Revista Arbil nº 68

Los mártires beatificados y canonizados por el Papa Juan Pablo II. Una reflexión española

por Martín Ibarra Benlloch

¿Por qué Juan Pablo II está beatificando a los mártires de la Cruzada?
¿Qué beneficios puede traer a los miembros de la Iglesia? ¿Tiene valor su testimonio?

"El diablo, como ángel apóstata que es, sólo puede hacer lo que hizo en el principio: seducir y arrastrar la mente del hombre a violar los preceptos de Dios y cegar paulatinamente los corazones de quienes procuran servirle, para que se olviden del verdadero Dios y le adoren a él como a Dios". San Ireneo de Lyon, adu. haer. V,24,3.

Muchos son los epítetos que se pueden aplicar al siglo XX. Uno de ellos, que nos puede sorprender a primera vista es el de "siglo de los mártires". No ha habido periodo de la historia en que la persecución a la Iglesia Católica haya sido más sistemática, más extendida y que haya ofrecido una legión tan numerosa y entusiasta de mártires. Con certeza lo señaló Juan Pablo II en la Tertio millennio adveniente, n. 37: "Al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto a ser Iglesia de mártires".

¿Qué entendemos por martirio? Así lo define el actual Catecismo de la Iglesia Católica: "El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. "Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios" (S. Ignacio de Antioquía, Rom. 4,11)"

El Concilio Vaticano II en la constitución dogmática Lumen gentium 2, ha recordado que "la santidad es camino abierto para todos". Pero, para que una persona sea canonizada o beatificada, se necesitan pruebas, procedimientos y actos eclesiales. El cardenal Pietro Palazzini, prefecto de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, escribía en L’Osservatore Romano el año 1981: "Para que alguien merezca el título de mártir, se requiere que muera verdaderamente por su adhesión a la fe; lo cual excluye los motivos políticos y las enemistades personales. Por otra parte, es preciso que haya podido escoger consciente y libremente entre la muerte y la apostasía".

Pero, ¿por qué tanto interés en que haya más santos? El cardenal continuaba su artículo con algo que resulta muy importante y que, en ocasiones, muchos parecen olvidar, y es que la santidad es una de las notas de la Iglesia: "Además los santos, y más en particular los santos canonizados, cumplen la misión de proponer a todos los cristianos una especie de ilustración esencial de la doctrina evangélica y les estimulan a la generosidad y a la creatividad, al mostrar las muchas pautas que puede inspirar la doctrina evangélica. Por esta razón los santos cumplen en la Iglesia una función pedagógica indispensable. La Iglesia canoniza, además, a los santos para hacer patente la realidad de una de sus notas distintivas: la santidad" .

1. Karol Wojtila, arzobispo de Cracovia.

En España se conocía al obispo Wojtila por su participación en el Concilio Vaticano II, con intervenciones muy afortunadas. En octubre de 1972 se publica una entrevista amplia con el arzobispo de Cracovia, a la que acompañan las palabras pronunciadas durante la procesión del Corpus Christi aquel año. El régimen comunista imponía su dura censura y represión. Estaban prohibidas las cruces en las escuelas y lugares públicos. Y la procesión no podía ir por las calles principales ni, por supuesto, pasar por la plaza principal. En este contexto tienen un interés especial parte de las palabras de monseñor Wojtila, teniendo en cuenta que en cualquier momento les podían cortar el paso o detener.

¡"Yo te confieso, Padre, Señor del cielo y de la tierra"! Estas palabras fueron pronunciadas por Cristo y con estas mismas palabras salimos hoy con Cristo en el Sacramento de la Eucaristía, por las calles de Cracovia, para confesar a Dios. ¡"Yo te confieso, Padre, Señor del cielo y de la tierra"!

Hoy, queridos hermanos y hermanas, vivimos en una época de confesores. Episodios como los que os he contado se han escrito en la Iglesia en los libros de los mártires: Acta Martyrum. Mártir, en griego, significa testigo, confesor. Hoy se deben escribir las acta Martyrum de las personas de nuestros días –los testimonios de los confesores-, para que de esta manera nos podamos ayudar unos a otros, para tener noticia los unos de los otros, para que el daño que se hace a cualquiera a causa de sus creencias, de su fe y de su conciencia, lo hagamos nuestro. Pero a menudo se nos reprochará por hablar de estas cosas. ¿Y cómo podríamos callar? ¿Cómo podríamos no escribirlas? ¿Cómo podríamos quedarnos con los brazos cruzados? Todo hecho de ese tipo, se trate de un muchacho, de una madre, de uno de nosotros, ignorante o culto, profesor universitario o estudiante, ¡todo hecho así debe ser para nosotros una causa común! Y yo, como obispo, debo ser el primer servidor de esa causa. De esa gran causa del hombre. Porque la causa de la libertad espiritual del hombre, de la libertad de las conciencias, de la libertad religiosa, es una gran causa humana! ¡Del hombre de siempre, del hombre de hoy!

"Quiero añadir por otra parte que, si nuestra procesión no puede atravesar hoy la Plaza Central, no ahorraré esfuerzos, en unión con todos los pastores de Cracovia, para que esta señal de discriminación para con los creyentes de nuestra ciudad –se piense de ello lo que se piense-, cese cuanto antes".

Y casi al final, añadía algo que resultaba una afrenta al régimen materialista que dominaba Polonia: "El materialismo es incapaz de formar un hombre fuerte y una sociedad fuerte". Y proseguía: "Sería de desear que la censura no fuese tan severa con las publicaciones eclesiásticas, con la editorial católica, y que se ocupase más de la moral fundamental, que constituye la base del bien social" .

El joven arzobispo de Cracovia no tiene reparo en que Jesús Sacramentado se pasee por las calles de su ciudad, a pesar de las amenazas y de las posibles represalias. Cita las palabras de Jesucristo, a quien todos deben de imitar. Y habla sin rodeos de confesar la fe, de imitar a los mártires, de conocerlos.

2. Juan Pablo II, Papa: ¡no tengáis miedo!

El 22 de octubre de 1978 se inicia el pontificado de Juan Pablo II. El Papa se levanta pronto y acude a rezar ante la sepultura de san Pedro. Después recibe a los cardenales, que besan su anillo. Más tarde se dirige a la plaza y dirige unas palabras a la gente ahí congregada: "Hermanos y hermanas, ¡no tengáis miedo! Abrid de par en par las puertas a Cristo. Os lo suplico, os lo imploro con humildad y confianza: dejad a Cristo que hable al hombre. A su potestad salvadora abrid los confines de los Estados, de los sistemas económicos y políticos, los amplios campos de la cultura, de la civilización, del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo sabe lo que hay dentro del hombre. ¡Sólo Él lo sabe!".

X

El Papa acepta la invitación formulada por los obispos hispanoamericanos para asistir a la inauguración de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano que se iba a celebrar a finales de enero de 1979 en Puebla, México. Este será su primer viaje apostólico y un gran éxito. Será recibido con cariño y fervor popular por millones de mexicanos.

Antes de llegar, hizo escala en la República Dominicana el 25 de enero de 1979. En el saludo que dirige al presidente de la República ensalza a los evangelizadores españoles sin ambages: "Es este un testimonio de reconocimiento que quiero tributar a los artífices de aquella admirable gesta evangelizadora, en esta misma tierra del Nuevo Mundo donde se plantó la primera cruz, se celebró la primera Misa, se recitó la primera Avemaría y de donde, entre diversas vicisitudes, partió la irradiación de la fe a las otras islas cercanas y de allí a la tierra firme". Claridad de un mensaje que comenzaba a diluirse, en muchas naciones americanas y también en España, que vive un momento de fiebre revisionista y de crisis de su identidad histórica con el gobierno de Unión de Centro Democrático.

Dos días más tarde, en la catedral de México D.F., Juan Pablo II expone a los fieles reunidos que han de ser testigos de Cristo. "El Papa espera a la vez que vuestra coherencia no sea efímera, sino constante y perseverante. Pertenecer a la Iglesia, vivir en la Iglesia, ser Iglesia es hoy algo muy exigente. Tal vez no cueste la persecución clara y directa, pero podrá costar el desprecio, la indiferencia, la marginación". En México el gobierno es laicista, la Iglesia Católica no está reconocida y no hay relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Así que las palabras del Papa no son teóricas, sino reales. Ser coherente con la fe les puede costar problemas en su vida diaria, laboral, sindical y política. El martirio no es tan frecuente, porque el gobierno prefiere apóstatas.

El 15 de marzo de 1979 se da a conocer simultáneamente en todo el mundo la encíclica Redemptor hominis, primera de su pontificado. Su pensamiento queda muy diáfano, en un mundo en que parece que el hombre en sí tiene cada vez menos importancia.

Este año tienen lugar dos ceremonias de beatificación, la primera en el mes de abril, la segunda en octubre. Y se anuncia el viaje a Polonia, previsto con el aniversario del martirio de san Estanislao, obispo y mártir, entre el 8 y el 13 de mayo. Al final se cambia la fecha y la visita es del 2 al 10 de junio. Es la primera vez que un Papa viaja a un país socialista de la Europa central.

Entre sus numerosas ceremonias y homilías, el Papa se acerca al campo de concentración de Brezinka. Es un lugar emblemático de cómo se ha pisoteado la dignidad humana, y de cómo el triunfo solo se consigue mediante la fe y el amor.

"¿Puede todavía extrañarse alguien de que el Papa, nacido y educado en esta tierra; el Papa que ha ido a la Sede de San Pedro desde la diócesis en cuyo territorio se halla el campo de Oswiecim, haya comenzado su primera Encíclica con las palabras Redemptor hominis y que la haya dedicado en conjunto a la causa del hombre, a la dignidad del hombre, a las amenazas contra él y, en fin, a sus derechos inalienables que tan fácilmente pueden ser pisoteados y aniquilados por sus semejantes? ¿Es suficiente revestir al hombre de un uniforme diverso, armarlo con instrumentos de violencia, basta imponerle la ideología en la que los derechos del hombre quedan sometidos a las exigencias del sistema, completamente sometidos, hasta no existir ya de hecho?".

No hay en estas palabras una mera condena del nacionalsocialismo, sino la de todos los sistemas e ideologías que pisotean al hombre o lo degradan. Y recuerda, algo más adelante, a los seis millones de polacos muertos durante la segunda guerra mundial. Hay que tener presente que estos polacos fueron asesinados por los ejércitos nacionalsocialista y comunista. Dos sistemas paganos que desprecian al hombre.

