nuestra diócesis y para la Iglesia universal”, según ha expresado Ramón Fita, delegado episcopal de la comisión diocesana para la Causa de los Santos.
Fita ha destacado que Juan Pablo II beatificó a la madre y sus cuatro hijas en 2001 y que Pío XII se refirió públicamente también a María Teresa Ferragud como ‘la madre de los Macabeos’”, en referencia a los siete hermanos judíos que, según el relato bíblico, murieron por la defensa de su fe en presencia de su madre, quien igualmente les animó a afrontar su martirio.
María Teresa Ferragud, nacida en Algemesí en 1853, fue asesinada en Alzira en 1936 tras ver cómo martirizaban a sus cuatro hijas religiosas, que se habían refugiado en la casa familiar al comenzar la Guerra Civil. Los milicianos arrestaron a las cuatro hijas, pero la madre “quiso seguirlas para no abandonarlas” diciendo a los verdugos: “Donde van mis hijas voy yo”, según Fita.
La madre y sus cuatro hijas
martirizadas, María Jesús, María
Felicidad, María Verónica y Josefa,
las tres primeras pertenecientes a
la orden religiosa de las Clarisas
Capuchinas, y la cuarta a la de las
Agustinas Descalzas, fueron
beatificadas por el papa Juan Pablo
II en 2001, junto a otros 229
mártires españoles de la persecución
religiosa de 1936.
Ferragud y su marido, Vicente Masiá,
tuvieron nueve hijos. Además de las
cuatro hermanas martirizadas, otros
dos de sus hijos profesaron también
como religiosos. Uno de ellos
falleció en 1927 y el otro “pudo
eludir la persecución religiosa ya
que se encontraba en América como
misionero”, ha precisado Fita.
María Teresa Ferragud, “de profundas convicciones religiosas desde niña, tuvo una especial devoción a la Eucaristía, que se manifestó en la asistencia diaria a misa y en la adoración del Santísimo”. Se incorporó al grupo de aspirantes de Acción Católica de su parroquia y fue asumiendo diversas responsabilidades dentro de las Mujeres del movimiento católico. También participaba en las actividades de la Fraternidad de San Vicente de Paúl de su Parroquia, de la que fue presidenta.
Las otras cuatro familias
propuestas como modelos por
Benedicto XVI en su carta con motivo
del EMF son las de Basilio y Emilia,
matrimonio del siglo IV de Capadocia
(actual Turquía), que tuvo nueve
hijos, de los que cuatro son santos;
el senador Gordiano y su esposa
Silvia, padres del papa Gregorio
Magno, que vivió en el siglo VI; los
beatos italianos Luigi y María
Beltrame Quattrochi, del siglo XX,
primer matrimonio elevado a los
altares, en 2001; y los franceses
Louis Martin y Marie Zélie Guérin,
que vivieron en el siglo XIX, fueron
padres de santa Teresita del Niño
Jesús y beatificados el pasado mes
de octubre.
Un día después de
la Navidad, se celebra la festividad
de san Esteban, el primer mártir de
Cristo, a cuya muerte siguió una
persecución contra los cristianos de
Jerusalén. El calendario litúrgico
dirige a los hombres de todos los
tiempos un mensaje siempre actual.
En el caso de los mártires, basta
recordar el reciente Informe sobre
Libertad Religiosa de Ayuda a la
Iglesia Necesitada, que documenta
terribles episodios de violencia
contra los cristianos, como los
secuestros y asesinatos en Iraq, y
la represión en China o en Pakistán.
En más de 60 países, se viola
gravemente la libertad religiosa, y
350 millones de cristianos sufren
por su fe, una cifra que supera a
las poblaciones de España, Alemania,
Reino Unido, Francia, Italia y
Holanda juntas.
Especialmente dramático es el caso
del estado indio de Orissa.
Centenares de cristianos han muerto
asesinados en los últimos 5 meses;
miles han sido expulsados de sus
casas, y se han visto obligados a
celebrar esta Navidad escondidos en
los bosques o en campos de
refugiados. Podrían poner fin a sus
sufrimientos si renunciaran a su fe:
sus agresores sólo piden eso, igual
que los verdugos de san Esteban o
los de los mártires españoles
durante los años 30 del siglo XX.
La fuerza que sostiene a estos
testigos de Cristo para no sucumbir,
es un misterio que sólo es posible
comprender a la luz de la
Resurrección del Señor. La serenidad
de los mártires y el perdón que
ofrecen a sus verdugos, sigue siendo
hoy el testimonio de esperanza más
bello y elocuente de los cristianos
al mundo.