La beatificación del 14 de octubre de1979 es la del español Enrique de Ossó (1840-1896). En su homilía señaló su vida de fe y coherencia. "Y no era fácil la época que a él le tocó vivir, en una España dividida por las guerras civiles del siglo XIX y alterada por movimientos laicistas y anticlericales que pretendían la transformación política y social, dando incluso origen a sangrientos episodios revolucionarios".

También en octubre de 1979 viaja a Irlanda y Estados Unidos. En esta última nación los católicos son minoría, y se arriesga mucho. En Boston se reunen 400000 bajo la lluvia; muchos más en Nueva York, millón y medio en Filadelfia, en Chicago... a pesar de que las palabras del Papa son claras y exigentes.

Antes de finalizar el año, el Papa viaja a Turquía. No es recibido por muchedumbres, como en sus anteriores viajes. Pero ha dado un significado ecuménico a ese viaje, a una nación de antigua raigambre cristiana y abrumadora mayoría musulmana en la actualidad. Con unas minorías cristianas que están lejos de ver reconocidos sus derechos.

En este primer año de pontificado ya queda perfectamente esbozada la futura actuación del Papa polaco. Expone con claridad el mensaje del Evangelio, propone la imitación de Cristo de forma plena, recordando que murió en la cruz. Tampoco le tiembla el pulso a la hora de indicar a todos los que envilecen al hombre, atacan a la Iglesia y pretenden construir una sociedad sin Dios. Si siendo arzobispo de Cracovia hablaba de la necesidad de "escribir las acta Martyrum de las personas de nuestros días –los testimonios de los confesores-, para que de esta manera nos podamos ayudar unos a otros, para tener noticia los unos de los otros", ¿lo llevará a la práctica ahora? Todo indica que sí.

3. Juan Pablo II y los mártires.

Si hay un discurso que remueva la esperanza de los que desean ver a los mártires españoles en los altares, ese es el que pronuncia Juan Pablo II en la celebración del V centenario de los mártires de Ottranto el 5 de octubre de 1980. Ottranto es una pequeña villa, a la orilla del mar, en el sur de Italia, que en 1480 fue asaltada por piratas sarracenos. Los ochocientos campesinos se defendieron, muriendo todos, confesando a Cristo. Dijo en aquella ocasión Juan Pablo II cosas profundas y muy actuales:

"La verdad sobre el martirio tiene en el Evangelio una elocuencia llena de penetrante profundidad y, al mismo tiempo, de transparente sencillez. Cristo no promete a sus discípulos éxitos terrenos o prosperidad material, no presenta a sus ojos "una utopía" como ha sucedido más de una vez, y sucede siempre en la historia de las ideologías humanas. El dice sencillamente a sus discípulos, "os perseguirán, os entregarán a los organismos de las diversas autoridades, os meterán en la cárcel, os llevarán ante los diversos tribunales. Todo esto por amor de mi nombre...". Nosotros llamamos mártires a los cristianos que, en el curso de la historia, han padecido sufrimientos, frecuentemente terribles por su crueldad "in odium fidei", a aquellos a quienes "in odium fidei" se les infligía finalmente la muerte".

"El martirio es una gran prueba, en cierto sentido es la prueba de la dignidad del hombre delante de Dios mismo. Es difícil, a este propósito, decir más de lo que afirma precisamente el Libro de la Sabiduría: "Dios los probó y los halló dignos de Sí".

"A través de esta prueba han pasado, en el curso de la historia, numerosos confesores y discípulos de Cristo. A través de esta prueba pasaron los mártires de nuestro siglo, mártires frecuentemente desconocidos, aun cuando no se hallan lejos de nosotros".

"Aquellos ochocientos otrantinos que, tras haber defendido por todos los medios la supervivencia, la dignidad y la libertad de su querida ciudad y de sus casas, también supieron defender de manera sublime el tesoro de la fe... ¿Eran quizá unos ilusos, unos hombres fuera de su tiempo? ¡No, queridísimos jóvenes!, aquellos eran hombres auténticos, fuertes, decididos, coherentes, bien enraizados en su historia, eran hombres que amaban intensamente a su ciudad... Nos han dejado, y sobre todo os han dejado a vosotros, dos testimonios fundamentales: el amor hacia la Patria terrena y la autenticidad de la fe cristiana".

"El cristiano ama a su Patria terrena. El amor hacia la Patria es una virtud cristiana; sobre el ejemplo de Cristo, los primeros discípulos manifestaron siempre una sincera "pietas", un profundo respeto y una limpia lealtad en relación con la Patria terrena".

No era dificil sustituir otrantinos por barbastrenses, valencianos, madrileños. Los mártires han dejado a todos dos testimonios fundamentales: "el amor hacia la Patria terrena y la autenticidad de la fe cristiana".

U

Con estas premisas, y teniendo presente lo que ha dicho el Concilio Vaticano II, "la santidad es camino abierto para todos", Juan Pablo II da luz verde a muchos procesos de beatificación y canonización que han dormido décadas o siglos. Recordaremos brevemente algunos de ellos, en su mayoría mártires contemporáneos, para centrar nuestro estudio y darle la dimensión adecuada.

El año 1980, son dos las sesiones de beatificación, pero los beatos se elevan a ocho. En 1981, también son dos las ceremonias y veintiuno los nuevos beatos. Aunque no son contemporáneos, ejemplifican muy bien la visión universal del nuevo Papa.

Se trata de Lorenzo Ruiz de Manila y sus quince compañeros (+ 1633-1637). La ceremonia tiene lugar en Manila el 18 de febrero, durante el viaje que Juan Pablo II realiza por Oriente. Gobierna el archipiélago el dictador Fernando Marcos, nada proclive al catolicismo. La inmensa muchedumbre que asiste esos días a los actos del Papa resulta un fuerte revulsivo. Unos días más tarde, el 26, celebró la misa conmemorativa de los mártires en el estadio Matsuyama de Nagasaki (Japón).

"Esta gloriosa muchedumbre, como la de los primeros siglos de la Iglesia, ha recibido un reciente reconocimiento por parte de la Iglesia hace pocos días, en la ceremonia de beatificación de otros dieciséis mártires realizada en Manila. Estos mártires sufrieron en Nishizaka los años 10, 11 y 14 de la era Kwanei, correspondiente a los años 1633, 1634 y 1637 del calendario cristiano, que fue el periodo marcado por el edicto Sakoku promulgado por el Shogun Tokugawa Iyemitsu.

"Es precisamente en esta perspectiva y con estos sentimientos de amor como los dieciséis nuevos Beatos se sintieron japoneses con los japoneses, cristianos con los cristianos, hermanos con sus hermanos" .

El Papa ha salido airoso en su viaje por oriente con unas visitas bastante dificiles. No ha dudado en hablar y actuar con claridad y firmeza, preparando el camino de una evangelización más intensa. Como Tertuliano, piensa que "la sangre de los mártires es semilla de cristianos".

Tres meses más tarde, experimenta en su propio cuerpo la realidad del martirio –en su caso, al no fallecer, de confesor de la fe-. El 13 de mayo, mientras saluda a la multitud reunida en la plaza de San Pedro, el turco Ali Agca descarga sobre él varios disparos. El Papa cae gravemente herido. Su recuperación será lenta y dejará en él secuelas de por vida.

El año 1982 registra tres ceremonias de beatificación, con dieciséis nuevos beatos. De estos destacamos la beatificación el 3 de octubre de Salvador de Capadocia y siete compañeros mártires (+ 1853-1895). Una semana más tarde, tiene lugar la canonización del padre Maximiliano María Kolbe, natal de Zdunska-Wola (Polonia), asesinado por los nazis el 14 de agosto de 1941. El Papa Pablo VI lo había proclamado beato el 17 de octubre de 1971. El 10 de octubre, el Papa Juan Pablo II lo proclamó santo. La prensa española informó de este hecho, añadiendo que "el Papa ha dispensado, por tratarse de un mártir, de lo prescrito en el canon 2138 del Código de Derecho Canónico, para que se pueda proceder a la canonización sin nuevos milagros" . Es el primer mártir de la persecución nacionalsocialista que ha sido elevado a los altares. Otros muchos procesos están en marcha.

En 1983, el Papa inaugura el año santo de la Redención. Comienza la preparación remota del gran Jubileo cristológico del año 2000. Ese año beatifica el 15 de mayo a Aloisio Vesigia, obispo de Carysten (1873-1930) y a Calixto Cararasio, sacerdote salesiano (1903-1930). Las ceremonias de beatificación han sido seis, y diez el número de beatos. Este ritmo resulta inaudito en la historia de la Iglesia. Y el Papa está dispuesto a que todo se realice con el máximo rigor, pero a la vez desea que aumente su número y también, su cercanía en el tiempo. Porque el lapso de tiempo establecido entre el fallecimiento de una persona y el estudio de sus virtudes debía de ser como mínimo de cincuenta años. Esto hacía, entre otras razones, que los procesos se ralentizaran mucho.

Este mismo año, gobernando el Partido Socialista Obrero Español desde hace un año, el Papa Juan Pablo II decidió la reapertura de los procesos de beatificación de los mártires españoles bajo la segunda república. Así lo informó el cardenal Palazzini, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos en el sínodo de octubre. "Tan solo unas horas después de que el Papa recibiera en audiencia al presidente González, manifestándole la preocupación de la Iglesia por las medidas contra la religión católica adoptadas por el Gobierno socialista, se ha anunciado que Juan Pablo II ha levantado la suspensión del estudio de las causas de beatificación de los mártires de la guerra civil española" . En esa misma sesión, monseñor Palazzini dio a conocer otra medida importantísima que había sido aprobada el 25 de enero de ese año 1983, sobre la nueva legislación de los procesos de beatificación. La principal novedad es que son los obispos diocesanos los que deben instruir los procesos por propia potestad, y no por delegación de la Santa Sede. Es evidente que esto va a favorecer la tramitación de numerosos procesos de mártires de todo el mundo, también de los españoles.

Al año siguiente, el 19 de febrero de 1984, tiene lugar una ceremonia en San Pedro, en la que se beatificó al sacerdote Guillaume Repin (1709-1794) y a otros 98 más, mártires durante la revolución francesa en los años 1793 y 1794 en La Vendée. Habían pasado dos siglos, se habían sucedido las beatificaciones desde 1906, pero no hubo ninguna más a partir de 1955 . El momento era oportuno, ya que el Papa no tardaría en difundir el mensaje de recristianizar a la vieja Europa. Y las fuerzas laicistas se aprestaban en Francia y en otras muchas naciones a acabar con el cristianismo. El bicentenario de la revolución francesa era un momento oportuno para divulgar los principios anticristianos contenidos en la misma, que contaban con el apoyo decidido del presidente socialista Mitterrand .

La homilía del Papa el día de su beatificación tiene puntos que esclarecen mucho este y otros martirios.

"Son, en primer lugar, los numerosos mártires que, en la diócesis de Angers, en los tiempos de la Revolución Francesa, aceptaron la muerte, porque como dijo Guillaume Repin, quisieron "conservar su fe y su religión", con firme adhesión a la Iglesia católica y romana; sacerdotes que se negaron a prestar un juramento que consideraban cismático, y que no quisieron abandonar su cargo pastoral; laicos que permanecieron fieles a estos sacerdotes, a la Misa celebrada por ellos y a las manifestaciones de culto a María y a los santos. Sin duda, en un contexto de fuertes tensiones ideológicas, políticas y militares, se pudo hacer pesar sobre ellos sospechas de infidelidad a la patria; se les acusó, en las actas de las sentencias, de compromiso con las "fuerzas anti-revolucionarias". Así sucede en casi todas las persecuciones, de ayer y de hoy.

"Nos admiran sus respuestas decididas, tranquilas, breves, francas, humildes, que no tienen nada de provocación; y que son tajantes y firmes en lo esencial: la fidelidad a la Iglesia. Así hablan los sacerdotes, todos guillotinados como su venerable decano Guillaume Repin, las religiosas que se negaban incluso a dejar creer que habían prestado juramento, los cuatro hombres laicos".

Esta beatificación molestó también a algunos miembros del clero y del episcopado francés, entre los que parece encontrarse el propio obispo de Angers quien "en una declaración oficial, se apresuró a poner en guardia a los católicos contra una admiración ciega hacia esos hombres y mujeres que, según él, interpretaron tan mal, en 1794, los signos de los tiempos" .

Bien distinto era el caso de Corea, donde acudió el Papa en un viaje apostólico que contó como fecha histórica el día 6 de mayo de 1984, en que canonizó a Andrea Kim, primer sacerdote católico coreano y 102 compañeros. La ceremonia en Seúl fue realmente impresionante. Se desarrolló en la isla en el centro del río Han, que divide Seúl, ante millón y medio de personas, en su mayoría no católicos. Se conmemoraba el bicentenario de la presencia católica en Corea. En solo tres años, Corea ocupaba el primer lugar del mundo en vocaciones sacerdotales. En palabras de monseñor Simón Eun-Kyu Cheng, secretario de la Conferencia Episcopal Coreana, "para los dos millones de católicos, tenemos mil quinientos seminaristas mayores. Tenemos los cuatro seminarios mayores completamente llenos, no podemos recibir a todos" . En Corea, que ha vivido diez persecuciones en menos de un siglo, que sufrió la segunda guerra mundial y la ocupación japonesa, la guerra civil y posterior separación del régimen del Norte, comunista, sí desean imitar a los mártires.

Si el año 1984 hubo seis ceremonias de beatificación, en 1985 habrá nueve. Las dos primeras en la América hispana: el 1º de febrero en Guayaquil (Ecuador) y al día siguiente en Arequipa (Perú). El 15 de agosto la ceremonia tiene lugar en Kinshasa (Zaire). El 22 de septiembre en Génova (Italia). La universalidad de la Iglesia se hace, en este sentido, cada vez más patente. La siembra de la santidad germina con el tiempo. Este año de 1985, sin embargo, solo se beatifica a un mártir de nuestra época. La ceremonia tiene lugar en el Vaticano el día 3 de noviembre, beatificando al sacerdote Tito Brandsma, carmelita (1881-1942)

En el verano de 1985, se hace público que hay más de mil causas de beatificación y canonización pendientes, según consta en el nuevo "Index ac status causarum", volumen que recoge la lista de todas las causas presentadas a la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos. Y otra noticia que cayó como un vaso de agua fría entre liberales recalcitrantes y marxistas, como es la promulgación del decreto sobre las "virtudes heróicas" del Papa Pío IX .

En 1986 se registran tres ceremonias de beatificación con cuatro nuevos beatos, en Kottayam (India), Lyon (Francia) y Florencia (Italia).

El año 1987 ostenta el record de ceremonias de beatificación en el pontificado de Juan Pablo II, un total de once, con 106 nuevos beatos. La primera del año, el día 29 de marzo, corresponde al sacerdote don Manuel Domingo y Sol (1836-1909), al cardenal Marcelo Spínola (1835-1906) y a las tres carmelitas mártires de Guadalajara, Jacoba Martínez García, Eusebia García y Marciana Valtierra Tordesillas. Veinte mil peregrinos llenan la basílica de San Pedro. "Cuatro cardenales –Suquía, Marcelo González, Jubany y Tarancón-, junto con casi la mitad del episcopado y seiscientos sacerdotes, concelebraron con el Papa la solemne liturgia de la beatificación. Fue una de las más gozosas de la historia de la Iglesia de España, sólo comparable con otro gran día de 1622, en la que la Iglesia canonizó a cuatro de nuestros más grandes santos: Teresa de Avila, Ignacio de Loyola, Francisco Javier e Isidro labrador" . La reacción del gobierno español fue fría en todo momento. De hecho, la designación de embajador en la Santa Sede de Puente Ojea, marxista declarado, apóstata confeso y divorciado fue interpretada como una provocación, al igual que lo hubiera sido el nombrar a un nacionalsocialista embajador en Israel. No acudió ningún ministro -de Justicia e Interior es lo habitual en naciones católicas-, pero sí el presidente del senado, otro divorciado.

El 1º de mayo de ese año, en un viaje a Alemania, el Papa beatifica a una monja carmelita Teresa Benedicta de la Cruz, en el siglo Edith Stein (1891-1942). La última de once hermanos, de familia judía, estudia filosofía con Edmund Husserl. En 1934 tomó el hábito en el monasterio de las carmelitas de Colonia. Cuatro años más tarde, ante la persecución que comienza a desencadenarse contra los judíos, la trasladan a otro convento de Holanda. El 2 de agosto de 1942 son capturadas Edith y su hermana Rosa y son llevadas a Auschwitz, donde mueren el día 9 en las cámaras de gas. Con su beatificación en Colonia el 1 de mayo de 1987, la Iglesia rindió honores, por decirlo con palabras del Sumo Pontífice Juan Pablo II, a "una hija de Israel, que durante la persecución de los nazis ha permanecido, como católica, unida con fe y amor al Señor Crucificado, Jesucristo, y, como judía, a su pueblo". Ha sido canonizada el 11 de octubre de 1998 y nombrada copatrona de Europa.

El 7 de junio de 1987 se inauguró el año mariano, que duró hasta el 15 de agosto de 1988, festividad de la Asunción. Se multiplicaron las celebraciones marianas, como preparación al gran Jubileo cristológico del año 2000. Coincide, además, con los dos años en que más ceremonias de beatificación y canonización se llevan a cabo.

Pero no terminan las beatificaciones de este año. En un nuevo viaje por su Polonia natal, que comienza a presentar síntomas de reacción contra el despotismo comunista, beatifica el 10 de junio en Tarnów a Carolina Kózka, mártir (1898-1914), y el día 14 en Varsovia a Michaël Kozal, obispo auxiliar de Vladislavia, también mártir (1893-1943).

El 4 de octubre, en la basílica de San Pedro tienen lugar tres nuevas beatificaciones, los tres de mártires del siglo XX. Son Antonia Mesina (1919-1935), Marcelo Callo (1921-1945) y Petrina Morosini (1931-1957).

El año 1988 tiene menos ceremonias de beatificación, ocho, pero más de canonización que el anterior, seis, lo que hace de él el más abultado de su pontificado –hasta 2002 incluido-. Esto se explica bien por el impulso decidido a los procesos de beatificación, de los que un porcentaje muy elevado lo componen los mártires. Y por celebrarse un año mariano. Pero también es indicativo de algo más profundo...

Hay dos ceremonias en que se canoniza a mártires. La primera en Asunción (Paraguay) el día 16 de mayo, a Roque González de Santa Cruz (1576-1628) y otros dos jesuitas, todos ellos españoles. La segunda, el 19 de junio, la canonización del presbítero Andrés Dung-Lac; a Tomás Thien y Emanuel Phung, laicos. A los españoles Jerónimo Hermosilla, Valentín Berrio Ochoa, Clemente Ignacio Delgado y Cebrián, José María Díaz Sanjurjo, Melchor García Sampedro, Domingo Henares, de la Orden de Predicadores, obispos. A Teofano Venard, presbítero M.E.P. y a los sacerdotes españoles, dominicos, Mateo Alonso Leziniana, Pedro Almató, Jacinto Castaneda, José Fernández y Francisco Gil de Federich y 100 compañeros, todos ellos mártires. Son los mártires de Vietnam, beatificados en sucesivos momentos por León XIII (1900), Pío X (1906, 1909) y Pío XII (1951). La historia religiosa de la Iglesia vietnamita señala que han existido un total de 53 edictos, firmados por los Señores Trinh y Nguyen o por los reyes que, durante  más de dos siglos, en total 261 años (1625-1886), han decretado contra los cristianos persecuciones una más cruel que la otra. Son alrededor de unas 130.000 las víctimas caídas por todo el territorio nacional.

Esta causa había sido solicitada con gran interés por los episcopados de Vietnam, Filipinas, España y Francia. Este grupo vietnamita es el más numeroso de los canonizados hasta este año 1988. ¿Qué dice el Papa con motivo de esta canonización?

"Interpela a Filipinas, que fue el lugar de la inmediata preparación y fortalecimiento en la fe para once de los nuevos santos...

"Los santos mártires interpelan a la Iglesia en Japón, particularmente a la archidiócesis de Nagasaki; a la Iglesia en Taiwan y en Macao, y a todos los discípulos de Cristo en Asia".

Han de ser apostólicos, sin miedo a confesar a Cristo. El crecimiento del catolicismo depende en buena medida de ellos. La población mundial se concentra en Asia que es, a su vez, el continente donde más desconocido es Jesucristo. La siembra del Papa queda cada vez más patente: Filipinas, Japón, Corea, ahora Vietnam.

El 25 de septiembre beatifica en Roma a seis nuevas personas, de las que uno es mártir contemporáneo, Miguel Agustín, sacerdote jesuita (1891-1927).

El año 1989 marca un momento de inflexión en la historia europea. Cae el muro de Berlín, lo que desencadenará convulsiones políticas que afectarán en buena medida a la libertad de los católicos y de la Iglesia en muchas naciones. Será un proceso lento y costoso, que no ha culminado.