Línea Cope 26.12.08
El Semanal Digital – Rafael
González Rojas – 26.11.08
[ … ] Consecuentemente, y a tenor de las enseñanzas
de nuestra historia nacional, el presidente de los
obispos españoles advierte de que "es necesario vigilar
para evitar de raíz actitudes, palabras, estrategias y
todo lo que pudiera dar pábulo a las confrontaciones que
puedan acabar siendo violentas". Y recuerda que la
sangre de los muertos en la guerra, incluyendo la de los
mártires, "sigue clamando al Cielo para pedir la
reconciliación y la paz".
No sé si por incompetencia o mala fe, o por ambas cosas
a la vez, tanto Zapatero como Blanco han cogido el
rábano por las hojas. No se puede comprender cómo unas
palabras tan claras, que nadie con un mínimo de
capacidad de comprensión puede mal interpretarlas, son
sin embargo tergiversadas. Pues sí; el señor Zapatero
entra en polémica, y faltando manifiestamente a la
verdad ha pedido a la Iglesia que respete a los
familiares que buscan a sus desaparecidos como la
sociedad respeta las beatificaciones de los mártires.
¿A qué viene esa salida de pata de banco? ¿Cuándo se
ha pronunciado la Iglesia, ni nadie con cierta solvencia
moral, en contra de los deseos de aquellos que quieran
rescatar de las tumbas y fosas clandestinas a sus
familiares asesinados?
Es una falacia dar a entender que la Iglesia recuerde
unos muertos, los beatificados, y olvide a otros. Nunca
ha hecho la Iglesia distinción de los caídos en uno u
otro bando. Los beatificados son otra cuestión: son
mártires de la fe, sin militancia política, gente
pacífica que murieron perdonando. El cardenal habla, sí,
de olvido, pero no de unas víctimas enterradas en fosas
comunes, ni de las injusticias sufridas en cualquier
lugar, estuviese ocupado por unos u otros contendientes.
Habla de que se olvide quién fue más o menos culpable de
aquella confrontación fraticida, de no recontar las
afrentas de unos u otros y así poder mantener vivo el
espíritu de la Transición, ejemplar por muchas cosas,
como han reconocido tantas personalidades de todo el
mundo. Recientemente, Vargas Llosa, en una televisión,
recordaba cuán modélicamente el pueblo español ha sabido
superar su pasado. La Iglesia lo hace también, y
recomienda –por boca del presidente de la CEE- que a
veces es necesario saber olvidar. "No por ignorancia o
cobardía –precisa Rouco-, sino en virtud de una voluntad
de reconciliación y de perdón responsable y fuerte."
Línea Cope – 26.11.08
[…] Monseñor Martínez
Camino añade a su experiencia, un notable
bagaje teológico y una reconocida facilidad para
expresar el pensamiento de la Iglesia cara a la
sociedad. Muestra de ello han sido las declaraciones en
las que recordado y aclarado lo que dijo el cardenal
Rouco en el discurso inaugural y que luego,
torticeramente, ha desenfocado el Presidente del
gobierno. La Iglesia desea que se honre a todos los
muertos, y que estos puedan ser buscados libremente por
sus seres queridos. Lo que no desea es reabrir un
estéril debate sobre culpabilidades.
La Iglesia honra a sus mártires precisamente porque han
muerto por amor a Jesucristo, un amor que les ha
permitido morir perdonando y bendiciendo a sus enemigos.
Quienes no parecen perdonar son los que quieren revisar
la historia para que se culpabilice a quienes no
tuvieron la culpa, o quienes pretenden eliminar a la
Iglesia y a sus símbolos de la historia y del presente.
El cardenal Herranz representará al Papa en el 1750 aniversario de los protomártires de Tarragona
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 23 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).- La Santa Sede hizo público ayer el nombramiento, por parte del Papa, del cardenal español Julián Herranz, presidente emérito del Consejo Pontificio para los textos Legislativos, como su enviado al 1750 aniversario de los primeros mártires de Tarragona.
La celebración, que recordará el martirio del obispo san Fructuoso y de los diáconos san Augurio y san Eulogio, se celebrará en la diócesis de Tarragona el próximo 25 de enero de 2009. Con ella se pondrá el broche final al año jubilar que se está celebrando en esta diócesis española.El cardenal Herranz tiene 78 años y es natural de Córdoba (España). Miembro de la Prelatura del Opus Dei, ha sido desde 1994 hasta el año 2007 presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos.