El Papa realizó siete ceremonias de beatificación con un total de 48 nuevos beatos, entre los que se encuentran diversos mártires. Destacaremos la beatificación el 1º de octubre de Nicéforo de Jesús y María (Vicente Díez Tejerina) (1893-1936) y 25 compañeros, religiosos pasionistas de Daimiel (Ciudad Real). De ellos dijo el Papa: "Al igual que Jesús, también ellos murieron por su pueblo, perdonando sonrientes y pidiendo a Dios que sonase la reconciliación para todos sus hermanos" .

Ese mismo mes, el día 22, se beatifica a siete nuevos mártires: Agnes Phila, Lucia Khambang, religiosas y cuatro compañeras, y a Philippus Siphong Onphitak, catecúmeno (+ 1940).

Tras la visita de Gorbachov a Berlín oriental, dimite Erich Honecker. Le sustituye al frente de la República Democrática Alemana Egon Krenz. Pero la gente sale a la calle a protestar, y a demandar sus libertades... El 9 de noviembre el gobierno decide abrir sus fronteras, incluyendo la del muro de Berlín. Al día siguiente, Teodoro Zhikov, que llevaba treinta y cinco años en el poder, dimite como secretario del Partido Comunista Búlgaro. La gente también se echa a la calle en Lituania, Letonia y Estonia, desafiando la tiranía de Moscú. Una gran espectación y una cierta inquietud recorre toda Europa, ante una revolución que puede ser incruenta o aplastada por los tanques rusos.

Años más tarde, Juan Pablo II escribe que "es difícil no advertir como el Año Mariano precedió de cerca a los acontecimientos de 1989" . No hay casualidades para el creyente.

La primera beatificación del año 1990 corresponde a mártires españoles. Tiene lugar el 29 de abril y son un total de nueve. Se llaman Cirilo Bertrán (José Sanz Tejedor) y sus siete compañeros, religiosos, del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas e Inocencio de la Inmaculada, presbítero. Son los primeros mártires de la revolución marxista de 1934, promovida por dirigentes del Partido Socialista Obrero Español, que gobierna en la actualidad España .

Los ocho hermanos dirigían una escuela en Turón, en un valle minero asturiano. Cirilo Bertrán era el director de la comunidad. Nació en Lerma, provincia de Burgos, el 20 de marzo de 1888, en el seno de una familia humilde. Hizo profesión de vida religiosa en agosto de 1905. Llega a Turón en 1933; en el verano de 1934 participa en un retiro en Valladolid: su mejor preparación para el martirio. Los demás hermanos se llaman Marcano José (Filomeno López López), Victoriano Pío (Claudio Bernabé Cano), Julián Alfredo (Vilfrido Fernández Zapico), Benjamín Julián (Vicente Alonso Andrés), Héctor Valdivielso (Benito de Jesús), Aniceto Adolfo (Manuel Seco Gutiérrez), Augusto Andrés (Román Martínez Fernández).

El padre Inocencio de la Inmaculada (Manuel Canoura Arnau) nació en el Valle del Oro el 10 de marzo de 1887. Ingresó en la congregación de los Pasionistas a los catorce años. El 20 de septiembre de 1920 fue ordenado sacerdote. Profesor de filosofía, teología y literatura, acudió al colegio de Turón para preparar a los niños a celebrar el primer viernes de mes, el día 5 de octubre. Ese día, los sublevados marxistas les arrestaron y les condenaron a muerte. Fueron fusilados en la madrugada del día 9 de octubre por otros socialistas de pueblos cercanos, ya que los de Turón se negaron a hacerlo.

El hermano Jaime Hilario (Manuel Barbal Cosín) nació el 2 de enero de 1898 en Enviny, provincia de Lérida. En 1917 toma el hábito de los hermanos de La Salle. Capturado en 1936, es conducido a Tarragona y encarcelado en el barco "Mahón". Fue juzgado y condenado junto con otras veinticuatro personas; el abogado tramitó la solicitud de gracia, que fue concedida a todos los demás excepto a él, el único religioso. Fue fusilado el 18 de enero de 1937 junto al cementerio de Tarragona. Con asombro del piquete, el mártir siguió en pie después de dos descargas sucesivas. El grupo arrojó las armas y se dio a la fuga. El jefe del pelotón se acercó y le disparó en la sien.

También en esta ceremonia de 29 de abril de 1990 se beatificó a María de las Mercedes Prat y Prat, religiosa de santa Teresa de Jesús, igualmente mártir (1890-1936). Al fusilarla los milicianos, herida de muerte, repetía "Jesús, José y María". Rematada de nuevo, sus últimas palabras fueron del padrenuestro: "perdónanos... como nosotros perdonamos".

En 1991 el Papa celebra ocho ceremonias en las que se proclaman once nuevos beatos. Ninguno de estos es mártir. Únicamente merece la pena destacar que cuatro de estas ceremonias tienen lugar en Polonia, en los meses de junio y agosto; una en Susa, Italia y otra en Florianopolis, Brasil. La teología de la liberación, combatida desde el año 1986 con la publicación de la Congregación para la doctrina de la fe de la Instrucción sobre libertad cristiana y liberación, de fecha 22 de marzo, comienza a batirse en retirada. El marxismo, en sus diferentes frentes, comienza a retroceder.

El año 1992 tenía un relieve especial por conmemorarse el descubrimiento y evangelización de América. A diferencia del siglo anterior en que se incidió demasiado en la figura de Cristóbal Colón, en esta ocasión y por indicación expresa del Papa se insiste sobre todo en la labor evangelizadora de España. No faltarán, por consiguiente, nuevas beatificaciones de españoles en este año que incluye una novedad largo tiempo esperada: los cristeros mexicanos.

Son cinco ceremonias y 173 nuevos beatos. La más multitudinaria es la celebrada en Roma el 17 de mayo de Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Nació en Barbastro, provincia de Huesca, el 9 de enero de 1902 y falleció en Roma el 26 de junio de 1975. Junto a él, Josefina Bakhita, liberta, monja canosiana. Cuando los obispos de Sudán hagan su visita ad limina al Papa el 2 de octubre de este año 1992, ante la guerra civil y la persecución abierta que sufren los católicos por la aplicación de la sharia, les indica que se encomiendan a la beata Bakhita. Y añade: "En defensa de la libertad religiosa habéis señalado, con razón, los peligros que derivan para vuestro país del intento de fundar la unidad nacional en tono a una única religión y a una única cultura. Esta meta, junto con la aplicación de la sharia desde 1983 a quienes no son musulmanes, ha causado la pérdida de muchas libertades civiles. Eso resulta particularmente evidente dondequiera que se dé discriminación en la educación, se persiga a los sacerdotes, religiosos y catequistas, se expulse a los misioneros, se prohiba la expresión legítima de la fe, falte una libertad auténtica de conversión y se considere a los bautizados como "extranjeros" en su tierra natal". Cuando la amenaza comunista comienza a retroceder, cobra auge el fundamentalismo islámico, con su cadena larga de martirios. Y las violencias étnicas.

La ceremonia del 25 de octubre incluye un numeroso grupo de mártires de la cruzada. Son Braulio María Corres Díaz de Cerio, sacerdote; Federico Rubio Alvarez, sacerdote y 79 compañeros de la orden hospitalaria de San Juan de Dios. Entre estos se hallan siete colombianos y el Santo Padre hace una referencia muy precisa a los mismos y al centenario de la evangelización: "Especial mención merecen los siete hermanos hospitalarios de Colombia, por ser los primeros hijos de esa querida nación que llegan al honor de los altares. Ellos se encontraban en España completando su formación religiosa y técnica cuando el Señor los llamó a dar ese testimonio de la fe. Hoy, en coincidencia con el V Centenario de la evangelización de América, reconocemos públicamente su martirio y lo presentamos como una primicia de la Iglesia colombiana".

En ese mismo día se beatifican a Felipe de Jesús Munárriz Azona (1875-1936) y 50 compañeros, religiosos y sacerdotes, Hijos del Corazón Inmaculado de María (+ 1936). De este grupo señala el Papa que "es todo un seminario el que afronta con generosidad y valentía su ofrenda martirial al Señor. La entereza espiritual y moral de esos jóvenes nos ha llegado a través de testigos oculares y también por sus escritos". La sangre de estos mártires de Barbastro no ha sido derramada inútilmente, porque "la palabra de Dios echa siempre nuevas raíces. Sobre estas raíces debemos crecer". Es la ceremonia en que más mártires españoles han sido beatificados.

Este año 1992 asiste el 22 de noviembre a la beatificación de Cristóbal Magallanes y 24 compañeros, mártires en las guerras cristeras. México, una de las naciones donde es más elevado el número de católicos, no reconoce todavía a la Iglesia Católica ni tiene relaciones diplomáticas con el Vaticano, como corresponde a su pasado revolucionario masónico de un lado, y con una fuerte componente marxista de otro. Conviene recordar, por ejemplo, que las condenas de Pío IX al liberalismo en la Quanta cura y en el Syllabus vinieron directamente motivadas por la Constitución mexicana de 1857 y por las Leyes de Reforma de Benito Juárez, de 1859 . O que la Constitución promulgada en 1917 –mantenida sustancialmente en este momento- en su artículo 3º ordenaba la secularización de la enseñanza primaria, pública y privada; el 5º prohibía los votos monásticos y las órdenes religiosas. El 27º indicaba que la Iglesia no tenía derecho a poseer, adquiri o administrar propiedades, y todos los lugares de culto pasaban a manos del Estado... Juan Pablo II, que había viajado en diferentes ocasiones a México ya desde el comienzo de su pontificado y se había visto rodeado del cariño de muchos de los mexicanos, les venía a recordar quiénes eran sus nuevos beatos, aquellos que durante tantos años fueron injuriados y tratados como "bandoleros" por algunos medios de comunicación .

Cristóbal Magallanes Jara, nació en Totaliche, estado de Jalisco (archidiócesis de Guadalajara) el 30 de julio de 1869. Fue párroco, misionero entre los indígenas huicholes. Los perseguidores de la iglesia cerraron el seminario. El 25 de mayo de 1927 fue fusilado en Colotlán, estado de Jalisco (diócesis de Zacatecas). Al morir se dirigió a la tropa: "Yo muero inocente, y pido a Dios que mi sangre sirva para la unión de mis hermanos mexicanos".

En la homilía de su canonización, el 21 de mayo de 2000, dijo el Papa: "Bien podemos aplicar este fragmento de los Hechos de los Apóstoles a la situación que tuvieron que vivir Cristóbal Magallanes y sus 24 compañeros, mártires en el primer tercio del siglo XX. La mayoría pertenecía al clero secular y tres de ellos eran laicos seriamente comprometidos en la ayuda a los sacerdotes. No abandonaron el valiente ejercicio de su ministerio cuando la persecución religiosa arreció en la amada tierra mexicana, desatando su odio a la religión católica. Todos aceptaron libre y serenamente el martirio como testimonio de su fe, perdonando explícitamente a sus perseguidores. Fieles a Dios y a la fe católica tan arraigada en sus comunidades eclesiales a las cuales sirvieron promoviendo también su bienestar material, son hoy ejemplo para toda la Iglesia y para la sociedad mexicana en particular".