El año jubilar conmemora el martirio del obispo Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio, que fueron quemados vivos en el anfiteatro de Tarragona, en tiempos de los emperadores Galiano y Valeriano. Las actas de su martirio constituyen el primer documento escrito sobre el cristianismo en España.
Atacado un monumento EL
PAÍS – 17.11.08
Un gran monumento dedicado a 12 carmelitas asesinados en la Guerra Civil ubicado en Cervera (Lleida) sufrió un ataque la madrugada de ayer. El conjunto monumental, que ocupa unos 150 metros y está situado en el Clot dels Aubens, simboliza un Vía Crucis. Los agresores, según los Mossos, "arrancaron las cruces e hicieron migas la placa", dejando como firma una bandera independentista catalana y el símbolo del partido comunista. El consejero de Interior, Joan Saura, condenó el ataque y anunció que la Generalitat se pondrá a disposición de los carmelitas para repararlo.
En septiembre, Saura inauguró una ruta de la Guerra
Civil en ocho pueblos de la comarca. Su primer punto
está ubicado en Clot, donde los religiosos fueron
asesinados. El monumento forma parte de la red de
espacios de memoria de la Generalitat.
Los sacerdotes recuerdan a los "mártires" de
la Guerra Civil (Granadahoy.com
- Vn. 7.11.08)
La familia Lorca se persona en la causa de las
exhumaciones
El municipio alpujarreño de Turón fue uno de los campos de exterminio más importantes de Andalucía · La iglesia del pueblo fue convertida en una cárcel que acogió a más de trescientas personasEl juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz acepta que los familiares del poeta estén presentes en la apertura de la fosa del barranco entre Víznar y Alfacar
Decir que durante la Guerra Civil y los años
posteriores hubo asesinatos y caídos en ambos bandos,
nacional y republicano, es empezar por una obviedad que
sin embargo se olvida en más ocasiones de las que sería
deseable.
Por eso, el acto que tuvo lugar ayer en Turón, un
pequeño pueblecito de la Alpujarra entre Granada y
Almería, cobra una especial significiación en estos
momentos: sacerdotes de la ambas provincias Granada y de
Almería se reunieron en el municipio granadino para
recodar los horrores que se vivieron allí durante la
Guerra Civil, cuando grupos de republicanos convirtieron
la iglesia en una cárcel en la que encerraron a 300
personas a las que , según se relata, se sometió a
trabajos forzados y que en muchos casos fueron
ajusticiados.
El cura granadino Santiago Hoces, que participó en el
acto en memoria de las víctimas -durante el que se
celebró una eucaristía y una oración martirial a la que
acudieron casi una cincuentena de religiosos- y autor de
varios estudios sobre el tema de los asesinatos de
religiosos, recordó que durante la contienda se
asesinaron en España "más de 7.000 sacerdotes, 500
religiosas, algunas de ellas de clausura, y hasta 10
obispos". La Iglesia ha solicitado la canonización de
todos aquellos que ayer fueron homenajeados y que, como
especifica Hoces, "murieron por causa de odio a la fe
católica" y que perdonaron a sus verdugos. "Por eso son
unos mártires", justifica el sacerdote granadino.
El sacerdote también hizo especial hincapié en que el
motivo de este proceso ni es político ni es reciente,
sino que viene de muy atrás. "Hay tres tipos de muertos
de la Guerra Civil: los jóvenes de uno y otro bando cuya
sangre regó los campos españoles. Otros por la represión
política, tanto del lado de Franco como del otro. Y por
último, los de la persecución religiosa, que murieron
por ser católicos y no por motivos políticos. Esos son
los que pedimos que tengan la categoría de mártires del
siglo XXI desde hace ya más de dos décadas".
Según el religioso, se solicita la canonización por el
"testimonio" que han dejado a los católicos pero en
ningún caso para reabrir las heridas por las que supura
el odio. "Cuando he ido por los pueblos hablando con
testigos y familiares para poder demostrar que murieron
con palabras de perdón en la boca no he querido saber
los nombres de los que los mataron. La Iglesia Católica
no quiere condenar a nadie".
El alcalde de Turón, Juan Vargas, del PP, también se
negó ayer a politizar el acto de homenaje y recuerdo a
las víctimas. "En Turón murieron muchísimas personas, no
se sabe exactamente cuántas, pero casi todos eran gente
de fuera. En el pueblo no hay heridas abiertas. Yo he
asistido porque soy católico, como se han acercado otros
vecinos", zanjó.
El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, que
sustituye a Baltasar Garzón -de baja tras una
operación-, ha admitido que seis familiares de Federico
García Lorca se personan en la causa abierta sobre los
crímenes cometidos durante la Guerra Civil y el
Franquismo.
El magistrado dictó ayer una providencia en la que da el
visto bueno a la personación de la familia,
concretamente, a Laura García Lorca de los Ríos;
Concepción, Vicente y Manuel Fernández-Montesinos
García-Lorca; e Isabel y Gloria García-Lorca. La familia
se ha mostrado reticente a las exhumaciones de Dióscoro
Galindo y Francisco Galadí, supuestamente inhumados en
el mismo enterramiento común y cuyos parientes sí
solicitaron a Garzón -y obtuvieron- que se abriera el
barranco de Víznar en busca de sus restos mortales.
La personación de la familia Lorca obedece, según
explicó ayer su portavoz, Laura García Lorca, a la
intención de "estar informados de todo el proceso" y,
una vez se proceda a la apertura de la fosa común, poder
solicitar medidas de "privacidad". De hecho, la
providencia de Pedraz redunda en lo establecido en el
auto de Garzón del pasado 16 de octubre, en el que se
fijaban las condiciones en las que se deberían llevar a
cabo las exhumaciones solicitadas, las de Galindo y
Galadí. Textualmente, el auto señalaba que el proceso se
realizaría "procurando preservar las medidas de
seguridad, privacidad, garantizando la dignidad de las
víctimas y familiares". Como novedad, el magistrado
sustituto pone a disposición de los familiares del poeta
las actuaciones que constan en el Juzgado y les hace
saber "la forma y tiempo" en que se desarrollará la
exhumación, para lo cual libra un exhorto al Juzgado de
Instrucción Decano de Granada.
Por su parte, el vicepresidente de la Asociación para la
Recuperación de la Memoria Histórica de Granada, Rafael
Gil Bracero, explicó ayer que el equipo de la Policía
Judicial destinado a la investigación "quiere
cumplimentar su informe de la forma más exhaustiva"
posible. Así, defendió que los expertos están recabando
información de "fuentes diversas" para que el informe
final que se remita a Garzón "no sea unilateral".
Además, adelantó que la historiadora Maribel Brenes no
será titular de la comisión de expertos designada por el
juez, sino que ocupará el puesto de sustituta a favor de
otro experto propuesto por otra asociación.
El hispanista Ian Gibson defendió ayer, mientras tanto,
que está seguro de que "nada va a poder impedir" la
búsqueda de los restos del "poeta español más famoso del
siglo", aunque él "no podría aguantar el dolor" de
verlos. "Tengo confianza total en que se va a buscar.
Nada lo va a poder impedir", "esto está en marcha" y "la
familia no creo que pueda influir nada a estas alturas".
"El proceso es imparable", declaró Gibson.
Belén Rico, Granada.
El 6 de noviembre
fue la fecha establecida por el Papa Benedicto XVI para
la memoria litúrgica de los 498 mártires beatificados el
28 de octubre de 2007. La CEE pidió que en esta fecha se
celebrara también la memoria de todos los Mártires
Españoles del siglo XX. Y así es.
La persecución religiosa fue «masiva» y «sádica»
El mundo - 30.10.2008
Su libro tiene un título elocuente: La Iglesia en llamas (Destino). En él, el filólogo e historiador catalán Jordi Albertí realiza un informe riguroso sobre la persecución religiosa, en el que pone de relieve que «durante la República hubo un plan y una estrategia perfectamente diseñadas para acabar con la Iglesia».
En la presentación de su obra, Albertí explicó que la estrategia tuvo como abanderado a Joan García Oliver, ministro de Justicia con Negrín y líder del movimiento anarquista. «El fue el estratega para acabar con la Iglesia y ensayar un modelo de revolución libertaria inédita».
La estrategia se plasmó en una persecución implacable contra lo que los anarquistas llamaban «la hidra de tres cabezas: Capital, Milicia y Clero. La Iglesia era la cabeza más fácil de atacar, y con un plus de simbolismo».