Pocas semanas más tarde de la beatificación de los cristeros, la Conferencia Episcopal Mexicana registra ante el gobierno a la Iglesia católica como asociación religiosa, y se procede a un intercambio de embajadores. Todo un acontecimiento después de una trayectoria de más de un siglo de hostilidad gubernamental declarada.

El año 1993 el Papa publica la encíclica Tertio millennio adveniente, en la que hace alusión a dos ideas que parecen complementarias. La primera, el gozo ante tantos frutos de santidad como se han dado generación a generación, que "han sabido acoger sin reservas el don de la Redención". La segunda, la necesidad de pedir perdón por aquellos que "se han alejado del espíritu de Cristo y de su Evangelio, ofreciendo al mundo, en vez del testimonio de una vida inspirada en los valores de la fe, el espectáculo de modos de pensar y actuar que eran verdaderas formas de antitestimonio y de escándalo" . Son dos ideas muy importantes que se irán desarrollando los años previos al gran Jubileo y durante todo el año 2000: santidad personal y perdón por el antitestimonio.

El año 1993 registra igualmente la beatificación de más mártires españoles, en la última de las cinco ceremonias del año, la celebrada el 10 de octubre. Incluye a dos obispos, Diego Ventaja Milán, de Almería (1880-1936) y Manuel Medina Olmos, de Guádix (1869-1936) y siete religiosos F.S.C. (+ 1936). Además se incluye al padre Pedro Poveda, fundador de las Teresianas (1874-1936) y de Victoria Díez y Bustos de Molina (1903-1936). Juan Pablo II comparó a los obispos con el buen Pastor, que da su vida por las ovejas. "Y ellos la dieron, siguiendo el ejemplo de Cristo, perdonando a los propios verdugos. Como relataron testigos presenciales, monseñor Ventaja dijo a los que iban a matarlo: "Que Dios os perdone como yo os perdono de todo corazón, y que ésta sea la última sangre que derraméis"".

La primera ceremonia de 1995 tiene lugar el 17 de enero en Port Moresby (Papua-Nueva Guinea). Se trata de Pedro To Rot, un catequista laico, mártir (1912-1945).

En 1995 se registra una nueva hornada de mártires de la cruzada, en número de 47. Se agrupan en la ceremonia de 1º de octubre, en la que se beatifica al obispo de Teruel Anselmo Polanco O.S.A. (1881-1939) y al sacerdote Felipe Ripoll Morata (1878-1939). A Carlos Eraña Guruceta (1884-1936) y dos compañeros de la Sociedad de María (+ 1936); a Dionisio Pamplona Polo (1868-1936) y doce compañeros de la Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios (+ 1936). También Pedro Ruiz de los Paños y Ángel (1881-1936) y sus ocho compañeros, sacerdotes operarios diocesanos del Sagrado Corazón de Jesús (+ 1936); Ángela de San José (Francisca Lloret Martí) (1875-1936) y 16 compañeras de la Congregación de la Doctrina Cristiana (+ 1936); Vicente Vilar David, laico (1889-1937).

 

"Hermano, siervo de Dios: practica la fe (1 Tm 6,11). Estas palabras del apóstol Pablo tienen su cumplimiento en los nuevos beatos Anselmo Polanco, obispo de Teruel y Felipe Ripoll, su vicario general.

Anselmo Polanco, religioso agustino, eligió como lema episcopal: "Gustosamente me gastaré y desgastaré por vuestras almas" (cf. 2 Cor 12,15). Como un presentimiento decía el día de su entrada en la diócesis: "He venido a dar la vida por mis ovejas". Por eso, junto con Felipe Ripoll, quiso permanecer al lado de su grey en medio de los peligros y sólo por la fuerza fue separado de ella".

"La orden de las Escuelas Pías contempla hoy en la gloria a catorce de sus miembros: el padre Pedro Casani, primer compañero de san José de Calasanz y trece mártires de la persecución religiosa de 1936 en España.

Dionisio Pamplona y sus compañeros mártires no son héroes de una guerra humana, sino educadores de la juventud que, por su condición de religiosos y maestros, afrontaron su trágico destino como auténtico testimonio de fe, dándonos con su martirio la última lección de su vida. ¡Que su ejemplo y su intercesión lleguen a toda la familia calasancia!".

"Enriquece también el martirologio de Valencia, desde su ciudad natal de Manises, el beato Vicente Vilar David, que coronó con el martirio su existencia vivida con una total dedicación a Dios, al prójimo y a la promoción de la justicia en el mundo laboral, de forma especial en la Escuela de cerámica y en el Patronato de acción social".

Impresionante es la enumeración que realiza el Romano Pontífice sobre los mártires españoles. En esta misma ceremonia de 1º de octubre también se beatifican nuevos mártires de la Revolución francesa: Juan Bautista Souzy (1732-1794) y 63 compañeros. A ellos también los recuerda: "Esta mañana, queridos hermanos y hermanas, nuestro pensamiento se dirige a los sesenta y cuatro sacerdotes franceses que murieron, junto con otros centenares, en los "pontons de Rocherfort". Como san Pablo exhortaba a Timoteo, "combatieron el buen combate de la fe" (cf. 1 Tm 6,12). Sufrieron un largo calvario con tal de permanecer fieles a su fe y a la Iglesia. Si murieron, fue por haber afirmado hasta el final su íntima comunión con el Papa Pio VI".

El día 5 de octubre el Papa interviene ante la asamblea general de las Naciones Unidas, en un discurso muy pensado. Destacamos del mismo dos interpretaciones de un pasado muy reciente, como son el desmoronamiento del comunismo en la Europa central y oriental, que muestra la necesidad de la libertad personal; y la desaparición de la libertad de las naciones.

"Las dinámicas morales de la búsqueda universal de la libertad han aparecido claramente en Europa central y oriental con las revoluciones no violentas de 1989. Aquellos históricos acontecimientos acaecidos en tiempos y lugares determinados, han ofrecido, no obstante, una lección que va más allá de los confines de un área geográfica específica. Las revoluciones no violentas de 1989 han demostrado que la búsqueda de la libertad es una exigencia ineludible que brota del reconocimiento de la inestimable dignidad y valor de la persona humana, y acompaña siempre el compromiso en su favor. El totalitarismo moderno ha sido, antes que nada, una agresión que ha llegado incluso a la negación del valor inviolable de su vida".

"Por desgracia, incluso después del final de la segunda guerra mundial, los derechos de las naciones han continuado siendo violados. Por poner sólo unos ejemplos, los Estados Bálticos y amplios territorios de Ucrania y Bielorrusia fueron absorbidos por la Unión Soviética, como había sucedido ya con Armenia, Azerbaiyán y Georgia en el Caúcaso. Simultáneamente, las llamadas "democracias populares" de Europa central y oriental perdieron de hecho su soberanía y se les exigió someterse a la voluntad que dominaba el bloque entero".

Y el peligro del momento presente, el nacionalismo. "En este contexto es necesario aclarar la divergencia esencial entre una forma peligrosa de nacionalismo, que predica el desprecio por las otras naciones o culturas, y el patriotiosmo, que es, en cambio, el justo amor por el propio país de origen".

El año 1996 cuenta con la beatificación de algunos mártires. El 23 de junio se desarrolla la ceremonia en Berlín (Alemania), que el Papa visita por primera vez después de la reunificación de 1990. Beatifica a Bernardo Lichtenberg, sacerdote diocesano (1875-1943) y Carlos Leisner, también sacerdote diocesano (1915-1945). En la de 24 de noviembre, se beatifica al padre Santiago Gapp, de la Sociedad de María (1897-1943) y a Otto Neurer, sacerdote diocesano (1882-1940).

El 4 de mayo de 1997 tiene lugar la beatificación de dos nuevos mártires. Uno es el obispo de Barbastro, Florentino Asensio Barroso (1879-1936); el otro Ceferino Giménez Malla, laico (1861-1936). Ceferino, más conocido como "el Pelé", es el primer gitano que ha subido a los altares. Terciario franciscano, feligrés de la parroquia de San Francisco de Barbastro, fue asesinado por defender a un sacerdote y negarse a dejar de rezar el rosario.

Otros dos mártires se incluyen en este año. El primero, el 12 de octubre es Elías de Socorro Nieves, sacerdote agustino (1882-1928). El segundo, el 9 de noviembre, es el húngaro Vilmos Apor, obispo de Iaurinen (1892-1945).

A finales de este año 1997 se llega a un acuerdo entre la Santa Sede e Israel, por el cual se da un reconocimiento jurídico a los entes religiosos. No se establecen las relaciones diplomáticas normales por divergencias profundas, como la del estatuto de la ciudad de Jerusalén, o el apoyo al pueblo palestino.

El 15 de marzo de 1998 se beatifica al primer mártir de la Europa del este que estuvo bajo el comunismo. Es el obispo búlgaro Eugenio Bossilkov, religioso pasionista, fusilado por el gobierno comunista de su país en 1952 por oponerse a las leyes antirreligiosas de 1947. Nacido en Belene en 1900 y ordenado sacerdote en 1926, fue consagrado obispo en 1947, y durante cinco años mantuvo un auténtico pulso con las autoridades, por oponerse a las leyes antirreligiosas dictadas por Stalin. En 1952 fue arrestado junto con otros 40 católicos, con la acusación de espionaje y subversión. Fue sometido a torturas y, tras un proceso de sólo cuatro días, lo condenaron a muerte .

El 10 de mayo de 1998 se beatifican nuevos mártires españoles. En esta ocasión les toca el turno a María Gabriela (María de Refugio Hinojosa y Naveros) (+ 1936) y seis compañeras, monjas de la Orden de la Visitación de santa María: María Gabriela, Teresa María, Josefa María, María Inés, María Cecilia, María Ángela y María Engracia (+ 1936). También lo fue María del Sagrario de san Aloisio Gonzaga (Elvira Moragas Cantarero), carmelita descalza (1881-1936); Rita de la Virgen Dolorosa (Rita Josefa Pujalte Sánchez) (1853-1936) y Francisca del Corazón de Jesús (1881-1936) de la congregación de hermanas de la Caridad del Corazón de Jesús.