Siguiendo esta estrategia, se mató «a 7.000 clérigos» y, además, se hizo «con muchísimo sadismo y con intención de cometer sacrilegio de forma deliberada», señala el historiador. Y añade: «No hay analogía alguna ni en Europa ni en el mundo. Quizás la única que se le acerque sea la revolución roja de Pol Pot en Camboya».
Más aún, «el objetivo final era matar a todas las personas religiosas y, de hecho, el 80% de las 50.000 víctimas del bando republicano lo fueron por la cuestión religiosa». Especialmente, a los clérigos se les mataba por «ser representantes de una institución que debía ser destruida».
Albertí asegura que los curas no hicieron nada para merecer ese trato. «No se puede acusar a la Iglesia de conspirar como institución (sí a algún jerarca, como el cardenal Segura), ni de colaborar militarmente con los sublevados».
A su juicio, el jerarca cuya actuación más le escandalizó no fue Segura, sino el entonces Primado de España, Pla y Daniel, que bendijo el derrocamiento del Gobierno con esta frase lapidaria: «Por medios legales, si es posible; pero, si no lo es, por un alzamiento armado».
La Iglesia prepara la beatificación de "unos 500 mártires" de la Guerra Civil
- El año pasado ya se celebró una beatificación masiva de 498 "mártires" de la Guerra
- Durante el pontificado de Juan Pablo II se beatificó a 471 personas en 11veces
- La CEE dice que las beatificaciones no se contradicen con sus críticas a la Ley de la Memoria
AFP MADRID 17.10.2008
La
Conferencia Episcopal
Española
prepara la beatificación de "unos 500
mártires" de la Guerra Civil, según ha
informado el portavoz de la organización,
Antonio Martínez Camino. Lo ha adelantado
este jueves durante la presentación de un
DVD y un libro sobre los "mártires" del
siglo XX de la Iglesia católica.
Sería la segunda gran beatificación de la
Iglesia Española, después de la de
498 mártires que se celebró el 28
de octubre de 2007 en el
Vaticano, la más numerosa hasta la fecha.
"Esperamos poder organizar la beatificación
de unos 500 mártires, pero aún no hemos
decidido cuántos ni cuándo", ha dicho
Martínez Camino.
El anuncio ha coincidido con el auto del
juez de la Audiencia Nacional, Baltasar
Garzón que se ha declarado competente para
investigar las
desapariciones y "crímenes contra la
Humanidad" cometidos durante la
Guerra Civil y los primeros años del
Franquismo.
Martínez Camino, según recoge la agencia
EFE, ha negado que exista una contradicción
entre las beatificaciones de mártires que
viene realizando la Iglesia católica y las
críticas que ha venido haciendo a la
Ley de Memoria Histórica.
Según el portavoz, no se trata de "reabrir
heridas" porque la "actividad de la Iglesia
de recordar a sus hijos, que han pagado con
su vida la fidelidad a su fe, es de siempre,
y se remonta a los primeros siglos de la
Iglesia cuando no había leyes de Memoria
Histórica".La investigación que se realiza
para los procesos de beatificación son
trabajos que se "vienen haciendo desde mucho
antes de la aprobación de la ley" y
"no buscan culpables".
Los "mártires" que la Conferencia Episcopal
quiere que sean beatificados en Roma, son
principalmente religiosos que murieron en
diversas circunstancias durante la Guerra.
Ya durante el pontificado de Juan Pablo I,
fallecido en abril de 2005, se llevaron a
cabo 11 beatificaciones de 471 "mártires
católicos".
Según los historiadores, varios miles de
religiosos y religiosas españoles
fueron asesinados por simpatizantes
republicanos anticlericales, antes y durante
la Guerra Civil. Por otro lado, unos 50.000
republicanos murieron por
las fuerzas nacionalistas, y decenas de
miles fueron encarcelados. Tras la victoria
de Franco, la Iglesia católica fue uno de
los pilares que apoyó el régimen.
Un libro y un DVD
El libro que se presentaba se titula "Los
primeros 479 santos y beatos mártires del
siglo XX en España. Quiénes son y de dónde
vienen" y recoge las biografías de todos los
beatificados o ya canonizados antes de 2007.
Este volumen sigue la misma línea que el
presentado el pasado año con motivo de la
beatificación conjunta en San Pedro del
Vaticano de 498 mártires el 28 de octubre.
Se ha presentado además un DVD con un vídeo
de una hora aproximadamente,
imágenes de la ceremonia de beatificación
y de la misa de acción de gracias del pasado
año, así como testimonios de familiares de
los nuevos beatos.