Otros tres mártires suben a los altares este año. El 24 de mayo, en Turín (Italia) Teresa Bracco, laica (1924-1944). El 21 de junio, en Viena (Austria), el Papa beatifica a los tres primeros vieneses, entre los que consta la mártir María Restituta (Helena Kafka), de la congregación de Hermanas de la Orden tercera de san francisco de la Caridad Cristiana (1894-1943). Nació en Brno (Chequia) el 1 de mayo de 1894 y fue bautizada con el nombre de Helena. Al poco tiempo de nacer, la familia se trasladó a Viena. En 1942, los nazis inauguraron un nuevo sector del hospital. Al abrirlo, vieron que en todas las habitaciones había un crucifijo, que la hermana había colgado a escondidas. A la larga, este episodio le costaría la cárcel y la condena a muerte. Fue ejecutada en 1943.

El tercero, que no consta oficialmente como mártir, es el cardenal Stepinac, arzobispo de Zagreb, beatificado en Zagreb (Croacia). El cardenal Aloisio Stepinac (1898-1960) ha sido uno de los grandes prelados de la Iglesia en los países excomunistas, como el cardenal Wyszynski en Polonia, o Mindszenty en Hungría. En 1937, fue nombrado arzobispo de Zagreb, cargo que mantuvo durante los años que pasó en la cárcel. Durante la II Guerra Mundial sostuvo un enérgico antagonismo con el fascismo y el comunismo, a la vez que defendía a las minorías más perseguidas, como los judíos y los gitanos.

El cardenal Stepinac fue beatificado en el santuario de María Bistrica el 3 de octubre, en el curso de la segunda visita que hizo Juan Pablo II a Croacia. El Papa calificó a Stepinac, que sufrió prisión desde 1946 a 1961 de "bastión del catolicismo croata". También se ha confirmado lo que se averiguó al examinar los restos mortales del cardenal los días 22 y 23 de junio de 1993, en que se encontraron restos de arsénico en sus huesos. Las autoridades comunistas de entonces, temerosas de que después de la muerte del cardenal pudieran encontrarse en sus restos evidencias del envenenamiento, extirparon y quemaron sus órganos vitales . Un periodista norteamericano le entrevistó en Krasic, después de su elevación al cardenalato en 1952 –y de que Tito, el dirigente comunista yugoslavo rompiera relaciones diplomáticas con el Vaticano-: "Diga a todos que en esta lucha el espíritu vencerá. Nunca en la historia de la humanidad, el materialismo ha podido mantenerse definitivamente. Un Estado basado exclusivamente en principios materiales no puede durar".

Ocho días más tarde, el 11 de octubre de 1998, el Papa canonizó a Edith Stein. En la homilía pidió que su testimonio sirviera para "hacer cada vez más sólido el puente entre judíos y cristianos", y pidió que no se repitieran atrocidades como el holocausto. "Por amor de Dios y del hombre –exclamó Juan Pablo II-, elevo una vez más un grito afligido: ¡Que nunca más se repita una iniciativa criminal semejante para ningún grupo étnico, ningún pueblo, ninguna raza, en ningún lugar de la tierra!" .

En vísperas del gran jubileo, un número crecido de mártires sube a los altares. En la primera de las seis ceremonias, el 7 de marzo de 1999, el Papa beatifica a Vicente Soler, sacerdote O.A.R. (1864-1936); a Manuel Martín Sierra, sacerdote diocesano (1892-1936) y a siete compañeros O.A.R., todos ellos mártires de la cruzada.

El 7 de junio de 1999, en Torun (Polonia), Juan Pablo II beatifica al sacerdote diocesano Stephanus Frelichowski, mártir (1913-1945). Unos días más tarde, en Varsovia (Polonia), a María Ana Biernacka, laica, y 104 compañeros (+ 1939-1941). Es la mayor ceremonia de beatificación de polacos en su ya largo pontificado. Hay una variedad muy grande de mártires en los últimos años, aunque poco a poco se van destacando dos grupos principales, por su cantidad: españoles y polacos.

Por fín, el 21 de noviembre de 1999, el Papa canoniza a Cirilo Bertrán y sus ocho compañeros, siete Hermanos de las Escuelas Cristianas (+ 1934) y al sacerdote pasionista Inocencio de la Inmaculada. Son los primeros mártires españoles del siglo XX canonizados. Ha habido el milagro precisado y la Sagrada Congregación para los Santos y el Papa han estado de acuerdo en fijar una fecha antes de que finalice este siglo y milenio. Juan Pablo II, que lleva muchos años escribiendo y predicando sobre el año jubilar y el tercer milenio, ha querido cerrar el siglo con una presencia muy significativa de nuevos beatos y santos. También de los mártires españoles bajo la segunda república, verdaderos testigos de Cristo.

El año jubilar cuenta con la canonización de Cristóbal Magallanes y sus 24 compañeros el día 21 de mayo. En su homilía, el Papa dijo entre otras cosas lo siguiente:

"Estamos viviendo el Gran Jubileo del año 2000. Entre sus objetivos está el de "suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad" (Tertio millennio adveniente, 42). Que el ejemplo de estos nuevos Santos, don de la Iglesia en México a la Iglesia universal, mueva a todos los fieles, con todos los medios a su alcance y sobre todo con la ayuda de la gracia de Dios, a buscar con valentía y decisión la santidad.

Que la Virgen de Guadalupe, invocada por los mártires en el momento supremo de su entrega, y a la que san José María de Yermo y santa María Jesús Sacramentado Venegas profesaron tan tierna devoción, acompañe con su materna protección los buenos propósitos de quienes honran hoy a los nuevos santos y ayude a los que siguen sus ejemplos, guíe y proteja también a la Iglesia para que, con su acción evangelizadora y el testimonio cristiano de todos sus hijos, ilumine el camino de la humanidad en el tercer milenio".

El 1º de octubre de 2000, son canonizados el sacerdote Agustín Zhao Rong (+ 1815) y 119 compañeros, mártires en China (1648-1930). Con numerosas persecuciones, que buscan la apostasía de manera clara durante el siglo XIX, contamos en este grupo con cinco frailes Menores Franciscanos, mártires de Shanxi, muertos el 9 de julio de 1900; los mártires del Hunan meridional, muertos el 7 de julio de 1900, tres frailes Menores Franciscanos y siete Franciscanas Misioneras de María, once franciscanos chinos y tres laicos chinos. Con la rebelión de los "Boxers", los mártires cristianos se contaron a millares . De éstos se han canonizado a cuatro misioneros jesuitas franceses y a 52 cristianos laicos chinos, que sufrieron martirio en julio de 1909, la mayoría en la iglesia del pueblo de Tchou-Kia-ho. A estos se añadirán el obispo Luis Versiglia y el sacerdote Calixto Caravario, ambos de la sociedad Salesiana de San Juan Bosco, asesinados el 25 de febrero de 1930 en Li-Thau-Tseul.

El año 2001 cuenta con la beatificación más numerosa del pontificado de Juan Pablo II, el día 11 de marzo. Son en su mayoría personas de la archidiócesis de Valencia, de los que suben a los altares una representación de 233. Encabeza la relación José Aparicio Sanz, arcipreste de Enguera y 36 sacerdotes diocesanos más de la diócesis de Valencia y tres de la de Zaragoza; 22 mujeres y 20 hombres de la Acción Católica. A estos se añaden 18 frailes dominicos, 4 frailes de la orden franciscana de los Frailes Menores, 6 frailes de la orden franciscana de los Frailes Menores Conventuales, 12 religiosos de la orden franciscana de Frailes Menores Capuchinos y 5 monjas Clarisas Capuchinas, 7 padres jesuitas y 4 religiosos jesuitas, 88 salesianos, dos salesianas y cinco seglares cooperadores de los salesianos, una religiosa servita, 6 religiosas escolapias, una misionera claretiana, dos hermanitas de los Ancianos Desamparados, tres terciarias capuchinas de la Sagrada Familia...

Del 23 al 27 de junio de 2001, el Papa realiza una visita pastoral a Ucrania. La había retrasado en primer lugar por la situación en la antigua Unión Soviética, de nuevo Rusia. En segundo lugar, por la decidida oposición de los ortodoxos rusos. El 26 de junio beatificó a José Bilczewski (1860-1923) y Segismundo Gorazdowski (1845-1920). José Bilczewski nació el 26 de abril de 1860 en Wilamowice, en una familia de campesinos. El 18 de diciembre de 1900 fue nombrado arzobispo de Lvov. Vivió los momentos difíciles de la primera guerra mundial. Intervino ante las autoridades civiles a favor de polacos, ucranianos y judíos. La guerra polaco-ucraniana (1918-1919) produjo una grave situación, con el consiguiente asesinato de múltiples sacerdotes. La invasión bolchevique (1919-1920) desplegó una gran crueldad contra la Iglesia católica, que se erigió en defensora de todos. En los años 1918-1921, su archidiócesis perdió cerca de 120 sacerdotes. Falleció el 20 de marzo de 1923 en Lvov.

El 27 de junio de 2001, fueron beatificados Mycola Carneckj, obispo, exarca apostólico de los ucranios de Volyn’ y Pidjasja y 24 compañeros. Entre estos se cuentan siete obispos, algunos de la Iglesia greco-católica ucraniana "clandestina", como Simeón Lukac (1893-1964), Basilio Velyckovskyj (1903-1973) e Iván Slezyuk (1896-1973).

La llegada del comunismo, fruto de la anexión de Ucrania por la Unión Soviética, supuso el inicio de una época de catacumbas. El 8 de marzo de 1946, las cuatro diócesis de Ucrania oriental y la Nunciatura fueron suprimidas, lo mismo que 2772 parroquias, 4119 iglesias o capillas. Los 142 monasterios o conventos, quedaron confiscados, cerrados o entregados a la Iglesia ortodoxa rusa. En 1950, había ocho obispos en la cárcel, huidos o asesinados. Los más de mil sacerdotes diocesanos que permanecieron fieles fueron asesinados o vivían en la clandestinidad, lo mismo que los sacerdotes de órdenes religiosas, los seminaristas y las 580 religiosas. El desamparo de los más de cuatro millones de católicos de entonces era evidente. La situación ha durado unos cincuenta años.

También el año 2001, se beatifica a dos eslovacos: al obispo Pavol Peter Gojdic (1888-1960), que sufrió durísima prisión bajo el régimen comunista y murió en la cárcel y a Metodio Domenico Trcka (1886-1959), redentorista, igualmente encarcelado y muerto en prisión. En la visita que Juan Pablo II realiza a Eslovaquia, al visitar la ciudad de Presov, rezó ante la tumba del obispo mártir en la capilla de la catedral, donde ahora reposa.

En mayo de 2002, el Papa realizó su tan ansiado viaje a Bugaria –y Azerbayán-. El día 26, en una ceremonia celebrada en Plovdiv, Juan Pablo II beatificó a tres sacerdotes búlgaros, religiosos agustinos de la Asunción, mártires del comunismo en 1952 por su fidelidad a la Iglesia.

En la homilía, el Santo Padre remarcó un aspecto muy interesante, teniendo en cuenta el lugar donde se halla, de mayoría ortodoxa: el ecumenismo de los mártires.

Tenían muy presente esta verdad los tres sacerdotes asuncionistas, que hoy he tenido la alegría de inscribir en el catálogo de los beatos: la causa por la que los padres Pedro Vitchev, Pablo Djidjov y Josafat Chichkov no dudaron en dar su vida fue la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, fue su amor a Cristo, Hijo de Dios encarnado, al que se entregaron sin reservas sirviendo a su Iglesia.

El padre Josafat Chichkov afirmaba: "Tratemos de hacer del mejor modo posible todo cuanto esperan de nosotros para poder santificarnos", y añadía: "Lo principal es llegar a Dios viviendo para Él, todo lo demás es accesorio". Algunos meses antes del infame proceso que los condenó a muerte juntamente con el obispo Bossilkov, previendo lo que le esperaba, el padre Pedro Vitchev escribió a su superior provincial: "Obténganos con la oración la gracia de ser fieles a Cristo y a la Iglesia en nuestra vida diaria, para ser dignos de testimoniarla cuando llegue el momento". Y el padre Pablo Djidjov decía: "Esperamos nuestro turno: que se haga la voluntad de Dios".

Pensando en los tres nuevos beatos, siento el deber de rendir homenaje a la memoria de los demás confesores de la fe, hijos de la Iglesia ortodoxa que, bajo el mismo régimen comunista, sufrieron el martirio. Este tributo de fidelidad a Cristo unió a las dos comunidades eclesiales en Bulgaria hasta el testimonio supremo. "Esto ha de tener un sentido y una elocuencia ecuménicos. El ecumenismo de los santos, de los mártires, es tal vez el más convincente. La communio sanctorum habla con una voz más fuerte que los elementos de división" (tertio millennio adveniente, 37)".

El martirio de estos tres sacerdotes se descubrió, como tantos otros, después de la caída del muro de Berlín y la apertura de los archivos de los regímenes comunistas.

4. Los procesos de los mártires españoles en su contexto.

En el epígrafe anterior hemos dado un repaso de los procesos de beatificación y canonización de los mártires bajo el pontificado de Juan Pablo II, hasta el año 2002. Eso nos ha permitido ver el contexto preciso en el que tiene lugar la culminación de los procesos de beatificación y canonización de los mártires españoles de la guerra civil –cruzada de liberación- de 1936-1939. Esta visión de conjunto sirve para enfocar mejor algo que, de lo contrario, puede ser visto de una manera tan apasionada como injusta, o en una perspectiva que no es la que la Iglesia posee.

Esto no significa que no haya otras perspectivas y opiniones sobre este particular. Pero las trataremos en otro momento.

Sí deseamos en este epígrafe llamar la atención sobre cifras y porcentajes, ya que el estudio de los mismos nos deparará una mejor comprensión de todo lo expuesto con anterioridad.

Lo primero que hemos comprobado es el número elevado de beatificaciones y canonizaciones que se ha producido durante el pontificado –hasta 31 de diciembre de 2002- de Juan Pablo II.

En estos años, el romano pontífice ha celebrado 48 ceremonias de canonización, de las que 35 han sido en el Vaticano y 13 en otros lugares, con un total de 464 canonizaciones. De éstos, son santos contemporáneos 298 mártires. Sólo se ha canonizado mártires de la guerra civil de 1936-1939 en una ocasión, el año 1999, en número de nueve. Comparados con los 101 coreanos, 17 filipinos, 117 vietnamitas, 25 mexicanos o 120 chinos, se trata de una cifra modesta. Modesta pero significativa. Al lado de personalidades tan relevantes como san Maximiliano María Kolbe o Edith Stein, los mártires españoles son el grupo más numeroso de europeos del siglo XX canonizados.

Las ceremonias de beatificación han sido más numerosas. Desde el inicio de su pontificado hasta 31 de diciembre de 1999, Juan Pablo II celebró 68 ceremonias en Roma y 50 fuera.

El número de ceremonias en que se beatifican a mártires contemporáneos es muy numeroso. Hasta 31 de diciembre de 1999, 36. De estas, solo en ocho ocasiones se beatifica a españoles mártires del siglo XX. Y la primera vez que esto sucede es en 1987, cuando ya se han celebrado cuatro ceremonias de mártires contemporáneos. Además, las beatificaciones parecen tener una cadencia: 1987, 1989, 1990, 1992, 1993, 1995, 1997, 1998, 1999, 2001. Aunque no tienen lugar todos los años, debido también a su acumulación, es evidente que se trata de uno de los martirologios más numerosos de todo el siglo XX. Por otra parte, resulta patente que la reapertura de los procesos que se llevó a cabo por parte de Juan Pablo II al comienzo de su pontificado, hace que estos se vayan estudiando y cerrando progresivamente. Los concluidos son, de momento, una muestra amplia y variada, pero solo una muestra. Esperamos, a la vista de los procesos comenzados, una auténtica eclosión de beatificaciones en las próximas décadas.

En segundo lugar, conviene observar con atención la selección realizada. Si aparecen numerosas órdenes religiosas representadas, también lo hacen los sacerdotes y seminaristas, aunque no de todas las diócesis. Sólo se ha procedido a beatificar a un grupo relativamente abultado de mártires de la archidiócesis de Valencia y de la diócesis de Barbastro. Esta última, en proporción a los habitantes, es la que más sufrió de toda España.

Dentro de esta selección de martirios, nos llama la atención el número de los obispos que ya han sido beatificados, cuatro, lo cual se comprende bien si tenemos presente que ahora la iniciativa de los procesos reside en el obispo diocesano. En 1993 se elevó a los altares a Diego Ventaja, obispo de Almería y a Manuel Medina, obispo de Guádix. En 1995 a Anselmo Polanco, obispo de Teruel. En 1997, a Florentino Asensio, obispo de Barbastro.

En tercer lugar, hay que señalar un dato muy interesante, y es el carácter de persecución religiosa que tuvo la segunda república española, que comenzó con las quema de iglesias y conventos en mayo de 1931, y dio los primeros mártires en la revolución de octubre de 1934. Son los revolucionarios marxistas –socialistas y comunistas- los que persiguen a los sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos –además de quemar toda suerte de edificios eclesiásticos-. Quedó muy claro cuáles eran sus intenciones en caso de llegar al poder por la vía revolucionaria. Durante la guerra civil los anarquistas se sumaron a este odio hacia la Iglesia católica y sus miembros más destacados. Estos mártires de la revolución marxista de 1934, beatificados en abril de 1990, han sido canonizados en noviembre de 1999. Son los únicos españoles martirizados durante el siglo XX que han sido canonizados, lo que prueba la existencia de un milagro debido a su intercesión.

En cuarto lugar, podemos analizar los lugares donde han tenido lugar las diferentes ceremonias de beatificación y canonización. Podemos comprobar que el Papa Juan Pablo II no ha dudado en viajar a naciones donde era muy peligroso realizar una ceremonia de este tipo, algo que muchos en su día desaconsejaron. Así en Polonia. El transcurso de los años, sin embargo, ha demostrado que los nuevos santos han sido la mejor siembra. Y que esas ceremonias de beatificación o canonización han removido a muchas personas. Pero también se han celebrado otras ceremonias en naciones que podemos calificar como tierra de misión. En el caso de los mártires españoles, tan numerosos, comprobamos que ninguna ceremonia ha tenido lugar en nuestra patria, España. Hemos mencionado someramente la frialdad y desprecio con que el gobierno del P.S.O.E. acogió la primera beatificación de los mártires españoles, lo que no cambió con el paso de los años. Con la subida al poder del Partido Popular en 1996 tampoco se ha dado este caso.

Respecto de las cifras de mártires beatificados durante el pontificado de Juan Pablo II, ocupan el primer lugar los españoles, con un total hasta 2002 de 467; a continuación vienen los franceses bajo la revolución francesa, 183; después los polacos, 111; los cristeros mexicanos, 25 y los ucranianos, otros 25. Si nos ceñimos estrictamente al siglo XX, tenemos a los 467 españoles a los que siguen los 111 polacos. Es inútil llamar la atención de lo abultado de la cifra de los mártires españoles sobre el resto. Ellos solos superan al resto de mártires beatificados en este periodo.

5. Una nueva evangelización.

Es vivo el deseo del Papa de reevangelizar Europa. La Europa del oeste, pero también la central y la oriental. En el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa, 11 de octubre de 1985, dijo: "Para esta misión sublime de hacer florecer una edad nueva de evangelización en Europa, se requieren hoy evangelizadores particularmente preparados. Se necesitan heraldos del Evangelio expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del hombre de hoy, participen de sus gozos y esperanzas, angustias y tristezas y al mismo tiempo sean contemplativos enamorados de Dios. Para esto se necesitan nuevos santos. Debemos suplicar al Señor que aumente el espíritu de santidad de la Iglesia y nos mande nuevos santos para evangelizar el mundo de hoy".

Los mártires son un ejemplo eficaz para todos nosotros. Y en este siglo XX la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser "Iglesia de mártires". El Papa había recomendado en su encíclica Tertio millennio adveniente que las Iglesias locales hicieran todo lo posible "por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martitio, recogiendo para ello la documentación necesaria". Además, reconoce que en estos años se han multiplicado las canonizaciones y beatificaciones. "Ellas manifiestan la vitalidad de las Iglesias locales, mucho más numerosas hoy que en los primeros siglos y en el primer milenio. El mayor homenaje que todas las Iglesias tributarán a Cristo en el umbral del tercer milenio, será la demostración de la omnipotente presencia del Redentor mediante frutos de fe, esperanza y caridad en hombres y mujeres de tantas lenguas y razas, que han seguido a Cristo en las distintas formas de la vocación cristiana" .

De alguna manera los mártires colaboran activamente en esta nueva evangelización. Incluso son uno de los agentes. En efecto, no puede por menos de ser ya perfecta la comunión que se realiza "en los que todos consideramos el vértice de la vida de gracia, la martyría hasta la muerte" (Ut unum sint, 84). Esta es "la comunión más auténtica que existe con Cristo, que derrama su sangre y, en este sacrificio, acerca a quienes un tiempo estaban alejados (cf. Ef 2,13)" .

Frente a los que han pretendido descristianizar a Polonia dirá el Papa en junio de 1999, con palabras de Piotr Skarga: "Esta vieja encina ha crecido así y no la ha abatido ningún viento porque su raíz es Cristo". "Es imposible entender sin Cristo a esta nación, con un pasado tan espléndido y al mismo tiempo tan terriblemente difícil". Y en ese mismo viaje a su tierra natal, en Varsovia, añade: "No es posible entender sin Cristo la historia de la nación polaca... Si rehusamos esta clave para la comprensión de nuestra nación, nos exponemos a un equívoco sustancial: no nos comprenderemos entonces a nosotros mismos".

No cuesta mucho cambiar Polonia por España y Varsovia por Madrid. Muchos han sido los que han perseguido a la Iglesia en este siglo XX. "Los santos de nuestro siglo han sido en gran parte mártires. Los regímenes totalitarios, que han dominado en Europa en la mitad del siglo XX, han contribuido a incrementar su número". "Se ha tratado de verdaderos mártires. Baste recordar las figuras del padre Maximiliano Kolbe y de Edith Stein y, aún antes, aquéllas de los mártires de la guerra civil en España" . Todos estos mártires están "en la base de un mundo nuevo, de la nueva Europa y de la nueva civilización" . Muchas ideologías que parecían inamovibles, se han ido derrumbando. Caen los sistemas paganos o paganizantes que han abominado de Dios y de su Iglesia –masónicos, marxistas, nacionalsocialista-.

En muchos lugares del mundo siguen muriendo mártires multitud de católicos. Su número es elevado, aunque no lo registren los medios de comunicación. Sin embargo, en el mundo "civilizado", es más frecuente que la persecución abierta haya cedido en beneficio de la apostasía inducida. Es lo que está sucediendo en las últimas décadas en nuestra patria, España.

En la audiencia general de 13 de agosto de 1986 dijo el Papa explicando el Padrenuestro: "no nos dejes caer en la tentación, líbranos del Mal, del Maligno. Haz, oh Señor, que no cedamos ante la infidelidad a la cual nos seduce aquel que ha sido infiel desde el comienzo".

En el libro Cruzando el umbral de la esperanza, comentando la caída del comunismo, abstrae para ver cuáles son las raíces de tanto mal y su responsabilidad. "El responsable es el hombre; son los hombres, las ideologías, los sstemas filosóficos. Diría que el responsable es la lucha contra Dios, la sistemática eliminación de cuanto hay de cristiano; una lucha que en gran medida domina desde hace tres siglos el pensamiento y la vida de Occidente. El colectivismo marxista no es más que una "versión empeorada" de este programa. Se puede decir que hoy semejante programa se está manifestando en toda su peligrosidad y, al mismo tiempo, con toda su debilidad" .

Y continúa su exposición afirmando que Dios es fiel a su Alianza, una Alianza que selló con la humanidad en Jesucristo. Y hace dos preguntas que resultan sumamente interesantes y que servirán para poner punto final a esta reflexión: "¿Cederá el hombre al amor de Dios, reconocerá su trágico error? ¿Cederá el príncipe de las tinieblas, que es "padre de la mentira" (Juan 8,44), que continuamente acusa a los hijos de los hombres como en otro tiempo acusó a Job? (cfr. Job 1,9 y ss.)" . En el fondo, aparece el demonio como el causante de los males, inductor de la descristianización que se observa desde hace varios siglos en Europa. De ahí esa furia anticristiana de algunos sistemas filosóficos y políticos –liberalismo político, socialismo, comunismo, anarquismo, fascismo, nacionalsocialismo...-, común a paganos y herejes -también del fundamentalismo islámico que no deja de ser una secta...-, y la cantidad de mártires que han producido.

Ya lo había indicado san Ireneo de Lyon: "Porque éste es el blanco del que envidia nuestra vida: hacer a los hombres incrédulos de su salvación y blasfemos contra Dios, su creador" .

Los mártires escogieron bien.

Sus verdugos y los que censuran a los mártires, han escogido al Maligno, que no es más que un perdedor envidioso.

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Martín Ibarra Benlloch

Notas

1) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2473.
2) Aparece un estracto en Palabra, 188 (IV-1981) p. 35. El artículo completo en Palabra, 195 (XI-1981).
3) Palabra, 159 (XI-1978) pp. 480-481.
4) Juan Pablo II, Viaje apostólico a extremo oriente, Bac popular, Madrid 1981.
5) Palabra, 201 (V-1982) p. 220.
6) El Alcázar, 18-X-1983.
7) Las primeras en ser beatificadas, en 1906, fueron las 16 carmelitas de Compiègne. En 1920, lo son 14 religiosas de Valenciennes. En 1925, 32 religiosas de Bollène. En 1926, 191 mártires ejecutados en el convento del Carmelo el 2 de septiembre de 1792, y Noël Pinot, sacerdote angevino. En 1934, Pierre-René Rogué. Finalmente, en 1955, los 19 mártires de Laval. Un estudio excelente sobre este asunto es el de Jean de Viguerie, Cristianismo y revolución. Cinco lecciones de historia de la Revolución Francesa, edic. Rialp, Madrid 1991 (traducción del original christianism et révolution. Cinq Leçons d'histoire de la Révolution Française, Nouvelles Editions Latines, París 1986).
8) Cfr. Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, edit. Plaza y Janés, Barcelona 1994, pp. 68-69: "Estamos en los tiempos en que en Francia el protagonista es el iluminismo, una doctrina con la que se lleva a cabo la definitiva afirmación del puro racionalismo. La Revolución francesa, durante el Terror, derribó los altares dedicados a Cristo, derribó los crucifijos de los caminos, y en su lugar introdujo el culto a la diosa Razón, sobre cuya base fueron proclamadas la libertad, la igualdad y la fraternidad. De este modo, el patrimonio espiritual, y en concreto el moral, del cristianismo fue arrancado de su fundamento evangélico, al que es necesario devolverlo para que reencuentre su plena vitalidad".
9) Jean Dumont, "Genocidio de los católicos en su historia", Verbo, I-II-1987, p. 79.
10) Palabra, 262 (V-1987) p. 38.
11) Cfr. Palabra, 241-212 (VIII-IX-1985) p. 9.
12) Palabra, 262 (V-1987) p. 12. En la página web del Vaticano, sección de la Oficina de las celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice, en la entrada "Capilla papal presididda por el Santo Padre Juan Pablo II para la beatificación de los siervos de Dios José Aparicio Sanz presbítero y 232 compañeros presbíteros, religiosos y religiosas y laicos mártires", se cita la siguiente bibliografía: "Sobre esta persecución son esenciales la obra de Antonio MONTERO MORENO, Historia de la persecución religiosa en España. 1936-1939 (Madrid, BAC, 1960, reimpresa en 1999) y los libros de Vicente CÁRCEL ORTÍ, La persecución religiosa en España durante la Segunda República (1931-1939) (Madrid, Rialp, 1990), Mártires españoles del siglo XX (Madrid, BAC, 1995), Buio sull'altare. La persecuzione religiosa spagnola, 1931-1939 (Roma, Città Nuova, 1999), La gran persecución. España 1931-1939 (Barcelona, Planeta, 2000), Mártires del siglo XX. Cien preguntas y respuestas (Valencia, Edicep, 2001) y Persecuciones religiosas y mártires del siglo XX (Madrid, Palabra, 2001). Sobre los de Valencia cf. V. CÁRCEL ORTÍ y R. FITA REVERT, Mártires valencianos del siglo XX (Valencia, Edicep, 1998)".
13) A.A.S. 81 (1989) 121-131. Cfr. F. Piélagos, Vida y testimonio. Homenaje a los 26 mártires Pasionistas de Daimiel (1936) en su beatificación por Juan Pablo II el 1 de octubre de 1989, Zaragoza, PP. Pasionistas, 1989.
14) Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, n. 27.
15) Aunque discrepamos de algunos enfoques, resulta esclarecedor el libro de Pío Moa, Los orígenes de la guerra civil española, Ediciones Encuentro, Madrid 1999. Después de leerlo, caen por los suelos los eslóganes socialistas de estos años y sus protestas de partido pacífico y pacifista.
16) Cfr. G. Redondo, Historia de la Iglesia en España 1931-1939. Tomo I. La segunda república (1931-1936), edic. Rialp, Madrid 1993, p. 113.
17) En 1935 comenzó la segunda guerra cristera, con un final igualmente lamentable. Dolido con los comentarios de prensa aparecidos, Eugenio Vegas Latapié escribía en el prólogo a una novela: "¡Qué nos importa que un poder tiránico sojuzgue a un pueblo, persiga y asesine a sus sacerdotes, destruya los templos, deshaga hogares y prepare conscientemente la sistemática corrupción de la infancia y de la juventud! ¡Qué nos importa que, cuando nuestros hermanos los católicos mexicanos, en cumplimiento de sagradas obligaciones, se vieron forzados a lanzarse al campo para defender virilmente la fe de sus hijos y los derechos imprescriptibles de la Religión y de la Patria, carecieran de armas, de dinero e incluso de apoyo moral! El mundo católico contempla insensible el martirio de un pueblo creyente, y desde las columnas de sus rotativos, servido por el sectarismo de las agencias yanquis, califica de "bandidos" y "criminales" a los héroes de la epopeya que con su sangre generosa están escribiendo en estos momentos los católicos mexicanos", Eugenio Vegas Latapié, Escritos políticos, Madrid 1940, p. 217.
18) Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, nn. 32, 33.
19) Cfr. Palabra, 402 (III-1998) p. 23.
20) Cfr. Palabra, 410 (X-1998) p. 6 ss.
21) Palabra, 411 (XI-1998) p. 22.
22) El 21 de septiembre de 1898 se da un golpe de Estado en China, promovido por diversas sociedades secretas. La más importante es la del "Puño por la justicia y la unión", que fue llamada Bóxer. "Su programa de acción estaba constituido por el fanatismo religioso orientado contra el cristianismo y el ataque tumultuoso a las máquinas", en J. Paredes (coor.), Historia universal Contemporánea. I. De las Revoluciones liberales a la Primera Guerra Mundial, ed. Ariel, Barcelona 2002 (2ª reimpr.), p. 398.
23) Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, n. 37.
24) Juan Pablo II, Ut unum sint, n. 84. Juan Pablo II, homilía en la beatificación de tres sacerdotes agustinos de la Asunción, en Plovdiv (Bulgaria), el 26 de mayo de 2002.
25) Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, p. 179.
26) Ibid., p. 180.
27) Ibid., p. 141.
28) Ibid., p. 144.
29) Ireneo de Lyon, adu. Haer. IV,praef.3.